Este fenómeno no se explica únicamente por la dinámica del mercado. También existe una explicación política, en la que intereses especiales utilizan su influencia para mantener regulaciones urbanas que limitan la oferta de vivienda


En California, donde se localizan las cinco compañías de mayor capitalización, el precio de una casa es de 500 mil dólares

La desigualdad en el siglo XXI tiene muchas facetas. Una de ellas es la desigualdad de ingreso tradicional, que se mide en una escala nacional y refleja en gran medida los desfases en el nivel de desarrollo de diferentes regiones.  Es el tipo de desigualdad que nos dice que el ingreso anual promedio de un habitante de Nuevo León, un estado industrializado con una plataforma de exportación, es 2.25 veces mayor al ingreso anual promedio de un habitante de Chiapas, el estado más pobre del país.

Sin embargo, también existe otro tipo de desigualdad, el de la diferencia de ingreso entre los habitantes más ricos y más pobres dentro de una misma ciudad. Este fenómeno, igual de dramático y relevante que el concepto de desigualdad nacional, se ha convertido en la nueva realidad de las metrópolis económicamente exitosas.

Este boom económico viene acompañado de un fuerte crecimiento en el nivel de precios de la ciudad, particularmente en el sector inmobiliario.

En California, el estado que alberga a las cinco compañías con mayor valor de capitalización del mundo (Apple, Google, Microsoft, Amazon, Facebook), el precio promedio de una casa es de 500 mil dólares. Sin embargo, resulta paradójico que California sea también uno de los estados con la mayor tasa de pobreza ajustada en Estados Unidos.

Esto quiere decir que una gran cantidad de personas están obligadas a migrar fuera de la ciudad porque el costo de vida se ha vuelto inaccesible.

Fenómeno global

La creciente desigualdad al interior de las ciudades no es un caso exclusivo del estado que alberga a Silicon Valley, ni siquiera es el caso más extremo. Se trata de un fenómeno global que es cada vez más evidente en las grandes ciudades de los países desarrollados.

En un artículo reciente, Robert Shiller, Premio Nobel de Economía 2013, se preguntó “¿Por qué las ciudades se vuelven inaccesibles?” Su respuesta hace referencia a un estudio de la organización Demographia en el que se calcula un coeficiente que compara el precio mediano de una casa al ingreso mediano de un habitante en una determinada ciudad.

Hong Kong es la metrópoli con el coeficiente más alto, lo cual quiere decir que un ciudadano promedio enfrenta una mayor presión para migrar fuera de la ciudad. Su coeficiente es de 18.1 veces, lo que implica que alguien necesitaría pagar más de la mitad de su ingreso en una hipoteca a 30 años (excluyendo intereses) para poder obtener una propiedad en esa ciudad.

A Hong Kong le siguen Sídney, Australia (12.2);Vancouver, Canadá (11.8); Auckland, Nueva Zelanda (10); San José, California (9.6); Melbourne, Australia (9.5); y Los Ángeles, California (9.3). Enseguida están Londres, Inglaterra (8.5) y Toronto, Canadá (7.7). Shiller explica que estas dos últimas ciudades también cuentan con precios inmobiliarios muy elevados, pero que pueden ser neutralizados por los altos ingresos.

Los coeficientes no son exactos, ya que pueden existir inconsistencias en la recopilación de los datos. No obstante, ofrecen una idea de que el fenómeno de la desigualdad al interior de las ciudades es una realidad.

El factor político

En sí mismo, un boom inmobiliario no es negativo. Es un síntoma de una economía globalmente competitiva y en crecimiento. Robert Shiller, quien también es profesor de economía en la Universidad de Yale, argumenta que aquellos que no contribuyen a la fortaleza económica de una ciudad deben, a través de los mecanismos del mercado, ceder su lugar a quienes sí pueden contribuir.

Aunque,  sostiene que este fenómeno de desigualdad no se explica únicamente por la dinámica del libre mercado. En la mayoría de los casos hay una explicación política, en la que intereses especiales utilizan su influencia para mantener reglas de zonificación y regulaciones urbanas, que frenan proyectos de vivienda para el ciudadano común.

Los auges inmobiliarios de las grandes ciudades suelen tener un sesgo hacia el mercado de alto ingreso. Si a esto se le agrega una condición en la que se restringe la oferta el resultado inmediato es un alza relevante en el precio de la vivienda.

En el caso de la desigualdad nacional, el consenso de economistas ortodoxos sugiere que esta puede ser paliada a través de políticas que incentiven la migración hacia centros de alto dinamismo económico.

Sin embargo, la solución para aliviar la desigualdad al interior de una ciudad es más complejo.Desde la izquierda se ha propuesto utilizar mecanismos de control de renta, pero la experiencia económica dicta que estos instrumentos son, en el mejor de los casos, poco útiles. Paul Krugman, Premio Nobel de Economía 2008, refiere una encuesta de la Asociación Americana de Economistas en la que el 92 por ciento de los investigadores consultados considera que el control de renta no funciona.

Las implicaciones no son sólo económicas. También hay consecuencias políticas, como quedó exhibido en la polarización del proceso electoral estadounidense. Fue la elección de las metrópolis de las costas contra las regiones rurales del centro que han sido desplazadas por la globalización.

Inalcanzables

El coeficiente que compara el precio mediano de una casa al ingreso mediano de un habitante, en una determinada ciudad arroja luz sobre una nueva faceta de la desigualdad

>> Hong Kong, China: 18.1

>> Sídney, Australia: 12.2

>> Vancouver, Canadá: 11.8

>> Auckland, Nueva Zelanda: 10

>> San José, California: 9.6

>> Melbourne, Australia: 9.5

>> Londres, Inglaterra: 8.5

>> Toronto, Canadá: 7.7

>> Nueva York: 5.7