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Opinión

Me siento frente a la máquina, empiezo a leer la “Carta de Amor” de una abuela al nieto no encontrado; combatiente ella de los desaparecidos de la dictadura militar Argentina.

 Pienso, inevitablemente, en la guerra de Calderón contra el narco, en todos los desaparecidos y las fosas encontradas. 

Pero permítanme transcribir, aquí, un fragmento de dicha carta singular, la carta de la abuela al nieto no encontrado, al hijo de una de las 30 mil asesinadas o desaparecidas durante la dictadura militar argentina. 

“(…) ¿Cómo se puede querer a alguien sin conocerlo, sin saber qué siente cuando ríe, por qué sufre? Trato de imaginarme tu cara. Lepruebo bocas, ojos, gestos. Naciste un 26 de junio de 1978… Hace años te llamas Guido y yo te extraño(…)”.

La autora de la carta se llama Estela Carlotto, tiene 84 años, y es la dirigente histórica de las Abuelas de Plaza de Mayo y conviene mencionar que su nieto, Guido Carlotto, apareció hace poco.

Ella luchó durante casi 40 años por encontrar a su nieto, como ahora mismo lo hacen los padres y madres de los 43 desaparecidos. 

La rutinaria existencia de Estela se rompió el 5 de agosto de 1977 cuando los militares torturaron y secuestraron a su marido. El rescate costó 30 mil dólares de esa época.

Después, al final del 77 su hija Laura Estela Carlotto, activista de izquierda y peronista de corazón, fue secuestrada y desaparecida en Buenos Aires; estaba embarazada.

Pudo reconstruir que su hija había parido un varón: entonces se dedicó a buscarlo durante casi 36 años, hasta el 5 de agosto de 2014, cuando una voluntaria comprobación de ADN hecha por el interesado, condujo a que el chico fuera identificado, y se convirtiera en el número 114 en la lista de nietos recuperados. 

En los 70 tres de los hijos de Estela Carlotto participaban en política. 

A finales de noviembre de 1977, Laura –embarazada de dos meses–, fue secuestrada y conducida al centro clandestino de detención La Cacha.

Carlotto hizo gestiones para la liberación de su hija y llegó a entrevistarse con el general Reynaldo Bignone, quien le dijo que Laura estaba sentenciada a muerte. En Abril de 1978, una compañera de cautiverio, una vez liberada, le informó que su hija estaba viva y seguía embarazada.

“Laura nos mandaba a decir que le daban de comer un poquito mejor y que el bebé iba a nacer en junio de ese año, y que si era varón lo iba a llamar Guido, como su papá. Y que yo lo buscara en la Casa Cuna”. Carlotto y su familia siempre llamaron Guido al bebé, porque ése era el nombre que quiso ponerle la madre.

En la inminencia del parto, fue llevada a un lugar indeterminado, sobre el que existen controversias, en el que dio a luz el 26 de junio de 1978.

En abril de 1978, Estela de Carlotto comenzó a participar en las actividades de las Abuelas de Plaza de Mayo. El 25 de agosto de ese año le fue entregado el cadáver de su hija; la enterraron en La Plata dos días después.

Esta es, en pocas palabras, la historia de esa mujer cuya foto contemplamos en los medios de comunicación acompañando a otras madres y abuelas. Ella conoce el camino. Ojalá que sepan escucharla los padres de nuestros 43, y de aquellos que vayan brotando de las fosas clandestinas: van a necesitar su experiencia para narrar las historia de madre y abuelas de #Ayotzinapa.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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