Cuando se habla de la salud de los niños, es muy común escuchar que los alimentos más recomendados son los que tienen leche. Incluso, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos recomienda que los niños mayores a nueve años consuman tres tazas diarias de lácteos (ya sea leche, yogurt y/o queso).

Pero, debido a que la leche entera contiene muchas calorías y grasa (lo que puede aumentar el peso de los más pequeños y conducir a la obesidad y diabetes), los expertos en nutrición han recomendado por años que beban leche descremada, que solamente tiene entre 1 y 2 por ciento de grasa.

“Es una de las recomendaciones nutricionales más antiguas y consistentes de Estados Unidos, esencialmente es retroceder 50 años”, dice David Ludwig, director de la New Balance Foundation Obesity Prevention Center, del Children’s Hospital, en Boston.

Pero, según la revista TIME, esa idea de que, a diferencia de la leche entera, la descremada es mejor porque solamente se traduce en calcio y vitamina D para los huesos –y no en grasa para el cuerpo–, también tiene sus consecuencias negativas.

Ludwig, junto a Walter Willett, jefe del Departamento de Nutrición y Epidemiología de la Harvard School of Public Health, dicen en JAMA Pediatrics que hay poca referencia científica que apoye la idea de que la leche baja en grasa y/o la descremada sean más saludables que la entera.

En un estudio publicado en marzo de este año en Archives of Disease in Childhood, los resultados indicaron que los niños que toman leche baja en grasa tendieron a subir de peso con el tiempo. Una taza de leche baja en grasa tiene menos calorías que una de leche entera, pero según Willett y Ludwig, esa poca cantidad hace que las personas no queden satisfechas, por lo que comen y beben más, que si tomaran leche entera o consumieran alimentos con un poco más de calorías.

Los niños que participaron en el estudio y que tomaron leche descremada, “eran 1 por ciento más pesados que los que tomaron leche entera o leche con 2 por ciento de grasa”, dicen los expertos en esa investigación.

Y no solo eso, la leche baja en grasa aumenta los niveles de los triglicéridos, “la leche entera tiene alto contenido de grasas saturadas, lo que está relacionado con colesterol alto”, dice Ludwig en TIME, pero la descremada “puede conducir a que las personas que la toman, consuman más alimentos con alto contenido glucémico”. Lo que conduce al riesgo de padecer enfermedades como hipertensión y problemas del corazón.

Ludwig dijo que no es que se deba dejar la leche por completo, de hecho los niños necesitan los nutrientes de la leche, sin embargo, dada la poca evidencia profesional de que la leche descremada es mejor, se debe tomar en cuenta “su efecto adverso”.