La alianza contranatura

Desesperados por la caída que sufren en las preferencias electorales, el PAN y el PRD recurren al pragmatismo para tejer desde hoy un gobierno de coalición para enfrentar en las elecciones al PRI.

Panistas y perredistas –tan disímbolos en su ideología y plataformas– buscan conformar una alianza para enfrentar al PRI y sus aliados en las elecciones del próximo año y en la presidencial del 2018.

Imelda García Imelda García Publicado el
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por ciento cayó el PRD en las preferencias electorales en 2015G
Quien también busca convertirse en abanderado de una posible coalición de oposición es Manuel Espino
"Le tienen mucho miedo a Andrés Manuel. Yo les digo a los empresarios: no le tengan miedo a Andrés Manuel, ténganle miedo a los Andrés Manueles"
Gustavo MaderoSenador del PAN
La premisa de los coalicionistas es que nadie es pequeño y todas las fuerzas políticas pueden sumar para formar un frente común e impulsar un gobierno de cambio
Esa unión es promovida en el seno del PAN y el PRD por dos personajes polémicos por sus posturas y declaraciones: Gustavo Madero, y Guadalupe Acosta
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Desesperados por la caída que sufren en las preferencias electorales, el PAN y el PRD recurren al pragmatismo para tejer desde hoy un gobierno de coalición para enfrentar en las elecciones al PRI.

Panistas y perredistas –tan disímbolos en su ideología y plataformas– buscan conformar una alianza para enfrentar al PRI y sus aliados en las elecciones del próximo año y en la presidencial del 2018.

Los primeros indicios de este bloque opositor que se busca crear ya se presentaron en Durango, donde el PAN y el PRD postularán por segunda ocasión a la gubernatura al senador del PAN, José Rosas Aispuro Torres, junto con Movimiento Ciudadano.

Esa unión es promovida en el seno del PAN y el PRD por dos personajes polémicos por sus posturas y declaraciones: Gustavo Madero, en el albiazul, y Guadalupe Acosta Naranjo, en el Sol Azteca.

La coalición de fuerzas opositoras no es nueva a nivel estatal.

Ya algunos mandatarios estatales han llegado al poder cobijados por alianzas entre fuerzas tan disímiles como el PAN y el PRD, la izquierda y la derecha unidas.

El proceso electoral del próximo año será el gran laboratorio de un posible gobierno federal de coalición.

Además de los acuerdos entre las fuerzas políticas, los partidos deberán sortear un reto más antes de constituirse en alianza: la falta de la legislación secundaria sobre los gobiernos de coalición.

Aun así, en entidades como Durango ya se ha concretado la alianza opositora al menos en los dichos, porque la autoridad electoral aún no ha emitido los lineamientos para la conformación de coaliciones.

Los diputados Gustavo Madero (PAN) y Guadalupe Acosta Naranjo (PRD) son los promotores del posible nacimiento de una coalición opositora para el 2018.

En ella han pensado incluir a todas las expresiones políticas. Incluso, han buscado un acercamiento con Morena para hacerle ver que la única oportunidad que tienen de vencer al PRI es compitiendo juntos en las próximas elecciones presidenciales.

Gustavo Madero, expresidente nacional del PAN y hoy diputado federal, busca ser el impulsor de la creación de este bloque opositor conformado no solo por partidos políticos, sino por diferentes sectores ciudadanos.

“Para 2018 yo estoy convencido de que debe haber un proyecto más amplio de un gobierno de coalición que agrupe una pluralidad transversal de fuerzas políticas que tengan la potencia y, sobre todo la propuesta, de concluir una transición democrática que está detenida en México.

Es eso creo; más que en los candidatos de personas o caudillos, son las ideas y las propuestas las que nos van a sacar adelante (…) Esto exige renunciar a los proyectos de caudillos, personales, y trabajar en ideas transformadoras que atiendan los problemas de fondo de nuestro país que no han podido ser resueltos en generaciones”, expuso Madero en entrevista.

