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Opinión

Este 16 de septiembre, Andrés Manuel López Obrador gritó 20 vivas en su primer año como presidente de México. Entre sus exclamaciones, celebró la justicia, la democracia, la fraternidad universal, las comunidades indígenas y la grandeza cultural de México. Sin embargo, en su discurso, faltó mencionar un tema en boga actualmente: el Internet.

Es necesario preguntarse, como mexicanos, ¿el Internet ha roto esquemas? ¿O los ha reforzado? ¿Ha mejorado la situación como país? ¿O la ha empeorado? ¿Nos une? ¿O nos destruye?

Por supuesto es un fenómeno complejo.

Ciertamente ha habido fuerzas capaces de demoler el patrimonio de nuestro país.

De primera mano, el uso frecuente de las redes sociales puede permear los estereotipos de género o de ciertos sectores poblacionales.

Un claro ejemplo de ello son los llamados “lords” o “ladys”, quienes son humillados en el mundo virtual por conductas nocivas o visibles como prepotentes y altaneras. De esta forma se refuerza el cliché del hombre rico engreído o de la mujer junior que espera resolverlo todo con el poder de su familia o sus billetes, lo cual no es del todo cierto.

En algunos casos, estos miembros de la realeza del ridículo son simplemente usados como payasos, materia prima para la fábrica de memes y de ataques a figuras públicas.

De ahí surge una segunda barrera de división: los grupos conversadores o liberales con opiniones sumamente marcadas. Por desgracia o fortuna, la web provoca una ilusión de respaldo de información: cualquier tipo de rumor puede ser “confirmado” como cierto por alguna nota de fulano de tal, no necesariamente una fuente con pruebas fehacientes de los hechos. Por ejemplo, si un ciudadano conservador de derecha dice que Andrés Manuel es un farsante, seguro encontrará pruebas, así como otro podrá localizar evidencia de lo contrario. ¿Cuál de las dos posturas es válida? Eso es un misterio.

Tal distinción puede provocar un tercer problema: el aislamiento de las personas, ya sea del mundo virtual o del mundo real. Se escudan de su vida personal con una identidad diferente en el cosmos digital o transitan en él como fantasmas, sólo observando pero jamás participando en las tentaciones de la farándula digital.

A pesar de estas barreras, también existen cosas que al contrario, han ayudado a fortalecer la comunidad mexicana.

Nos ha ayudado a ser ancla central en el mundo globalizado, gracias al poder de la denuncia de los males del país, aparte de presumir nuestra diversidad cultural con el colectivo internacional. Nos empuja a por lo menos poner temas tabú sobre la mesa, hablar de cuestiones delicadas o fuera del status quo, porque, así como los conservadores reforzarán sus ideales, los que piensan de otra forma no se quedarán callados. Nos hace compartir nuestra moral, ética y compromiso como mexicanos, demostrar nuestra personalidad más allá de los medios de comunicación, una voz ciudadana directa, clara, diversa.

El Internet nos une y destruye. Representa la buena y mala cara de México. La quejumbrosa, además de la activa. La agresiva, aparte de la tenaz. La negativa igual que la vulnerable.

Aunque haya formas de unión, aún hay trabas en el camino para poder ser totalmente libres, incluso en la metrópolis cibernética. ¿Qué tan “independientes” somos del colectivo social? ¿Realmente somos “libres” del qué dirán, de los sectores conservadores y del esquema social bajo el régimen de las élites tradicionales?

La respuesta no es clara, pero tampoco estamos totalmente limitados. Las redes sociales, si se usan correctamente, son el camino hacia la libertad de expresión, y a ser totalmente mexicanos.

¡Viva la era moderna!


* Esta opinión no refleja la del periódico

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