Es el pez endémico más grande del Alto Golfo de California, en el estado de Baja California. La totoaba llega a medir hasta casi dos metros y su vejiga natatoria es cotizada en miles de dólares en el mercado negro, lo que ha incentivado su captura ilegal, pese a que desde hace más de cuatro décadas se encuentra en veda al estar en peligro de extinción.

Sin embargo, la investigación y el arduo trabajo que un equipo de científicos —de la Unidad de Biotecnología en Piscicultura, de la Facultad de Ciencias Marinas de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC)— ha realizado desde hace más de dos décadas sobre esta especie ha rendido frutos y la ha alejado poco a poco de la extinción.


Además de lograr reproducirla en cautiverio, el equipo liderado por el doctor Conal True realiza liberaciones en la vida silvestre para mejorar su población y, además, provee de crías a empresas o granjas que cuentan con permiso de las autoridades para dedicarse a su engorda y venderlas de manera legal, lo que se conoce como acuacultura

Ahora, el próximo paso es consolidar la parte de la acuacultura, seguir analizando su vida silvestre y que México haga una revalorización para que se cambie de la categoría de “peligro de extinción” a “vulnerable”, explica True.

“Finalmente estamos trabajando para poder presentar a México y a nivel internacional un plan. Acabamos de trabajar el año pasado en una revalorización del estado de la totoaba (…) hicimos la revisión y la totoaba antes estaba críticamente amenazada, ahora después de hacer una revisión podemos decir que su estado es vulnerable, está en mejor estado que hace 20, 30 años”, dice.

Conal, un estadounidense que desde muy niño llegó a vivir a Guanajuato con sus padres y posteriormente se mudó a Ensenada para realizar sus estudios superiores, explica que se busca crear conciencia de que la totoaba que proviene de la acuacultura podría pasar al comercio internacional, ya que no tiene relación con la pesca ilegal de esta especie, en la que son capturadas y muertas de manera incidental otras como la vaquita marina, posiblemente el animal más amenazado del planeta.

Una nueva oportunidad

Frente a las costas del pueblo pesquero de San Felipe y a un lado del Cerro El Machorro, en el Alto Golfo de California, se encuentra El Nido, un corral flotante para cultivo de totoaba de la empresa Acuario Oceánico.

Originalmente, la infraestructura del Nido sería el refugio de la vaquita marina. Pero en el 2017, después de que uno de los dos ejemplares capturados para tenerlos en cautiverio muriera a las pocas horas de ser resguardado, el proyecto fue cancelado.

“Nosotros les entregamos al programa de CPR Vaquita creo que 300 totoabas pequeñitas con la idea de que fuera alimento para las vaquitas, que las vaquitas vieran una especie que fuera común. Y bueno, las vaquitas no pudieron mantenerse en cautiverio, pero por ahí se quedaron las totoabas”, explica.

Durante un año las totoabas sobrevivieron y Acuario Oceánico estuvo viendo su crecimiento, la tasa de alimentación, las condiciones de la jaula durante ese tiempo y se dieron cuenta de que sí podían mantener la unidad en el lugar.

“Entonces se animaron e hicieron todos sus trámites, se documentaron como una Unidad de Manejo Ambiental de engorda, hicieron todo lo necesario y al siguiente año nos solicitaron las primeras 20 mil crías, al año siguiente nos solicitaron otras 20 mil crías y este año aquí tenemos una producción de otras 20 mil crías”, dice True.

A la fecha, Acuario Oceánico tiene dos corrales más distribuidos en la zona aledaña donde crían totoabas que después venden de forma legal a comercios especializados, mercados o restaurantes en México, lo cual está avalado con documentos que garantizan su procedencia.

Conan dice que en la siguiente etapa se busca que más pequeñas empresas puedan replicar el proyecto de San Felipe. “Que se reúnan dos, tres cooperativas o asociaciones de pescadores de San Felipe, ahora hay que convencer que el gobierno los apoye al menos con algún financiamiento semilla para que puedan adquirir pues la jaula, algo de infraestructura para que los preparen y les den asesoría técnica”.

Origen de la totoaba

La historia de las comunidades pesqueras de San Felipe, en Baja California; y de Santa Clara y Puerto Peñasco, en Sonora, no puede contarse sin la presencia de la totoaba. Fue este pez gigante y sumamente cotizado el que dio le dio origen en las primeras décadas del siglo pasado.

“Antes eran campos pesqueros, el auge de la totoaba durante tantos años fue lo que realmente le dio motivo de convertirse en un asentamiento humano regular, también lo mismo pasa con Santa Clara y Puerto Peñasco, esas tres áreas básicamente lo que les da sentido económico es la totoaba”, señala el investigador.

Sin embargo, factores como la captura ilegal para extraerle su vejiga natatoria o buche la han puesto en riesgo, por lo que actualmente está catalogada en peligro de extinción, etiqueta que buscan cambiar, pues hay evidencia de que su población ha mejorado.


Desde hace más de cuatro décadas la totoaba se encuentra en la lista de especies en veda, pese a esto, se cotiza en miles de dólares en el mercado negro

Antes de enfocar sus estudios en la totoaba, Conal True hizo una estancia en Hubbs SeaWorld Research, empresa que tenía un programa de repoblamiento de la curvina bastante fuerte, pues anualmente liberaba entre 250 mil y 300 mil crías.

“Le daban seguimiento, buscaban los animales que liberaban, evaluaban cuántos sobrevivían, el Congreso de California realmente los tenía financiados, idealmente lo que querían era que la pesca deportiva en este lado de California no bajara, realmente era una cadena de valor que mantenía una economía importante aquí en California.

“Yo decía, ¿qué no podemos hacer eso para San Felipe, para Santa Clara, para la parte del Delta?”, cuenta Conal.

Así fue como, aproximadamente en 1999, acudieron a San Felipe donde hicieron una primera colecta de totoabas reproductoras con el apoyo de pescadores y nació el proyecto que 20 años más tarde está salvando a la totoaba de su extinción.

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