Tragedia cultural en el séptimo piso

Se ha cometido un crimen cultural que tiene atónito al mundo dentro y fuera de la literatura. Después de 27 años de trabajo y miles de fotografías tomadas por el argentino Daniel Mordzinski, su archivo de negativos y acervo fue destruido por personal de Le Monde, o al menos esa es la acusación del propio fotógrafo.

María Alesandra Pámanes María Alesandra Pámanes Publicado el
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Se han perdido originales de retratos que incluyen a Mario Benedetti asomándose sonriente, a Elena Poniatowska mirando a una rama por encima de su cabeza, Laura Esquivel alzando una estola, Octavio Paz con un libro en mano y a blanco y negro. Y a Carlos Monsiváis sentado frente al mar

Se ha cometido un crimen cultural que tiene atónito al mundo dentro y fuera de la literatura. Después de 27 años de trabajo y miles de fotografías tomadas por el argentino Daniel Mordzinski, su archivo de negativos y acervo fue destruido por personal de Le Monde, o al menos esa es la acusación del propio fotógrafo.

“Durante más de diez años utilicé, en virtud de la alianza entre El País y Le Monde un despacho en el séptimo piso de la redacción parisina del vespertino, donde guardaba miles de negativos y diapositivas originales, que hace unos días desaparecieron, así, sin más”, dijo en un comunicado.

El escritor peruano Iván Thays aseguró en su blog “Moleskine Literario” que “es un crimen al patrimonio artístico y literario de la literatura contemporánea, en especial la latinoamericana”.

Algunas de las fotografías de Mordzinski captaron a grandes escritores en la cúspide de sus carreras, entre ellos Gabriel García Márquez y aquella mítica imagen en la que aparece sentado en un costado de la cama.

De los más de 80 escritores (tres generaciones de los autores más destacados de Iberoamérica) que fotografió Daniel, también están Jorge Luis Borges, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Mario Benedetti y Julio Cortázar.

Un legado cuyos retratos incluyen a Mario Benedetti asomándose sonriente, a Elena Poniatowska mirando a una rama por encima de su cabeza, Laura Esquivel alzando una estola, Octavio Paz con un libro en mano y a blanco y negro. Y a Carlos Monsiváis sentado frente al mar.

“Me siento un tipo afortunado y mi gran fortuna es haber logrado un lugarcito entre los escritores para hacer fotos personales y únicas que solo fueron posibles gracias al respeto y complicidad que ellos tienen por mi trabajo”, aseveró Daniel a El Tiempo, apenas en diciembre pasado.

Tras el hecho, añade Mordzinski, “nos pusimos a buscar y encontramos en un sótano el gran archivador que yo mismo pinté de negro hace 10 años. Nadie sabe ni quiere saber por qué decidieron ‘desaparecer’ mi trabajo de toda la vida. Miles de fotos tomadas a lo largo de veintisiete años. Veintisiete años de esperas, nudos en la garganta, noches en vela, revelados angustiosos”.

Ante preguntas sin respuestas, con la mirada en el suelo, solo obtenían un “je suis desolé” (“lo siento”, en francés).

Lo que muchos nos preguntamos es: ¿Acaso nadie vio que se iban deshaciendo y tirando a la basura todas las cosas del séptimo piso? Y claro, ¿quién fue el autor intelectual?

Al cierre de esta edición, Le Monde no ha emitido palabra alguna ante la acusación, pero el apoyo mostrado ha ido en aumento, así como el asombro y el enojo internacional.

Indignación 

El coraje, la angustia y el dolor se han expresado por todos lados, incluso en el muro de Facebook de Le Monde. 

Curiosamente, son más los escritores que los fotógrafos indignados, pues su legado es un archivo incomparable de autores contemporáneos.

El escritor chileno Luis Sepúlveda aseguró vía una petición en Facebook que “desde la ira, desde la bronca y el dolor, porque a uno de mis más queridos amigos, a mi hermano del alma Daniel Mordzinski, el gran fotógrafo de la literatura, le han hecho desaparecer veintisiete años de trabajo, ¡27 años!, el trabajo de toda una vida botado a la basura, y no es una metáfora, no: las manos de un cretino que seguían los órdenes de otros cretinos decidieron que el trabajo de Daniel Mordzisnki no merecía más destino que el desprecio y la basura”.

Para Thays, una persona “sin criterio” alguno se encargó de destruir el archivo que Mordzinski guardaba en el séptimo piso de la redacción de Le Monde.

Daniel ha expresado que aunque no existe la manera de recuperar su preciado trabajo, al menos quiere una explicación y constancia de lo que pasó en el diario francés.

“La indignación y la pena me devoran”, enfatizó.

Un crimen cultural
Sitio Web del fotógrafo argentino

Solidaridad con un legado único
Envía tu firma de apoyo al correo dmordzinski@free.fr

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