La oscuridad del ser humano se indaga en la obra de teatro “Un Dios Salvaje”

Un Dios Salvaje es una obra de teatro que explora las complejidades de las relaciones humanas y las frágiles máscaras que todos se ponen para coexistir en sociedad
Karina Corona Karina Corona Publicado el
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Miguel Septién tomó el reto de dirigir la obra Un Dios salvaje, una pieza que tiene como naturaleza indagar en lo más oscuro y recóndito del ser humano.

Tras tener una primera temporada en el Teatro Milán, con un lleno total, el director expresa que ha sido una experiencia muy grata, sobre todo al estar en un país como México, donde esta expresión artística muchas veces no es tan apreciada, ni es un evento al que se acuda con frecuencia.

“Es gratificante saber que la gente está acudiendo y llenando la sala cada semana. Es complejo trabajar con textos que son tan conocidos y tan aplaudidos; si bien tienes un campo muy fértil para crear, también es un arma de doble filo, porque hay una expectativa grande y una visión muy clara de cómo cada quien cree que la historia debe contarse”, expresa Septién a Reporte Índigo.

“El hecho de dirigir, de guiar equipos y actores me obliga a estar en constante cuestionamiento sobre mi manera de interactuar con el mundo, con las personas y conmigo mismo”
Miguel SeptiénDirector

Domar o subyugar al animal

Con una dramaturgia a cargo de Yasmina Reza, Un Dios salvaje presenta a dos parejas de padres de familia, quienes se reúnen para discutir sobre una pelea entre sus hijos, pero su discusión civilizada muy pronto termina en malos modales, insultos y gritos.

Para el director, se trata de una historia que, “como buen clásico moderno”, habla de cuestiones inherentemente humanas que nunca van a cambiar y que siempre va a ser pertinente reflexionar sobre ellas. En este caso, sobre las máscaras sociales.

“¿Qué tan capaces somos de domar o subyugar el animal visceral que todos llevamos dentro? Y cuando lo hacemos, ¿en aras de qué lo hacemos, de crear una sociedad más armónica o con intereses y motivos de por medio? Esto es algo que creo siempre va a existir mientras sigamos siendo la especie que somos y lo vamos a poder relacionar con asuntos que estamos viviendo como sociedad”, agrega.

La violencia es una piedra angular de todo el paradigma sobre el que está construido el texto, en todos sus niveles, desde la física, más literal y más tangible, pasando por la argumental. Pero también, expone Miguel, por el machismo, lo cual está presente en la obra, tanto en hombres como en mujeres.

“La obra presenta muchas actitudes muy fuertes, de machismo, por ejemplo, bastante detestables. El punto es tratar de contar la historia como está escrita y entender que si estamos poniendo esto sobre un escenario no es para fomentarlo ni exaltarlo, sino para criticarlo y crear una ventana hacia cosas que suceden en el día a día y más frecuentemente de lo que nos gustaría.

Un Dios salvaje se llevará a cabo, los miércoles hasta el 7 de junio en el Teatro Milán, a las 20:30 horas

“Definitivamente es un reto el decir vamos a zambullirnos en esta oscuridad y en estas actitudes tan nefastas que existen en nuestra sociedad para tratar de crear un poco de reflexión en torno a ellas”, opina.

Con esta pieza, el director busca crear conciencia sobre la violencia y eventualmente erradicarla. Aunque, por desgracia, lo ve casi imposible por la misma naturaleza del ser humano.

“Somos animales bendecidos, si queremos verlo así, con una conciencia de nuestra propia existencia que nos permite cuestionarnos, pero esto también puede ser la maldición. Tenemos que comer, dormir y cubrir nuestras necesidades básicas, lo cual implica muchas cuestiones que pueden llevar a la violencia”, explica.

Para el director, mientras la humanidad se mantenga igual, no va a dejar de tener esa batalla constante “con lo animal”.  A pesar de ello, él continuará indagando en el ser desde su trinchera, espacio que ocupa para profundizar y encontrar explicación sobre sí mismo y el ser.

“Las obras que me gustan hacer tienen que ver con preguntas filosóficas, es algo que relaciono con mi vida diaria; esta idea de que somos seres constantemente en guerra: el instinto, lo visceral y lo civilizado, lo lógico, lo moral y éticamente correcto. Somos entes que tenemos que ver a qué caballo le vamos a soltar más las riendas y en qué momento”, concluye.

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