Psicología

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Silencio emocional

Si existe un término que comúnmente tomamos del vocabulario para describir a una persona de pocas palabras, reacia a la apertura en las relaciones interpersonales y que tiende a mostrarse con una expresión facial (casi) nula que nos impide descifrar sus sentimientos, es el de “seco”.

También podríamos ampliar nuestra compilación de calificativos y hablar de una persona “indiferente”, “rara”, “parca”, “sosa” o incluso “fría”.

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Internet, el psicólogo

Que se cuiden los doctores, que Internet ahora hasta podría diagnosticar o dar señales de ciertos padecimientos o trastornos, como depresión, dependiendo del uso y la frecuencia con que las personas navegan en la Red.

Un estudio realizado por la Missouri University of Science and Technology, publicado en la IEEE Technology and Society Magazine, dio a conocer que estudiantes con depresión –o que mostraban signos de ello– tienen la tendencia a hacer un uso diferente de la Web, en comparación con los que no mostraron signo alguno.

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El contexto sí importa

Para Sam Sommers, profesor e investigador en psicología social de la Universidad de Tufts, en Medford, Massachusetts, “la personalidad y el carácter están sobrevalorados”, menciona en el trailer de su libro “Situations Matter: Understanding How Context Transforms Your World” o “Las Situaciones Importan: 

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Hay que ‘creérsela’

Si hay una frase que tiende a hacer eco en cualquier contexto de la vida cotidiana es la de “piensa positivo”.

No se necesita acudir a un terapeuta, asistir a conferencias, ni siquiera leer (más) libros de autoayuda, para recibir una respuesta que instale en nuestra mente la idea de que, si realmente queremos vernos beneficiados en distintos ámbitos de la vida, debemos de cambiar de “chip” mental y enfocarnos en pensamientos positivos.

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Ni tan indiferente

Dicen que lo que más “duele” es la indiferencia. Independientemente del “tipo” de lazo afectivo que tengamos con terceros, sea de amistad, noviazgo o familiar, por ejemplo, sentir por un momento que hemos pasado desapercibidos –o, coloquialmente hablando, que “no nos pelan”– no es una sensación grata.

Ante el poder que ejerce sobre nosotros la indiferencia de los demás, sentimos rechazo, que nos han “olvidado” o que no están del todo interesados en nosotros. Nos sentimos alienados.


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