Las campañas con miras a los comicios del próximo 6 de junio arrancan con la definición de dos bloques políticos claros en una lucha por imponerse para definir el futuro del país: Juntos Haremos Historia y Va por México.

Mientras que Morena y sus aliados -PVEM y PT- le apuestan a continuar reforzando el proyecto del presidente Andrés Manuel López Obrador y la Cuarta Transformación, así como sumar nuevas gubernaturas, el bloque de partidos opositores como el PAN, el PRI y el PRD, unieron fuerzas con el objetivo de quitarle al partido guinda la mayoría en la Cámara de Diputados y frenar su avance en los estados.

Por ahora, el proyecto de Morena se juega en “tres pistas”, pues está en disputa el control del Congreso, 15 gubernaturas y los Congresos locales, cuya mayoría es importante para la realización de reformas constitucionales, para las cuales no sólo se requiere una mayoría calificada de dos terceras partes en ambas Cámaras del Congreso de la Unión, que Morena ha logrado mediante la coalición Juntos Haremos Historia, sino también con al menos 17 Legislaturas estatales para ratificar la modificación.

Actualmente, el partido oficial y sus aliados son mayoría en 21 estados de la República.

Mantener el rumbo

A lo largo de sus tres años de gobierno, López Obrador ha realizado diversas modificaciones constitucionales como con la que se elimina el fuero presidencial, también se encuentran otras mucho más polémicas, como la reforma a la Ley de la Industria Eléctrica o la de Hidrocarburos, proyectos a los que quiere dar seguimiento.

“El partido en el gobierno busca que su estrategia para los siguientes tres años, para la segunda mitad del sexenio, sea profundizar los cambios que han impulsado en la primera mitad”, comenta Khemvirg Puente, coordinador del programa de posgrado de Ciencias Políticas de la UNAM.

“Morena y los partidos de la cuarta transformación tienen presencia efectiva en seis gobiernos estatales, ampliar su influencia sin duda alguna será un proyecto indispensable, creo que tenemos que entender que esto se está jugando en tres áreas distintas”, afirma el profesor de la UNAM y politólogo Ricardo Tapia Basurto.

En la competencia electoral, intentan colocarse institutos como Movimiento Ciudadano (MC), partido que se quiere posicionar como la tercera opción política al no formar ninguna alianza.

Asimismo, habrá nuevos partidos como Redes Sociales Progresistas o Fuerza por México, afines a la 4T, que intentarán mantener su registro, mientras otros institutos como el Verde, el PRD, o el PT, podrían estar en riesgo de perderlo de no alcanzar el porcentaje de votos que mandata la ley.

Disputa en grande

La oposición tiene la obligación en sus campañas de hacer llegar a la ciudadanía el mensaje de que son una alternativa viable, algo que hasta el momento no han logrado.

“Creo que los partidos no han tenido la capacidad de comunicar una estrategia que los presente como una alternativa atractiva. Creo que la oposición se ha debilitado en gran medida por su incapacidad de comunicar con eficacia, lo cual los puede dejar fuera de la competencia”, dice Puente.

El próximo 6 de junio se renovarán 30 Legislaturas estatales. Solo Coahuila, en donde el PRI es mayoría tras los comicios de 2020, y Quintana Roo, que en 2019 se sumó a la lista de Congresos controlados por Morena, no estarán en juego.

Ante la barredora que amenazaba ser Morena con miras al proceso venidero, los partidos de oposición se aglutinaron, aunque algunas de sus figuras prominentes aseguran que será sólo por esta edición en una especie de “juntos, pero no revueltos”.

Esta alianza -Va por México- poco inusual, de acuerdo con el profesor Ricardo Tapia Basurto, tiene sentido si lo que se busca es hacer daño al partido en el poder, sin embargo, también favorece la narrativa del presidente Andrés Manuel López Obrador del PRIAN.

Presencia territorial en campañas

Los partidos políticos recurren al “manual de campaña electoral” para “mostrar músculo” mediante actos multitudinarios y recorridos territoriales aún en plena pandemia por COVID-19.

“Si fuéramos un país que tuviera una conectividad mayor, con más gente que tuviera internet y redes sociales, se podría transitar hacia un tipo de campaña mucho más de aire, de spots, de redes sociales. Sin embargo, sigue habiendo esa necesidad, digamos, normal en la política de lo que es la actividad territorial”, explica Hugo Garciamarín.

A consideración del profesor de la facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, tanto la emergencia sanitaria como el hecho de que se trata de elecciones intermedias, donde la Presidencia de la República no estará en juego, posibilitan un mayor nivel de abstencionismo en comparación con los comicios de 2018, lo que hace más importante la participación de las estructuras partidistas.

“Vamos hacia un escenario en donde probablemente tengamos baja participación de parte de la ciudadanía. Eso lo que implica es que, más que el voto disperso o razonado, va a quedar sobre todo en el voto estructural. Por eso los partidos recurren a la movilización, a seguir estando presentes en el territorio”, dice.

Entonces, lejos de apostar por la denominada política 2.0, en gran parte por las carencias de conectividad que hay en el país, se adhieren a las estrategias de campañas que les han dado frutos con sus estructuras y con las clientelas electorales que han forjado.

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