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La historia electoral de los últimos 15 años en Nuevo León se define como un bipartidismo rampante que no permite levantar la cabeza a partidos y candidatos alternos.

Y esto no se debe precisamente a que los neoloneses están muy contentos con los resultados de sus gobiernos estatales y municipales.

Es porque las estructuras territoriales, la batalla electoral de control del voto en los sectores populares, en los distritos, se hace con recursos de las administraciones priistas y panistas.

Y el control interno de los partidos también opera con base a los liderazgos populares y seccionales que pueden tener acceso a plazas en las administraciones de gobierno, o a los apoyos de los programas como PASO (Programa de Activación Social), del gobierno tricolor estatal, o el PAC (Programa de Acción Comunitaria) de los municipios albiazules. 

Alguna ocasión en una elección interna del PRI, Benjamín Clariond Reyes dijo que la democracia es peligrosa, porque algunos votan por pasión y no con la cabeza.

Quizás sea cierto, y por ello es que la democracia no existe dentro de los dos partidos políticos que dominan Nuevo León.

La “moda” de la democracia y las elecciones abiertas se acabó y las estructuras de los partidos en esta entidad continúan cerradas y fuertes, porque son mantenidas con las nóminas correspondientes de municipios y del Estado.

En las elecciones de 2009 Natividad González Parás, que llegó a ser el candidato del PRI a la Gubernatura en 2003 luego de una elección abierta, impuso como abanderado tricolor a su “delfín” Rodrigo Medina, actual gobernador.

Y en el PAN, donde Fernando Elizondo pedía elecciones abiertas para ser el candidato a la Gubernatura en 2009, fue designado el abanderado de su partido para esa elección mediante “el dedazo”.    

La salida de Jaime Rodríguez Calderón del PRI debiera preocupar a su partido, pero no es así.

O la salida del PAN de Fernando Elizondo, debiera representar un parteaguas para ese partido, pero tampoco es así.

“El Bronco” Rodríguez, sabe que nunca le iban a dar la oportunidad, ni siquiera de competir, por una candidatura a la Gubernatura de Nuevo León en 2015.

Y Elizondo sabe que segundas partes nunca fueron mejores, luego de que en 2009 perdió frente Medina y la maquinaria priista del entonces gobernador Natividad González Parás.

Hoy ambos están muy lejos de contar con programas municipales o estatales orientados a absorber el voto popular, a través de recursos de las nóminas de ayuntamientos o de la administración del Estado, que son las columnas que sostienen las estructuras territoriales.

El bipartidismo se afianza cada vez más en Nuevo León desde la Gubernatura, hasta los municipios y el Congreso del Estado.

Porque las opciones como el PRD, solamente han tenido cabida histórica en dos municipios, García y Bustamante, en los años 90’s, y en un Congreso donde entran dos o un legislador por representación, pero que con la reforma electoral podrían quedar fuera del legislativo.

Por ello Jaime Rodríguez, que buscará un bloque de izquierda, al igual que otros promotores y aspirantes independientes a la Gubernatura, como Fernando Turner, por Morena, o Miguel Treviño, por Movimiento Ciudadano, están a la expectativa del voto libre que quede fuera de esas estructuras partidistas.

El voto territorial

Plazas laborales en administraciones municipales o estatales para liderazgos territoriales, para sus familiares, o apoyos especiales de programas gubernamentales, son las vías para el control de ciertos distritos populares.

Y para muestra un botón.

En junio pasado, Reporte Indigo publicó la guerra por el control de los tres primeros distritos electorales del estado ubicados en Monterrey, donde el Gobierno del Estado que dirige el gobernador Rodrigo Medina enfocó la fuerza de su programa PASO (Programa de Activación Social).

La frecuencia en estas zonas localizadas al poniente y norponiente de la ciudad, fue contundente por parte del tricolor, debido a su importancia estratégica.

En estos distritos se concentró casi el 50 por ciento de los votos emitidos en toda la capital durante las elecciones a diputados locales en 2012.

Pero el PAN no está de acuerdo en ceder ese territorio y también frecuentó con eventos de su programa PAC (Programa de Acción Comunitaria) el poniente de la ciudad.

De hecho, en 2012 la alcaldesa de Monterrey, Margarita Arellanes, abrió el programa PAC en el sector de Aztlán, ubicado en esa zona y luego continuó durante su administración frecuentando ese distrito.  

El enfoque de ambos programas que llevan apoyos y atención a esos distritos es por su enorme cantidad de votos emitidos en una elección.

El Gobierno del Estado busca regenerar una estructura del PRI para nulificar la presencia del PAN en esos distritos, considerados históricamente priistas, pero que en su mayoría fueron arrebatados por el albiazul en la anterior jornada electoral en 2012.

Hace dos años se registraron 241 mil 188 votos en los distritos 1,2 y 3. Ahora el tricolor solamente ganó el 2. 

Esa cantidad de sufragios en los últimos comicios para diputaciones locales representó un 45 por ciento de los votos emitidos en la capital regia.

El PRI ganó el distrito electoral 2, el único de los ocho ubicados en Monterrey que el tricolor obtuvo en 2012, con 27 mil 735 votos, frente a los 15 mil 90 obtenidos por el blanquiazul.

Una guerra de apoyos por el voto en las colonias de esos sectores y no hay oportunidad para otros partidos que no tienen ni nóminas, ni programas de ayuda social para cambiar la intención del voto. 

También es crítico el distrito electoral 1, que antes pertenecía al partido del gobernador Medina y que fue arrebatado por su oposición hace dos años.

Ahí, el PAN alcanzó 47 mil 99 votos y quedó muy apenas por encima del tricolor, que obtuvo 43 mil 724.

Aunque fue una diferencia de tan sólo 3 mil 375 sufragios, la victoria fue un duro golpe al priismo local, ya que este territorio era considerado un bastión tricolor durante la última década.

De hecho, en 2009 el PRI sumó ahí 52 mil 90 votos, es decir, 19 mil 538 más que los que recibió el PAN.

Pero la operación albiazul y sus programas de apoyo en esa área durante las administraciones municipales de Monterrey de Fernando Larrazabal y de Margarita Arellanes modificó el comportamiento del electorado.

Con esta lucha en las trincheras distritales, con programas de apoyo social y plazas gubernamentales, los partidos y candidatos alternos no tienen oportunidad: el bipartidismo se afianza en Nuevo León.