Esto, agregó el legislador panista, no puede ser logrado por un solo hombre, sino que se requiere una fuerza política que impulse las medidas necesarias sin arriesgar la estabilidad del país.

La idea de los opositores al gobierno del presidente Enrique Peña Nieto es conformar un gobierno de coalición, figura que fue establecida en la Constitución Política en la reforma política aprobada en el 2014.

Madero reveló que los acercamientos entre las fuerzas más importantes de la oposición ya han comenzado, con el fin de buscar puntos de encuentro que les permita construir una propuesta común rumbo a las elecciones del 2016, primero, y avanzar a las del 2018, sin el liderazgo de un caudillo, sino fortaleciendo las instituciones.

“Aquí le tienen mucho miedo a Andrés Manuel. Yo les digo a los empresarios: no le tengan miedo a Andrés Manuel, ténganle miedo a los Andrés Manueles. A la situación política y económica que está haciendo posible que surjan candidatos caudillos que entusiasmen aunque no tengan una propuesta viable.

“Yo quiero organizar (…) un almácigo de ideas; promover reuniones con intelectuales internacionales –porque este problema es mundial, el del desgaste, el desprestigio, el desencanto- porque tenemos que encontrar salidas y en eso estamos trabajando”, afirmó Madero.

Guadalupe Acosta Naranjo, el otro impulsor de la coalición rumbo al 2018, sostuvo que la única manera de darle la vuelta al tablero político del país es que la oposición compita junta en esas elecciones.

El primer paso es concluir la reglamentación de la figura de gobiernos de coalición pues, aunque quedó aprobado el cambio constitucional, las leyes secundarias quedan pendientes.

“Esta unidad debe ser no solo en lo electoral para vencer al PRI, sino alrededor de un programa de gobierno que se comprometa; porque ahora con la figura de gobiernos de coalición, estos programas se convertirían en una obligación de ley, no quedarían a que si el gobernante que llegó los quiere cumplir o luego se raja o se olvida de ellos”, apuntó Acosta, en entrevista.

El perredista aseveró que la mejor forma de consolidar un gobierno de coalición es que en él participen todas las fuerzas políticas de oposición, incluyendo a los más reticentes.

Acosta señaló que ya han invitado a Andrés Manuel López Obrador y su Morena

“(Nos acercaremos) con paciencia, lo estamos invitando. No se trata de rogar. Algunos compañeros nos preguntan por qué le rogamos tanto. Yo les digo que no es ruego, es una política correcta ir unidos. Él decidirá si sí o si no”, recalcó Acosta.

La historia de 1988 podría repetirse, asentó el perredista, pues ese año, cuando Heberto Castillo era el abanderado presidencial por el Partido Mexicano Socialista, Cuauhtémoc Cárdenas era el candidato del Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM), el Partido Popular Socialista (PPS) y el Frente Cardenista, se aferró a la candidatura de la izquierda.

“El movimiento dio que quien creció fue Cuauhtémoc Cárdenas. Cada vez que invitábamos a don Heberto a unirse a nosotros nos decía ‘¿Cómo creen, con ese expriista? Viene del PRI, es el hijo del Tata (Lázaro Cárdenas) y ustedes van ahí’. Batallamos cinco o seis meses para convencerlo, hasta que él decidió unificarse en junio de ese año con Cárdenas.

“A veces la unidad no es sencilla. Es un proceso de mediano, largo plazo; uno no debe de desesperarse. Por eso yo digo que con paciencia. A lo mejor a Andrés Manuel, dentro de dos años, le da que no le da solo, y quizá él nos vaya a buscar después. Uno no sabe”, sentenció Acosta.

La premisa de los coalicionistas es que nadie es pequeño y todas las fuerzas políticas pueden sumar para formar un frente común e impulsar un gobierno de cambio en la próxima elección presidencial.

PAN-PRD, una historia compartida

En un principio, las alianzas entre el PAN y el PRD fueron cuestionadas y repudiadas por sus adversarios.

