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Opinión

Hoy, 10 de mayo, es el día para festejar a las madres. A quienes se entregan a sus hijos, les dan enseñanzas de vida, los procuran y les otorgan la pauta para crecer en el futuro.

Hoy, como todos los años, se celebra a todas las madres.

A las trabajadoras, entregadas a su profesión, pero también a su familia. A las solteras, con fuerza para sacar adelante a sus hijos sin apoyo. A las casadas, que con gusto, además de convicción, cuidan de su hogar y de los suyos.

Ricas, pobres. Muchos, pocos hijos. Con pareja, sin pareja.

Todas merecen un momento para recordar su esfuerzo y entrega, así como el compromiso con su familia.

Porque el camino para convertirse en madre tiene sus percances, pero lo vale cada segundo. Es un sentimiento inexplicable. Tener a una persona a la cual ves desarrollarse por el resto de sus días. Un fruto del amor estará ahí siempre.

Ser madre puede ser algo maravilloso para algunas mujeres.

Mientras haya sido su decisión. Porque no todas tienen el mismo objetivo.

No, no por ser mujer se debe ser madre. Ni a los 20, ni a los 40, ni a los 60. Si no se quiere, no se hace.

En la era moderna el papel de la mujer desde una concepción cultural ha cambiado mucho. Afortunadamente.

Los medios de comunicación, en su mayoría, han impregnado en el subconsciente una idea de a lo que debe aspirar una mujer. Su “meta”, según los comerciales, películas, programas de televisión y radio, entre otros productos mediáticos, debe ser casarse, tener una familia y ser ama de casa por el resto de sus días.

Hay gente de acuerdo con ese esquema de vida. Está bien.

El problema es cuando se ve como punto focal en la vida el servir a alguien más. Sacrificar la realización personal, intrínseca y elemental para el desarrollo de cualquier ser humano, por acatar las órdenes o deseos de la pareja o de algún rol al cual se debe alguien apegar. Básicamente, poner las necesidades de otros sobre las propias ante casi cualquier circunstancia.

Convertir a una persona en un objeto.

Reitero, está bien ser ama de casa si en eso consiste la felicidad de esa persona, si con ello se realizará, si con tal esquema de vida es feliz.

Pero las mujeres, igual a los hombres, tienen diferentes tipos de aspiraciones. Unas sí quieren ser madres, tener esposo y vivir de los suyos. Otras quieren trabajar y procurar a su familia al mismo tiempo. Otras no tienen en su futuro tener hijos, porque no se sienten capacitadas para ejercer la tarea, no se sienten listas o en la edad apropiada, o simplemente jamás lo quisieron o lo querrán.

No es un deber ser madre. Es una decisión.

Así como la de tener una pareja, escoger un trabajo, vivir en algún lugar o estudiar una carrera. La sociedad no debe imponer lo que no va acorde a la personalidad de cada uno. Mucho menos para cumplir “roles de género”.

Como comentaba anteriormente, la idea de la maternidad ha cambiado igualmente en los medios de comunicación.

Gracias al feminismo, temas mórbidos están saliendo a la luz, se les está enfrentando, dándole cara. Tales como el acoso sexual, el machismo tóxico, los roles femeninos estereotipados, etcétera.

Todavía falta mucho camino por recorrer, mas es un inicio para formar una sociedad más equitativa, capaz de beneficiar a todos los sectores de la sociedad, no solo a unos cuantos

No importa qué se desee, lo más relevante es procurar la felicidad propia.

Hoy, 10 de mayo, se celebra a las madres. Pero quiero hacer también un reconocimiento a quienes tienen el valor de hacer lo que de verdad quieren y ser felices. Porque ser como eres no es fácil. Poco a poco eso irá cambiando.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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