El problema de las drogas, como la marihuana, no debería de ser un tema judicial si no de salud y de trabajo social.

Las prohibiciones, como la del alcohol en los años 20, solo originan mafias que controlan los mercados negros en un clima de violencia e inseguridad. Asesinatos, secuestros, extorsiones, se convierten en el pan de cada día, como lo podemos constatar en México.

Los mercados negros tienen la característica de generar altos rendimientos, muy por encima del promedio de un negocio regular. Este excedente permite corromper las instituciones, descomponiendo los engranes estructurales de un país.

Todas aquellas prohibiciones que limitan las libertades del hombre, no logran perdurar por mucho tiempo. Las leyes se establecieron para dar un marco legal a las relaciones entre los hombres, para que las libertades de uno no atropellen las de otros. 

Pero el actuar individual, el que no afecta al tercero solo debe de ser responsabilidad del individuo. Lo que piensa, lo que come o lo que hace con su cuerpo.

No podemos crear una ley que prohíba la obesidad, ni tampoco una ley que prohíba el consumo de comida chatarra por que son malos para la salud.

Los gobiernos deben educar a la población para que conozcan los riesgos asociados con determinadas acciones o productos. Y obligar a quienes los venden a dar información completa.

El problema no es si se debe de legalizar o no ciertas drogas, como la marihuana, que ya son consumida. El problema no es el daño a la salud que pueden causar, considerando que si de salud hablamos, la mitad de lo que venden los supermercados lejos de alimentar nos puede enfermar. 

Tampoco lo es, el puede aumentar los accidentes automovilísticos, porque si algo los ha aumentado es el uso del celular y yo no veo que estén prohibiendo su uso.

La preocupación es porque ha crecido el numero de personas que quieren vivir desconectados, con drogas ilegales o bien “recetadas por un medico”.

El consumo de drogas legales como los antidepresivos, ansiolíticos y psicotrópicos han venido en un aumento desmedido y así lo ha declarado la comisión nacional de adicciones.

Hay un vacío profundo en la nueva dinámica social. Donde la movilidad laboral te aleja de la familia. Hay una mayor desintegración familiar. Cuando en 1950, 50% de los habitantes vivían en el campo, hoy 75% vivimos en las ciudades con niveles de estrés y de acelere enfermizos.

A pesar de la nueva mercadotecnia, que dejo de vender productos para vender experiencias, parece que estas no son suficientes para llenar el vacío ideológico y espiritual que permean a la sociedad, y que nos lleva a preferir vivir DESCONECTADOS.