$500

pesos es en lo que venden 
la aleta de tiburón


"Somos un sector que producimos, generamos economía, empleo y exponemos nuestras vidas, porque para ser pescador hay que tener coraje"

Gener Pineda Cervantes

Pescador

http://www.youtube.com/watch?v=8ALnV6os9Xs

Los pescadores de Oaxaca llevan más de una década con la soga al cuello.

Año con año enfrentan los destrozos de los huracanes sin recibir apoyo suficiente por parte de las autoridades.

Por si fuera poco, a partir del primero de mayo la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) decretó que ya no se puede pescar ninguna especie de tiburón.

La veda se mantendrá hasta el 30 de junio.

Esto, bajo el argumento de proteger a la especie que tiene baja fecundidad, larga gestación y lento crecimiento.

Gener Pineda Cervantes, presidente de la Alianza de Organizaciones Pesqueras, Acuícolas e Investigadores de Pesca del Estado de Oaxaca asegura que los pescadores de la región dejarán de percibir 30 millones de pesos por la veda del tiburón y la negativa sistemática a sus permisos de pesca de atún con palangre.

Pineda Cervantes dice que las políticas de los sexenios panistas,  los intereses del exgobernador priista Ulises Ruiz, y el cacicazgo del subdelegado de Conapesca, Ramón Velázquez Hernández –quien lleva 10 años en el cargo- terminaron por hundirlos, por lo que hoy, claman justicia.

Cerca de 5 mil familias de Puerto Ángel, Puerto Escondido, Huatulco y Tonameca solo pescan lo poco que les dejan los monopolios atuneros Grupomar, de Antonio Suárez, y Pesca Azteca, de Leovigildo Carranza Beltrán, recalca el líder de los pescadores.

El primero, es líder en productos enlatados Tuny, y el segundo produce las marcas Maratún, Dolores y Dorado.

Ellos, con la anuencia de las autoridades federales y locales tienen a su servicio las costas oaxaqueñas donde se produce el 70 por ciento del atún que produce el país, asegura  a Reporte Indigo.

Cuentan con la mayor flota del Pacífico y cubren el mercado nacional, destaca.

Sus embarcaciones de gran calado se llevan en cada viaje mil 800 toneladas de atún a Sinaloa. En cambio, los pescadores de la región aseguran que no capturan ni el uno por ciento.

Una decisión 
de escritorio

Los pescadores aseguran que no se oponen a la veda del tiburón -que se decretó por primera vez en 2012 y se repetirá este año- lo que lamentan es que la decisión se tomó sin realizar un estudio oceanográfico.

La decisión se hizo desde el escritorio porque el tiburón se veda solo durante cinco meses por las lluvias, afirma Gener Pineda Cervantes, presidente de la Alianza de Organizaciones Pesqueras, Acuícolas e Investigadores de Pesca del Estado de Oaxaca.

Desde el 2012, los mil 700 pescadores que pertenecen a esta organización solicitaron una alternativa a las autoridades para que sus familias no se quedaran sin sustento, pero ésta nunca llegó.

De hecho, no han recibido ningún apoyo del gobierno de Gabino Cué, Conapesca, Sagarpa, Semarnat, Profeco o Conagua, confirma el representante de 25 mil productores en la entidad.

En respuesta han tenido solo el silencio de Edgar Guzmán Corral, delegado de la Semarnat en el Estado, y de Benjamín Hernández, director de Pesca.

A ello se suma el rechazo del subdelegado de la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (Conapesca) de otorgar los permisos de pesca, y la extorsión a la que, aseguran los pescadores, son sometidos a través de los inspectores de la dependencia.

“Todos los colores para nosotros han sido lo mismo porque no cumplen. Pero ya no vamos a permitir que se nos humille porque no estamos pidiendo limosna”, advierte Pineda Cervantes en referencia a los partidos políticos.

Por lo pronto, ya integraron un frente común con los pescadores de Guerrero y Chiapas para exigir a las autoridades respuesta a sus demandas y se integre un fondo emergente para las épocas de veda.

“Somos un sector que producimos, generamos economía, empleo y exponemos nuestras vidas, porque para ser pescador hay que tener coraje”, enfatiza.

Apenas les alcanza

Francisca López es comerciante de tradición y sus hijos son pescadores, salen a las dos de la tarde y regresan a las tres de la mañana.

Pero sólo vuelven con uno o dos pescados que utilizan para el autoconsumo.

Emiliano Ortiz, pescador por herencia, lleva 35 años lanzándose cada día a la mar y sabe que hoy la problemática es más difícil.

