En Ensenada, a casi 250 kilómetros de la comunidad pesquera de San Felipe, en el Mar de Cortés, de donde es endémica la totoaba, está el corazón que hace latir nuevamente a esta especie, aunque en cautiverio.

Se trata de la Unidad de Biotecnología en Piscicultura, de la Facultad de Ciencias Marinas, de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC). Un enorme y moderno laboratorio donde se reproducen y crían totoabas con dos fines: para liberarlas en su medio silvestre y para su venta a criaderos.

El proyecto, integrado por investigadores como Conal True, empezó en 1999 con la recolección de 16 totoabas reproductoras traídas de San Felipe, de las que once sobrevivieron: seis en un tanque y cinco en otro. En total, han hecho tres capturas de reproductores desde entonces.

“Seguimos trabajando, más o menos para el 2000 tuvimos nuestras primeras reproducciones en cautiverio, dos años después tuvieron desoves en cautiverio y bueno (…) para el 2002 tuvimos ya la posibilidad de cerrar todo el proceso, digamos, de crianza”, cuenta el académico de la UABC.

Aunque al principio no tuvieron mucha suerte en cuanto a la supervivencia de todas las crías en cautiverio, dos años después lograron que alrededor de 600 totoabas crecieran hasta alcanzar los 150 y 200 gramos y fueron liberadas en su vida silvestre.

“Participaron muchos estudiantes, hicimos muchos trabajos de investigación en cuanto a cómo se alimentan y de qué se alimentan y de cómo pasar de una etapa a la otra, pero para el 2002 hicimos nuestra primera liberación allá en San Felipe de regreso”, relata.

Cambio de planes para la totoaba

En un inicio, la idea era continuar haciendo liberaciones de totoaba con el fin de evaluar que los ejemplares se incorporaran a la población silvestre, ya que si se podía determinar la cantidad, se podría convencer al gobierno de abrir la pesca a la comunidad, al menos deportiva.

Pero en el camino se dieron cuenta de que había oportunidad de engordar totoaba en cautiverio, entonces empezaron a destinar parte de su producción a este fin.

“Las que se van a la engorda básicamente se han vendido realmente a una unidad de manejo ambiental para la engorda, esos recursos entran al proyecto, se reinvierten y nos permitían seguir con otras cosas”, dice Conal True.

A inicios del sexenio de Peña Nieto, el equipo logró interesar a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) en escalar su unidad de manejo ambiental, un proyecto en el que ya tenían varios años trabajando.

“Esta unidad es esencialmente lo que yo aspiraba cuando estaba iniciando, aspirábamos a tener una unidad que pudiera producir crías, que el proceso de producción fuera muy estandarizado, y que las crías las pudiéramos dedicar ahora a dos aspectos”, dice.

Uno era no dejar de apoyar a la población silvestre a través de las liberaciones y el otro vender crías a unidades de manejo ambiental de engorda.

Proyecto en auge

El proyecto buscaba que la unidad produjera crías todo el año y no solamente durante la época de reproducción, por lo que fue diseñada con tres salas de reproducciones con la idea de que cada cuatrimestre pasen por un proceso de reproducción.

“Este es el primer año, estamos contentísimos porque al fin tenemos la infraestructura requerida, en la unidad anterior producíamos alrededor de 50, 70 mil crías al año, digamos por ciclo de producción, este año llevamos 220 mil, casi tres veces más”, dice True.

“Es el segundo año que producimos en esta unidad, pero es el primer año en el que toda la infraestructura la tenemos funcionando como esperábamos”.

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