La prohibición que determinó hace unos meses el Gobierno federal del herbicida glifosato, considerado como probable carcinógeno en humanos, deberá resultar beneficiosa no solo en términos de salud pública, sino también para la supervivencia de la población de abejas en el país.

Publicaciones especializadas han advertido que la disminución de la población de abejas que se presenta a nivel global, tiene entre sus causas el uso masivo de los agrotóxicos en los campos de cultivo, pero muy en particular del herbicida glifosato, uno de los más utilizados en todo el mundo.

En mayo de 2020, más de 200 organizaciones sociales y sociedades científicas de América Latina y el Caribe hicieron llegar un reporte a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en específico a la Relatora Especial sobre Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales, Soledad García Muñoz, donde se hace mención de los efectos dañinos que el glifosato está provocando en las abejas que llegan a tener contacto con él.

90%

de las plantas con flores dependen de la polinización para reproducirse, según la ONU

Por lo que incluso le solicitan a esa instancia de la CIDH, que “recomiende a los Estados Miembros de la Organización de los Estados Americanos (OEA) que prohíban la liberación al ambiente de los agrotóxicos que se ha demostrado que causan la muerte de las colmenas, como los insecticidas neonicotinoides y fipronil, así como los herbicidas de glifosato, entre otros”.

La labor de polinización que realizan las abejas y otras especies como las mariposas, los murciélagos y los colibríes, se considera de vital importancia para la producción de alimentos en el mundo, así como para la salvaguarda de la biodiversidad, de ahí que las campañas por protegerlos cobren cada vez mayor fuerza.

“La polinización es un proceso fundamental para la supervivencia de los ecosistemas, esencial para la producción y reproducción de muchos cultivos y plantas silvestres. Casi el 90 por ciento de las plantas con flores dependen de la polinización para reproducirse; asimismo, el 75 por ciento de los cultivos alimentarios del mundo dependen en cierta medida de la polinización y el 35 de las tierras agrícolas mundiales. Los polinizadores no solo contribuyen directamente a la seguridad alimentaria, sino que además son indispensables para conservar la biodiversidad”, establece la Organización de las Naciones Unidas (ONU) al respecto.


En mayo de 2020, más de 200 organizaciones sociales y científicas alertaron a la CIDH sobre los efectos dañinos del glifosato en las abejas

Efectos en las polinizadoras por glifosato

El documento que fue presentado ante la CIDH contiene, además de propuestas de acción específicas para proteger a las abejas, un compendio de 201 estudios que corroboran los efectos nocivos que el glifosato y otros agroquímicos causan sobre esos polinizadores; todo ello dio lugar al libro “Abejas & Agrotóxicos”, publicado en el portal del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

“La evidencia científica de los artículos mencionados en este libro sugiere que en las abejas, los HBG (herbicidas de glifosato), también, alteran el comportamiento, reducen el aprendizaje olfativo y elemental, la retención de la memoria a corto plazo, disminuyen el tamaño de la población, alteran la microbiota intestinal dominante y la ultraestructura celular de las glándulas hipofaríngeas y aumentan la susceptibilidad a las enfermedades, entre otros”, se lee en el documento.

Uno de esos estudios, publicado en 2019, difundido en la publicación Insects, elaborado por Walter M. Farina y otros miembros de la Universidad de Buenos Aires, concluye que “el GLY (glifosato) afecta negativamente a los procesos de aprendizaje asociativo de los recolectores y a las capacidades cognitivas y sensoriales de las abejas jóvenes de la colmena y promueve retrasos en el desarrollo de la cría”.

En 2018, otro análisis elaborado por Vanessa Eler Seide, Rodrigo Cupertino Bernardes y otros miembros de la Universidad Federal de Viçosa, de Brasil, publicado en Environmental Pollution, muestra que “las proteínas Cry1F, Cry2Aa y el herbicida glifosato fueron altamente tóxicos para la abeja sin aguijón M. quadrifasciata, causando efectos letales o subletales que pueden perjudicar gravemente el crecimiento y la viabilidad de la colonia, y reducir la capacidad de polinización”.

Y finalmente, otra investigación de 2018, de Erick V. S. Motta, Kasie Raymann, y Nancy A. Moran, de la Universidad de Texas, publicado en PNAS, establece que la exposición de las abejas al glifosato puede perturbar su beneficiosa microbiota intestinal, lo que afecta la salud de las abejas y su eficacia como polinizadoras.

Mar de agrotóxicos

Con esos más de 200 estudios, señalan las organizaciones que acudieron ante la CIDH, se logró evidenciar el vínculo que existe entre el preocupante deceso de agentes polinizadores (principalmente de abejas) y la agricultura industrial con base en cultivos transgénicos y millones de litros-kilos de agrotóxicos.

“La recopilación científica que se adjunta al presente muestra cómo año a año se va reduciendo en términos alarmantes las poblaciones de abejas. En sentido inversamente proporcional y de modo simultáneo se comprueba cómo, también año a año, se han incrementado los cultivos transgénicos y aumentado exponencialmente el uso de agrotóxicos que a la actualidad superan largamente los 2 mil millones de litros-kilos anuales en la región latinoamericana y del Caribe”, mencionaron los especialistas a la CIDH.

75%

e los cultivos alimentarios del mundo funcionan gracias a los agentes polinizadores

En México, el decreto que emitió el Gobierno federal para prohibir el glifosato, en un proceso gradual que concluirá el 31 de enero de 2024, no hace mención expresa de los daños que esta sustancia provoca en las abejas, pero sí habla de los efectos perjudiciales que este agroquímico provoca en la salud de estos animales.

“En los últimos años, distintas investigaciones científicas han alertado que dicha sustancia química tiene efectos nocivos en la salud, tanto de los seres humanos como en algunas especies animales, y ha sido identificada como probable carcinogénico en humanos por la Agencia Internacional de Investigación de Cáncer”, dice el decreto publicado el 31 de diciembre de 2020.

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