Religión, del latín religare, es el conjunto de creencias provenientes de las experiencias religiosas dictadas por una cultura y que relacionan al hombre con su origen, su existencia y su función dentro de una cosmovisión.

Una necesidad que ha acompañado a la humanidad desde sus primeros días de existencia y que nos es imposible desligarnos de ella.

¿Por qué tantas religiones? Es como el idioma. La religión tiene que brotar de la entrañas de la cultura. Por lo que tantas culturas hay, religiones o filosofías se gestan.

Todo esto viene al caso, porque en pleno siglo XXI es la lucha de la religiones por anteponerse unas a otras, las que tienen al mundo en jaque.

Los actos fundamentalistas de los yihadistas y de Estado Islámico han puesto sobre la pared a los propios musulmanes, y países desarrollados como Alemania temen que la islamofobia repercuta hasta en la vida democrática que han alcanzado.

Merkel a encabezado la lucha a favor de los musulmanes, pero una encuesta revela que mas del 50 por ciento de los alemanes no están a favor de esto. Han declarado que su cultura tiene una historia judeo-cristiana y no están dispuestos a abrirse a nuevas profesiones de fe.

A nosotros los mexicanos debe de ocuparnos este tema, porque a pesar de que hemos gozado de una homogeneidad ideológica,  por lo menos en los últimos 500 años, las estadísticas indican que hay una reducción en los que profesan la fe mayoritaria, la cristiana, lo que abre la puerta a que otras religiones se aparezcan.

Los yihadistas y terroristas islámicos han visto en los carteles y la guerrilla una opción. Por un lado para tener adeptos armados y listos para morir –cerca de la frontera con Estados Unidos-  a cambio el ofrecimiento de la salvación de su alma y morir por una causa divina. Y por otro lado, la opción de lavar el dinero del narco en sus tierras sin reglas, ni instituciones, lo que puede resultar una oferta interesante para los carteles mexicanos.

Esto abre una puerta peligrosa en México que no debe de tomarnos por sorpresa y debemos revalorizar. A falta de una religión, otra vendrá a ocupar su lugar.

Y mientras miles de familias han decidido por una opción atea, y culpan al sacerdote pederasta de su deserción, sus hijos, y no les quede duda de ello, buscarán llenar el vacío espiritual. Una necesidad que viene heredada desde hace miles de años y que pertenece a la naturaleza humana, por lo menos la de estos tiempos.