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Opinión

Michel Foucalt, uno de los grandes pensadores de la historia moderna, desarrolló en su libro, “Las palabras y las cosas”, una tesis que, en términos resumidos, consiste en poner a los conceptos, objetos, animales y personas una palabra, aplicando un significado particular para ellas, por tanto excluyéndolos de todos los demás posibles. Por ejemplo, una manzana es un fruto. Al determinarse que es un fruto, no puede ser otra cosa.

Lo grave es cuando ese tipo de silogismos se aplican con los seres humanos, porque les resta de complejidad o los limita de posibilidades. Rubia es igual a tonta, negro es igual a peligroso, mujer es igual a sirvienta, hombre es igual a duro, entre otro tipo de clasificaciones hacen a las personas más comprehensibles, pero las esclaviza a cumplir con su rol establecido, o a que la gente las juzgue porque deben cumplir ese estereotipo a toda costa.

Facebook, una de las plataformas más poderosas de nuestros tiempos, aplica un criterio similar a la hora de evaluar a sus usuarios con su sistema de etiquetas, con el fin de determinar qué les gusta, o con qué podrían sentirse identificados. ¿Pero está consciente de las repercusiones políticas, sociales y psicológicas causadas por delimitar de esta forma a los cibernautas?

Según a un artículo del periódico El País, que habla sobre la clasificación de la población en la plataforma, se dice que “la segmentación por intereses no refleja atributos personales, sino que es más bien una medida de la inclinación de las personas por ciertos temas. Por ejemplo, puedes estar asociado a un interés publicitario relacionado con la homosexualidad y eso no significa que sea gay, sino que puedes ser un asesor que aconseja a adolescentes que están haciendo pública su orientación sexual”. Al asumir una postura sobre cierta persona según solo una faceta de su personalidad, se le está discriminando o se le está reforzando un estereotipo de cómo debe comportarse y relacionarse con los demás. Está cayendo en un pecado provocado por los silogismos expuestos al principio.

En este caso, si buscas cosas como “qué significa ser gay” o “cómo salir del clóset” no quiere decir nada en particular, porque existen múltiples opciones: se puede efectivamente estar enfrentando dudas sexuales, o puedes ser un amigo que busca ayudar con consejos, o un psicólogo preparándose para sus terapias, o quizá es un tema que te llamó la atención. Pero el problema existe cuando se asume algo falso. ¿Aunque las probabilidades están de gane?

Tal como continúa diciendo el artículo, no necesariamente: “En Facebook el usuario es un producto y el conjunto de ‘Intereses’ define el tipo de producto que somos”. Por tal motivo Facebook se anima a continuar por el sendero de la clasificación, tal como si sus usuarios fueran una población en masa, ganado o inventario el cual verificar y manipular. Pese a las ilusiones del perfil, catalogar y clasificar a sus usuarios con base en datos cuantitativos.

Claro, pocos piensan en las consecuencias de toda la cantidad de información que le proporcionamos a Facebook, pero la plataforma se enmascara con las supuestas advertencias: “Facebook se escuda en una de las grandes estafas de internet: el usuario debe vigilar lo que escribe, sus cookies, borrar sus intereses y no dar información de la que se puedan concluir detalles sensibles. Todo es legal, pero es asignar la carga de la prueba en el eslabón débil.”

Tal vez por una parte sí esté justificado, pero eso no evita las cosecuencias negativas de clasificar a los internautas con base en su personalidad en las redes. Cabe recalcar, no es lo misma que la existente en la vida real, una red mucho más compleja de emociones, sentimientos y determinantes.

Un perfil no te define. Solo es una parte de ti.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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