No se trataba de un cuestionamiento sin sentido. Son las dos fuerzas políticas más antagónicas de la escena nacional. Para muchos, era como mezclar el agua y el aceite.

Posturas contrarias en temas como el aborto, el matrimonio igualitario o el enfoque de la ayuda social, hacían impensable que prosperara una alianza de esas características.

Empero, el pragmatismo dominó en la decisión de ir juntos. Ante un PRI que crecía como la espuma era necesario unirse para intentar construir un contrapeso electoral al tricolor.

Fue en el 2010 cuando se planteó la posibilidad de que ambas fuerzas políticas conformaran alianzas para buscar el poder en los estados.

Aunque Felipe Calderón Hinojosa (PAN) estaba en el poder, poco a poco el PRI se iba reposicionando en los estados del país.

Fue entonces que el PAN y el PRD negociaron para ir juntos por primera vez en las elecciones del 2010, coaliciones que comenzaron a conformarse desde el 2009 y se conformaron después de meses de negociaciones.

En ellas no participaron solamente el PAN y el PRD, sino que se unieron otros partidos de izquierda y algunos locales en las entidades.

Triunfaron así en Oaxaca, donde se coaligaron el PAN, el PRD, el PT y el entonces Convergencia –hoy Movimiento Ciudadano- con el nombre de la alianza Unidos por la Paz y el Progreso.

En esa elección se decidió que el candidato fuera Gabino Cué, de Movimiento Ciudadano, hoy gobernador de la entidad, quien venció con el 50.1 por ciento de los votos a Eviel Pérez Magaña, candidato de la coalición Por la Transformación de Oaxaca, conformada por el PRI y el PVEM, que solo obtuvo el 41.9 por ciento de los sufragios.

Ocurrió así también en Puebla, donde el PAN, el PRD, Convergencia y Nueva Alianza conformaron la coalición Compromiso por Puebla, con el panista Rafael Moreno Valle al frente.

En ese entonces, Nueva Alianza era manejado totalmente por Elba Esther Gordillo, lideresa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), quien operó para consolidar este triunfo llevando a uno de sus más cercanos –Moreno Valle- a la gubernatura.

Rafael Moreno Valle venció a Javier López Zavala, candidato de la alianza Puebla Avanza –del PRI y el PVEM-, por una diferencia de 10.3 puntos porcentuales.

En Sinaloa la historia fue similar. El PAN, el PRD y Convergencia se unieron para formar la coalición El Cambio es Ahora por Sinaloa y postularon al expriista Mario López Valdez.

Venció a Jesús Vizcarra Calderón, quien representó a la alianza Para Ayudar a la Gente, del PRI, PVEM y Nueva Alianza, con apenas una diferencia de 5.4 por ciento.

A pesar del éxito que tuvieron estas alianzas en los estados del país, en otras elecciones no fue posible consolidar una propuesta conjunta. Esto, derivó en que el PRI continuara manteniendo el poder.

Fue el caso del Estado de México donde un año después, en el 2011, hubo acercamientos para intentar conformar un gran bloque opositor y quitar el poder al PRI, partido que ha gobernado ese estado desde la década de los años 20, en los tiempos del todavía Partido Nacional Revolucionario.

En el 2011 se buscó que la coalición incluyera al PAN y al PRD como fuerzas principales; sin embargo, a eso se negó Alejandro Encinas, el candidato de la izquierda y uno de los personajes más cercanos a Andrés Manuel López Obrador.

Encinas no aceptó negociar con el PAN, partido que fue declarado ganador en las elecciones presidenciales del 2006, en perjuicio de López Obrador.

El político solo quiso conformar la alianza con otros partidos de izquierda, con los que nació la coalición Unidos Podemos Más, en la que participaron el PRD, el PT y Convergencia. El PAN compitió por su lado, abanderando a Luis Felipe Bravo Mena como su candidato.

