Ayer, Japón y la Unión Europea iniciaron conversaciones para la firma de un tratado de libre comercio. México también anunció que buscaría concretar un tratado de libre comercio con Brasil y Argentina

Históricamente, el Grupo de los 20 (G20) ha funcionado como un instrumento diplomático de la agenda estadounidense. En el 2008, esta plataforma fue clave para establecer las bases de la coordinación internacional requerida para hacer frente a la crisis financiera global. En la última década, este foro ha marcado la pauta en materia de libre comercio y de acciones que contrarresten el cambio climático.

Sin embargo, esta reunión de jefes de Estado del G20, que inicia hoy en Alemania, podría significar el punto de quiebre entre la agenda de corte liberal que ha regido al grupo y la nueva política de “América Primero” de la administración de Donald Trump.

Para la mala fortuna de México, cuyo modelo económico está fincado en una plataforma manufacturera focalizada a la exportación hacia Estados Unidos, el libre comercio representa el principal punto de tensión entre Trump y los jefes de Estado que defienden el orden comercial actual.

Chad Bown, investigador del Instituto Peterson de Economía Internacional (PIIE, por sus siglas en inglés), argumenta que el riesgo de fondo no se limita a una escalada arancelaria que pudiera derivar en una guerra comercial. El verdadero riesgo yace en que la administración de Trump podría sabotear un sistema global de reglas que ha garantizado la estabilidad de los flujos de bienes y servicios en las últimas dos décadas, así como una gradual apertura comercial.

Los economistas más apegados a la ortodoxia económica coinciden en que México ha sido uno de los mayores beneficiarios de este sistema, el cual funciona porque los países miembro de la Organización Mundial del Comercio (OMC) han aceptado a cabalidad sus estándares y resoluciones.

Si Estados Unidos opta por desmantelar la influencia de la OMC, la posición de México en la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) se volvería extremadamente frágil.

Aún si el TLCAN es derogado, México sería capaz de mantener las bases de su modelo económico basado en las exportaciones porque la OMC estipula que, bajo la figura de nación más favorecida, Estados Unidos no podría implementar aranceles significativos para la mayoría de los bienes mexicanos. En promedio, los aranceles a los bienes manufactureros provenientes de México serían de 2 por ciento.

‘América, primero’

El argumento recurrente de la administración de Trump de que el sistema de instituciones financieras y comerciales multilaterales le ha permitido a otros países tomar ventaja de Estados Unidos no es mera retórica.

Reportes de la prensa estadounidense refieren que el presidente Trump está comprometido con una agenda de nacionalismo económico que pudiera apelar a su base política. De acuerdo al portal Axios, Trump está evaluando un plan para implementar aranceles a la importación de acero.

La medida, que fue rechazada por prácticamente todos los miembros del gabinete estadounidense,  afectaría a China, México, Alemania y Canadá.

Aunque aún es poco claro si el plan de la administración de Trump representaría una afrenta directa a las reglas de la OMC, el clima de tensión e incertidumbre se ha vuelto más evidente de manera reciente.

Como preludio de la reunión del G20, las cabezas del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la OMC emitieron un comunicado conjunto para exhortar al G20 a “tomar acciones decisivas” para defender el sistema de libre comercio del que depende el bienestar de miles de millones de personas.

Adiós, América

Los socios comerciales de Estados Unidos quieren dejar de manifiesto que la retórica proteccionista de la administración de Donald Trump no representa la última palabra para la dinámica comercial global.

Ayer, Japón y la Unión Europea anunciaron que iniciaron conversaciones para la firma de un tratado de libre comercio.

Ésta no es una noticia menor, Japón y Europa representan dos de las cuatro mayores economías del planeta. Tampoco es una acción meramente discursiva. El tratado incluiría el intercambio de bienes de industrias sensibles para ambas delegaciones: automóviles, trenes y productos agropecuarios.

Asimismo, México, el país que, probablemente, depende en mayor medida de su relación comercial con Estados Unidos, también ha planteado una estrategia de diversificación. Ayer se anunció que el país buscaría concretar un tratado de libre comercio con Brasil y Argentina, dos grandes exportadores de maíz y soya.

La profundización de la relación comercial de México con sus socios sudamericanos toca una fibra sensible para el sector agropecuario estadounidense, uno de los grandes beneficiarios del TLCAN.

En ese sentido, la estrategia de sustitución de importaciones agropecuarias de México ha fungido como un catalizador de cabildeo a favor del TLCAN.

El sector agropecuario estadounidense mantiene su interés de conservar abierto el acceso al mercado mexicano.

El G20 y los principales socios comerciales de Estados Unidos pueden utilizar todos los medios de presión posible, pero la realidad es que la voluntad política del presidente aún es un factor determinante para el futuro del sistema comercial global.

En este tema, Trump ya demostró que no le interesa escuchar a su gabinete, de modo que hay pocas razones para creer que sí escuchará a los países del G20.