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UDEG

El filósofo de la violencia

Luis Herrera

El 27 de abril pasado falleció el filósofo de la Universidad de Guadalajara, Fernando Carlos Vevia Romero. Pensador quien se dedicara a reflexionar la problemática de la violencia en el país


May 17, 2019

El 20 de febrero de 2016 un puñado de filósofos y pensadores del país se congregaron en Jalisco para reflexionar sobre la violencia tan presente en nuestros días; entre ellos se encontraba Fernando Carlos Vevia Romero, profesor emérito de la Universidad de Guadalajara (UdeG), quien falleció este 27 de abril a sus 81 años de edad.

Aquel día de 2016, Vevia Romero, connotado académico y uno de los mayores filósofos de la institución, ofreció una aproximación a la violencia muy alejada de las hipótesis a las que recurren las autoridades de Gobierno cada vez que intentan explicar el origen de la ola de asesinatos y desapariciones que golpea al estado.

11 traducciones de obras de alemán a español, incluyendo el Diccionario de Teología del Antiguo Testamento (1976)

El ahora finado filósofo, habló de la violencia sin recurrir a los supuestos característicos de la narrativa oficial gubernamental, misma que replican los medios masivos de comunicación: no habló de “pugnas entre grupos rivales”, ni de “disputas por el control de la plaza”, ni siquiera de “falta de oportunidades” en la tierra en la que surgió el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

Su ponencia en aquel III Congreso Jalisciense de Filosofía titulada “Los mitos filosóficos de los defensores de la violencia”, comenzó explicando algunos atributos que consideró esenciales de los seres humanos.

“La primera proposición que tomamos de la antropología filosófica, al menos la que nosotros seguimos, es esta: existe un ser vivo cuyas características más importantes es la de tener que adoptar una postura con respecto hacia sí mismo. Esto quiere decir con respecto a los impulsos, por otros llamados instintos, a los impulsos y propiedades que percibe en sí mismo, como por ejemplo la violencia”.

Al filósofo le interesaba combatir la idea de que los seres humanos están impelidos por su propia “naturaleza” a ser violentos, por lo que afirmaría que “el hombre es un animal inacabado, es decir, no tiene señalado un programa de tareas para muchas cosas. En los animales para eso sirven los instintos; el hombre aparece en la existencia con la tarea de resolver esos problemas para los que no trae una respuesta fija, modelada según algún instinto”

De igual forma, Vevia consideraba que las personas no están de terminadas por estos mismos instintos o impulsos “naturales”.

“Al recibir un impulso o producirlo dentro de nosotros, la acción que responde a ese impulso se puede retrasar; no actuamos siempre como al jalar el gatillo de un arma, el impulso puede ser permitido y satisfecho, o rechazado si otros intereses frenan la acción”.

Este mecanismo representa una especie de “fisura” entre el impulso y la acción en la que puede caber la libertad de decisión, siempre y cuando se aproveche oportunamente; antes de que la abertura cierre, pues entonces la actuación del individuo se vuelve casi mecanizada.

“Tenemos todos con mayor frecuencia la experiencia de que todo impulso permitido puede penetrar en el ritmo del organismo, haciendo el hiato más pequeño hasta llegar a la automatización. Entonces ya no es tan fácilmente manejable”, expuso en su momento.

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Además, para evidenciar el riesgo de no atajar ese “hiato” entre el impulso y el actuar de los individuos, el filósofo se apoyó sobre las reflexiones de Aristóteles, quien en su Ética a Nicómaco dejó escrito que los injustos y los que dan rienda suelta a sus deseos eran libres al principio de no serlo, “pero una vez que han llegado a ser eso ya no son libres de no serlo”.

Libertad y agresión

Aquella mañana, Vevia presentaría en la UdeG su idea central: si los seres humanos tienen la posibilidad la libertad, entonces no podemos admitir que la violencia en casi todas sus formas se nos explique “usando teorías que flotan en una nube más grande que la de internet”, en donde se originan frases aceptadas sin más ni más.

“Ni la complejidad de las situaciones, ni los lejanos condicionamientos psicológicos, ni los dogmas sociológicos, deben ser usados para explicar la violencia ejercida sobre otras personas”, manifestó.

En una sociedad que le recrimina poco a sus grupos criminales generadores de la violencia, el filósofo afirmaba que la violencia la ejercen seres humanos “con nombre y apellidos”. Pero, reivindicaba a la vez la libertad de las personas para determinar su actuar.

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“El hombre no es un muelle que reacciona automáticamente a la injusticia, no es un autómata movido por instinto, tenemos una posibilidad de establecer un hiato, es decir, un momento temporal en que se retrasa la acción para que la información se perfeccione, sea más completa, es decir, para no dejarse arrastrar por consignas”.

Vevia advertía que imperaba el mito moderno de que somos impulsados a la violencia, siendo esta la única forma de reformar la sociedad; porque somos por naturaleza instinto e impulso

“Lo que dice Hegel es esto: todo eso –impulsos, instintos– lo tienen todos los animales. Pero lo que no tiene el animal es verdadera libertad, y en esa libertad es donde se forma verdaderamente la naturaleza del hombre. Ahí es donde tenemos que ir a buscar las respuestas”.

Con esta cita de Hegel, el académico insistiría en el poder del ser libre, posicionando al hombre dentro de la región de su propia libertad. Explicando que la voluntad natural no es verdadera, ni tampoco la voluntad de los deseos impulsivos.

Una vida entre ideas

Fernando Carlos Vevia Romero nació en Madrid, España, el 29 de mayo de 1936. Su formación incluía una licenciatura de Filosofía y Letras, en la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid y un doctorado en Filosofía en la misma institución.

En 1975 fue invitado por la UdeG para impartir cátedra en la maestría en Letras de la Escuela de Graduados. Y aunque originalmente iba a laborar en Guadalajara sólo un semestre, terminó formando parte de la comunidad académica de esa institución por 35 años.

En septiembre de 2004 fue nombrado maestro emérito de la institución. Dominaba seis idiomas. Escribió cuando menos 14 libros y tradujo cerca de una decena de obras al español del alemán e inglés.

+20 publicaciones de autoría colectiva

Este 1 de mayo, tras su muerte, la UdeG le rindió un homenaje póstumo.


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