No solo por las grandes embarcaciones atuneras que saquean el producto de las costas oaxaqueñas y se lo llevan a Sinaloa. También, agrega, por los barcos chinos que sólo pescan los tiburones para quitarles las aletas y los devuelven al mar para que se desangren y mueran.

“Y nosotros, en cambio, ni siquiera lo podemos aprovechar”, indica Cristino García Ramírez, presidente de la Cooperativa Cuidamar de Puerto Ángel.

Tienen que conformarse con la pesca de acompañamiento, dice, que es muy riesgosa, pero lo hacen por necesidad.

Al parecer Conapesca nunca visualizó el problema que se iba a generar.

“Nunca nos tomaron parecer a los pescadores”, destaca García Ramírez.

Asegura que ellos han cumplido con todos los requisitos para poder pescar atún pero aún así no tienen ninguna respuesta.

Para Jaime Cervantes, también pescador, no ha podido pescar desde hace varios días  “¿y de qué van a vivir nuestras familias?”, cuestiona. “No queremos robar, asaltar, secuestrar, el mar es muy grande y nuestras embarcaciones menores no llegan más allá de 200 millas”.

Entre la espada y la pared

A los pescadores, las autoridades les hicieron la promesa de otorgarles un apoyo para compensar la falta de ingresos por la veda del tiburón, y bajo esa esperanza, muchos consiguieron créditos con cajas de ahorro para mejorar sus lanchas.

Hoy, están a punto de perderlas por falta de pago, pues los apoyos no llegaron y sin pesca no hay dinero.

Para colmo, aseguran que la Secretaría de Marina Armada de México (Semar) hace operativos constantes y si detecta que alguno de ellos pesca tiburón, aunque sea incidentalmente en sus redes, les quitan su equipo, los multan con 500 mil pesos, y ellos terminan en la cárcel por no poder pagarlos.

La Semar hace su trabajo, acepta Pineda Cervantes, pero con todo eso, el pescador ahora ve como su enemigo a la Marina.

Luis Enrique Velázquez Ruiz, integrante de la Sociedad Cooperativa de Producción Pesquera Progresista Siglo XXl de Puerto Escondido, también se queja del engaño.

“Somos un sector muy lastimado y ya no aguantamos”, dice.

Por eso hace un llamado al presidente Enrique Peña Nieto, porque la problemática en las costas de Oaxaca “ya se salió de contexto” y las autoridades hacen oídos sordos. 

“No queremos que nos regalen dinero, que nos dejen trabajar. Pero enfrentamos la amenaza de la Armada que recoge las embarcaciones y la ‘mochada’ que nos pide el subdelegado de Conapesca”, asegura Velázquez Ruiz.

Pero tal pareciera, dice, que las autoridades están bajo mando de otras personas, que actúan como los dueños de los mares mexicanos.

No hay respuesta

Raymundo Gallegos explica cuando hay veda del tiburón se tiene que pescar de 30 a 60 millas de la costa, y con la raya, de dos a siete millas.

“Nos cierran la posibilidad del sustento”, asegura. 

El integrante de la Cooperativa de Bahías de Huatulco del Consejo Municipal de Pesca cuestiona bajo qué sustento legal dicen las autoridades que no hay permisos.

“Ni siquiera nos dan una respuesta clara, simplemente es el silencio, y así han transcurrido diez años”, asegura.

Solo hay protocolo y no existe la voluntad de darle solución a la problemática, dice, “y el hambre está ahí”.

Ana Laura González, presidenta de las Cooperativas de Puerto Ángel advierte que la veda afecta ya a 100 mujeres que se dedican a procesar el pescado.

“Y no tenemos otra forma de trabajar porque no nos dan alternativas”, agrega.

Por su parte, Ericka Ibarra, vicepresidenta del Consejo Pesquero de Puerto Escondido, quien opera la oficina sin ningún apoyo del municipio, acusa a los funcionarios menores del gobierno de Cué de no entregar el apoyo económico que les prometió.

“Ya tenemos pérdidas económicas de más de 40 mil pesos, pues los kilos de aletas de tiburón los vendíamos en mil 500 y ahora apenas nos dan 500 pesos”, reclama.

Ibarra asegura que es muy triste que si quieren trabajar ‘derecho’ les pongan tantas trabas.

“Somos el sector primario de la economía y no nos apoyan”.

Muchas familias no pueden mandar a sus hijos a la universidad, dice, y no pueden porque no tienen con qué.

Trabajan con motores viejos mientras que los recursos se van a otras personas “que ni siquiera saben del mar”, recalca Ibarra.