Ambos fueron vencidos por Eruviel Ávila Villegas, candidato de la coalición Unidos por Ti, del PRI, el PVEM y Nueva Alianza, quien alcanzó una votación de 61.9 por ciento; mientras, Encinas obtuvo el 20.9 por ciento y Bravo el 12.2 por ciento de los sufragios.

Una nueva alianza electoral pudo alcanzarse hasta el 2013 en Baja California, donde se conformó la coalición Unidos por Baja California, en la que participaron el PAN, el PRD, Nueva Alianza –ya sin Elba Esther Gordillo- y el local Partido Estatal de Baja California. Esta coalición lanzó a Francisco Vega de Lamadrid como candidato.

El panista venció al priista Fernando Castro Trenti, quien compitió por la alianza Compromiso por Baja California, del PRI, el PVEM, el PT y el entonces local Partido Encuentro Social (PES) –hoy con registro a nivel nacional-.

Ya en las elecciones del 2015 no se concretó ninguna alianza entre el PAN y el PRD, lo que llevó a pulverizar los votos que se dieron a los partidos de oposición y a la consolidación del PRI como primera fuerza nacional.

La primera coalición del 2016

Ahora, una nueva coalición está a la vista.

En el 2016 se disputarán las gubernaturas de Aguascalientes, Zacatecas, Sinaloa, Tlaxcala, Puebla, Hidalgo, Oaxaca, Quintana Roo, Tamaulipas, Chihuahua, Veracruz y Durango.

Es en Durango, gobernado por el PRI desde la década de los 20 y en el que no ha habido alternancia, que el PAN, el PRD y Movimiento Ciudadano han acordado conformar una coalición rumbo a los comicios del 2016.

La coalición, que ahora solo se encuentra pactada de palabra, pretende postular al hoy senador panista José Rosas Aispuro Torres como su candidato.

Rosas Aispuro es un expriista que había tratado de conseguir la candidatura de su partido en el 2010; sin embargo, al habérsele negado, renunció al PRI y encabezó la coalición opositora al tricolor. Perdió las elecciones frente a Jorge Herrera Caldera; y en el 2012 fue electo senador por el PAN.

Empero, quien también busca convertirse en abanderado de una posible coalición de oposición es Manuel Espino, exdirigente nacional del PAN y hoy diputado por Movimiento Ciudadano

En otros estados, como Zacatecas, también han comenzado las fuerzas locales a negociar la posibilidad de una alianza opositora. Se prevé que en ese estado el PRD lleve mano en la designación de su candidato a gobernador.

¿La única salvación?

Además de la consolidación del PRI –junto al PVEM, su principal aliado- como la principal fuerza política del país, el PAN y el PRD tienen especial interés en conformar una coalición para los procesos electorales que vienen por el debilitamiento de sus propios partidos.

Ambos tuvieron resultados adversos en las elecciones de este año.

El PAN pasó de tener el 26.9 por ciento de los votos en el proceso electoral anterior al 21.02 por ciento en el 2015; el PRD, por su parte, pasó del 15.28 por ciento al 10.87.

Al tener una caída en los votos que recibieron este año, tendrán una disminución también en los recursos públicos que reciban para su operación.

Tomando como base la fórmula para la asignación de recursos contenida en el artículo 31 de la Constitución Política, es previsible que ambos partidos tengan una merma considerable en sus ingresos a partir del próximo año y hasta el 2018, fecha en que volverá a haber comicios federales.

De acuerdo a los resultados de la votación y con los parámetros establecidos en la Constitución Política nacional, el PRD tendrá la caída más dramática, con una disminución de más de 200 millones de pesos, un 31 por ciento menos.

El PAN será el segundo partido político con una mayor pérdida, pues tendría una disminución de casi 129 millones de pesos en sus ingresos, comparados con el 2015. Esto representa una caída del 14.5 por ciento.

Estas dos circunstancias, la caída en las preferencias electorales y en los recursos económicos de que dispondrán, podrían ser un factor determinante para que ambos partidos decidan unirse a partir de las próximas elecciones, en el 2016, misma que pudiera seguir hasta el proceso presidencial del 2018.

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