Viajar al viejo mundo siempre nos da la esperanza y nostalgia de ver civilizaciones que nos llevan años de historia y evolución. Pensamos que todo es perfecto, que todo funciona, o que por lo menos funciona mejor.

Pero, saben una cosa, no es del todo así.

Hay un tema que me ha hecho un ruido enorme al tiempo que paseo y camino por las calles de París. La ciudad más bella del mundo se esfuma. El humo del cigarro ha secuestrado su belleza.

De un país de menos de 70 millones de habitantes, 14 millones fuman. El cigarro es parte de la cultura francesa, casi con la misma intensidad que la Torre Eiffel y el Louvre lo son.

El tema del cigarro es un problema de la administración pública, que por más impuestos que suben y encarecen el producto, los franceses no lo dejan de consumir.

Al tema del cigarro se le suma otro problema: la basura que generan las colillas. A pesar de que en todos los cafés e incluso en los basureros públicos hay ceniceros, existe una costumbre arraigada de tirar las colillas de cigarro al suelo.

Quizá algunos aún piensan que estas colillas son biodegradables. Pero más de 4 mil millones 300 colillas son tiradas a las calles del mundo cada año. Tardarán más de 12 años en poderse degradar y sus compuestos químicos contaminarán las aguas que estén a su paso. Las colillas se han convertido en un peligro para el medio ambiente.

Claro que este problema no es solo de Francia. La mayoría de las metrópolis del mundo lo tienen. Solo algunas muy organizadas como Tokio mantiene en orden estricto el consumo de cigarrillos en la vía pública, y por su puesto es difícil ver colillas tiradas en las calles.

Desde el 2008, los franceses comenzaron la lucha contra el cigarro. Siete años después la batalla parece perdida. Amenazaron que a partir del 2013 multarían con 35 euros a quien arrojase una colilla a la calle. Los corredores cuentan otra historia. 

En México nos preguntamos qué tan correctas son las leyes contra el cigarro en áreas cerradas y ahora también en terrazas. El humo de cigarro es una afrenta directa y una falta de respeto para quien no fuma, además afecta directamente la salud de quien lo fuma y también de quien, involuntariamente, inhala el humo.

Son los pequeños actos, esos que parecen que no tienen importancia, los que van construyendo mejores sociedades. La lucha puede ganarse si hay una voluntad individual que se traduzca en una conciencia colectiva.