Sea a través de autos, camiones, o trenes, miles de ucranianos intentan salir todos los días de su país, en espera de alejarse de la inseguridad que ha traído consigo la invasión por parte de Rusia.

Mientras que cientos de padres y madres deciden despedirse de sus hijos en las estaciones del tranvía, otros salen con ellos colgados de sus brazos, en busca de encontrar un nuevo hogar en las naciones ubicadas al oeste.

Desde que las fuerzas rusas ingresaron a el Donbás el pasado 23 de febrero, provocando estallidos en distintas ciudades, más de 500 mil ucranianos han migrado a naciones como Hungría, Rumania, Polonia y Moldavia, siendo los dos últimos destinos los más solicitados, de acuerdo con datos de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).

Respecto a esos movimientos, Filippo Grandi, alto comisionado de las Naciones Unidas, le dio un sincero agradecimiento a los gobiernos y a los pueblos de los países que mantienen abiertas sus fronteras, dándole la bienvenida a los migrantes.

“Los gobiernos y la gente de esos países están dando la bienvenida a los refugiados. Ahora es urgente compartir esta responsabilidad de manera concreta”, aseguró.

Y aunque hasta ahora los refugiados no han tenido mayor problema para ingresar a otras naciones, los países en los que se encuentran sin duda podrían detectar dificultades con el paso del tiempo, debido a la gran cantidad de personas que vayan llegando.

Hace sólo tres días, el número de refugiados era de más de 50 mil, mientras que el pasado domingo de 368 mil, algo que no se prevé vaya a detenerse, aun cuando Ucrania y Rusia ya han iniciado conversaciones bilaterales para disminuir la tensión.

“¿Puede llegar a ser un problema? Sí, porque tradicionalmente estos Estados no están acostumbrados a recibir migrantes en condición de refugiados; entonces, no tienen la infraestructura necesaria ni el capital humano para procesar a tanta gente”
Eduardo Palacios CabreraMiembro del Centro de Estudios de Países postsoviéticos

Según describe el especialista, los principales retos que podrían enfrentar tanto Hungría, como Rumania, Polonia y Moldavia, es que empiecen a afectarse los derechos humanos de los ucranianos, empeorando las condiciones de salubridad, que no haya atención médica suficiente, y que los niños no puedan continuar con su educación correspondiente.

Sin embargo, se espera que los gobiernos de los países involucrados se reúnan en el corto plazo para planificar la llegada de próximos refugiados, previniéndose de toda dificultad que pueda poner en riesgo sus respectivos derechos.

Por otro lado, en caso de que Ucrania sea aceptado como nuevo miembro de la Unión Europea, como así lo solicitó su presidente el día de ayer, las naciones que han recibido a sus refugiados tendrían que comprometerse aún más en proteger su estabilidad, como así lo establece la Carta de los Derechos Fundamentales del bloque de los 27.

En su Artículo 4, por ejemplo, los países de la Unión se ven obligados a no someter a tortura, penas o tratos inhumanos o degradantes entre sus respectivos ciudadanos, así como a la no discriminación por sexo, raza, color, orígenes éticos o sociales, lengua ni religión, según el Artículo 21.

Zelenski, sin control de migración de ucranianos

Al detectar la movilización de los ucranianos hacia otros países, el presidente Volodimir Zelenski no ha impedido esas acciones, solicitando exclusivamente el apoyo y la presencia de algunos jóvenes para ayudar a proteger a su nación.

“Ya estamos dando armas y seguiremos dándolas a todos los ciudadanos que quieran defender nuestra soberanía”, declaró el mandatario, a lo que se le ha respondido con ayuda militar extranjera a fin de que no requiera el respaldo de sus civiles.

Para el maestro en Relaciones Internacionales, Palacios Cabrera, la decisión de Zelenski de permitir la migración se ha visto de buena manera, principalmente porque demuestra que está velando por los más vulnerables, y porque de lo contrario no le convendría para la imagen que ha construido.

Desde que se le vio enviando mensajes televisivos asegurando que protegería a toda costa la seguridad de su país ante la presencia rusa, el jefe de Estado ucraniano se ha robado el foco a nivel internacional, lo cual lo debilitaría si es que decide forzar a las personas a algo que no desean, como permanecer en su país en un momento de mayor inseguridad.

“Al presidente no le convendría dañar los derechos humanos de quienes quieren dejar su país, porque hasta ahora él se ha colocado como una víctima, por lo cual ha recibido bastante apoyo y solidaridad; entonces, no le beneficiaría volverse el malo al interferir en el flujo migratorio”, apunta el especialista.

Se prevé que el presidente de Ucrania no interfiera en el flujo migratorio de su país, o de lo contrario podría perjudicarlo

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