Con o sin contingencia por la cepa del coronavirus Covid-19, trabajadores del sector informal de la Ciudad de México y microempresarios tienen que ganar su sustento diario sin importar el riesgo de contagio que existe.

Organilleros, vendedores de periódicos y estilistas, entre otras personas que trabajan sin seguridad social, tienen la necesidad de salir a las calles para ganar un poco más de 123 pesos al día, el salario mínimo establecido, y poder sostener sus necesidades básicas.

También las microempresas locales necesitan seguir laborando para salir adelante en medio de la emergencia por el virus que fue declarado como pandemia el 11 de marzo pasado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Alejandro Ibarra Fraga, de 59 años de edad, atiende un puesto de periódicos y no acata las recomendaciones de quedarse en casa para evitar la propagación del virus porque no tiene opción. Trabaja en Gante y Madero, el centro de la capital que cada vez se ve más vacío.

El flujo de personas ha disminuido ante las recomendaciones del Gobierno local a los habitantes de no salir a la calle así como por el cierre de bares, museos, cines y otros centros de entretenimiento.

Al anunciar estas acciones el pasado domingo, la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, dijo que el tránsito en la capital se había reducido un 40 por ciento.

También llamó a las empresas y patrones a ser solidarios para que la suspensión de actividades no se vea reflejada en la economía familiar.

No obstante, Alejandro no puede dejar de salir, pues aunque prefiera estar en su casa en el Estado de México, no tiene un patrón, una empresa o una garantía de que mañana tendrá un ingreso.

No tiene un sueldo fijo y al día obtiene alrededor de 300 pesos de los que dependen cuatro integrantes de su familia y dos cachorras que tiene como mascotas. De esa cifra también tiene que invertir en más mercancía y en pagar traslados.

Como millones de mexicanos, Alejandro trabaja en el sector informal de la economía sin una certeza que le permita tener estabilidad laboral o prestaciones de ley.

De acuerdo con cifras de la Encuesta Nacional de Empleo y Ocupación (ENOE) 2019, las 36 ciudades del país concentran a 56 millones 898 mil 499 trabajadores, de los que el 56 por ciento (31 millones 314 mil 249) pertenece al sector informal de la economía.

Además, según datos de 2018 de la Medición de la Economía Informal del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el 23 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) anual del país es aportado por dicho sector.


Enfermos o no enfermos tenemos la necesidad de trabajar

Alejandro Ibarra Fraga

Vendedor de periódicos

Sin embargo, en su trabajo, que se basa en el frecuente intercambio de dinero, no cuenta con gel antibacterial (está agotado en centros de autoservicio y no le da confianza el que venden en la calle), ni tiene agua para lavarse manos, medidas primordiales para evitar contagios.

Pero él seguirá trabajando hasta que las autoridades le digan que ya no puede.

Sector informal Herencia en riesgo

La tradición que heredó de sus abuelos hace que Luis Manuel Valdovinos salga desde hace 32 años a ganarse la vida como organillero. Pero desde el 17 de marzo, la baja afluencia de personas le ha afectado.

Antes de la emergencia ganaba entre 200 y 250 pesos diarios en la Calle de Francisco I. Madero; ahora, apenas llega a los 150.


Nos vamos a las 6 o 7 de la noche con poco dinero, nosotros quisiéramos que nos apoyara el gobierno, pero no nos va a apoyar

Luis Manuel Valdovinos

Organillero en el Centro Histórico

Considera que lo que actualmente percibe se va reducir aún más.

“La gente hace caso a lo que dicen, le da pánico y no viene. Eso nos afecta mucho, yo no voy a dejar de trabajar, aquí voy a seguir”, señala.

Empresarias en crisis

Por más de 10 años la estética de Adriana ha sido su sustento. Los cortes de cabello, los tintes, las bases e incluso la depilación de ceja le han permitido darle educación, techo y alimento a sus dos hijas: por eso no puede dejar de trabajar pese a la cuarentena voluntaria.

Ella consiguió rentar un local en la banqueta para poner su estética cerca del Metro Garibaldi. Con 22 años y un presupuesto de 5 mil pesos logró montar su negocio y así no tener que depender económicamente de nadie.

Pero ahora su clientela ha dejado de ir por miedo a contraer Covid-19, dice.

“Hay gente que me llama irresponsable, pero no entiende que si yo no salgo y trabajo pues no como”, señala.

Cada día ve las noticias en espera de que la situación mejore, pero no, los casos de Covid-19 han aumentado, señala.

“Antes tenía entre 20 a 30 clientes al día y desde la semana pasada si tengo cinco o siete es un milagro”, comenta.

La situación de Bárbara es similar. Tiene 52 años y ha dedicado sus últimas dos décadas a su puesto de verdura en el Mercado de La Lagunilla.

Mientras acomoda los aguacates y despacha su mercancia, dice que dejar de atender su puesto es un privilegio que no puede darse.

“Esto es lo que me permite salir adelante, no sé si todos tengamos la fortuna de trabajar en algo que nos gusta pero yo sí, yo soy feliz con mis clientas, dándoles aguacates para hoy o la semana”, cuenta.

Eduardo Contreras Pérez, presidente de la Cámara de Comercio, Servicios y Turismo en Pequeño (CANACOPE) de la ciudad, Luis Manuel Valdovinos trabaja desde hace 32 años como organillero, oficio que heredó de sus abuelos. Foto: david martínez explica que ante la cuarentena, los microempresarios son los más afectados y han reportado pérdidas de hasta 90 por ciento de ingresos.

“Ahorita que se suspendieron las clases pues se afecta al transporte privado, cooperativas, papelerías, ya se llegó incluso a un 90 por ciento en bajas de dicho sector”, explica.

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