Dentro de su agenda trilateral, México, Estados Unidos y Canadá tienen múltiples retos por delante si es que desean impulsar desde ahora la región de América del Norte de manera conjunta.

Y aunque en algunos de ellos se prevé que comiencen a trabajar de manera inmediata tras el término de la CLAN 2021 para agilizar los resultados, no se espera que ninguno de los presidentes concluya la mayoría de los rubros, tomando en cuenta el poco tiempo que les queda al mando de sus respectivos países.

Andrés Manuel López Obrador termina su mandato en tres años al igual que Joe Biden si es que no se reelige, y el primer ministro Justin Trudeau podría concluir su administración a mediano plazo en caso de que se adelanten las elecciones generales en su nación.

Por ello, tendrán que heredar ciertos temas a quienes se conviertan en sus próximos sucesores, a fin de que los aborden en las siguientes cumbres.

Algunos de los asuntos más destacados son el control de la pandemia por COVID-19 que, aunque ya va tratándose gracias a las vacunas, aún se esperan nuevas olas de contagios que podrían poner en riesgo a los ciudadanos de América del Norte.

También está la migración y lucha contra el cambio climático, problema que deben atacar intentando cooperar no sólo a nivel regional, sino internacional, para limitar el calentamiento global a menos dos grados centígrados como lo estipula el Acuerdo de París.

Por otro lado, la maestra Norma Soto Castañeda, internacionalista y profesora de la Universidad La Salle, añade que otro rubro que podría quedarse sobre la mesa es la reforma energética que impulsa el presidente López Obrador, pues de no tratarse con anticipación podría generar fricciones con la Unión Americana y Canadá.

“Indiscutiblemente va a ser un tema importante porque la reforma energética que está presentando el presidente trata de centralizar la mayor parte de este rubro al Estado y eso habría que discutirse, porque el principal inversionista de nuestro país es Estados Unidos desde hace muchísimos años; entonces, eso hace que al haber esta reforma se tenga que plantear cómo quedan las inversiones en el territorio nacional, porque dependemos mucho de ese dinero del exterior para que la economía mexicana se siga moviendo”, dice la maestra.

Bajo esa línea, la académica remarca que lo ideal sería llegar a una conciliación de intereses durante esta cumbre de líderes con el único propósito de que se analice hasta dónde México puede llevar a cabo la reforma energética sin afectar a sus países socios

“Aquí quien creo que tiene que ceder un poco es México, porque no contamos con el dinero suficiente para poder hacer muchas cosas, así que una manera inteligente de abordar el tema sería presentar la reforma, pero también estar dispuesto a negociar ciertos puntos de manera estratégica con el presidente Biden para que nuestro país salga ventajoso y con el apoyo de Estados Unidos”, agrega Soto Castañeda.

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