La obra de teatro, escrita por Josué Almanza, es dirigida por Julián Reyes Botello y producida por MoS e Inbursa, gracias a EFIARTES. Foto: Especial

La ciencia ficción postapocalíptica llega a escena; esta obra cuestiona lo “obsceno de la existencia”

Los obscenos de Silere/Vórtex desafía las reglas establecidas y, al mismo tiempo, lleva a reflexionar sobre la ética y moral, También explora y cuestiona la existencia humana en un mundo fracturado y complejo

El director Julián Reyes Botello considera que una de las primeras obras de ciencia ficción fue Frankenstein, de Mary Shelley.  En esta novela, la criatura creada por el científico se cuestiona a sí mismo y a su creador, planteando quién es realmente el humano y quién es el verdadero monstruo.

Esta idea, junto con la atracción por lo monstruoso, se manifiesta y trasciende en la obra de teatro Los obscenos de Silere/Vórtex, que se presentará en el Teatro la Capilla.

La trama del montaje se desarrolla en un mundo distópico, similar a las desoladas tierras de las películas de Mad Max. La narrativa está dividida en dos actos: el primero transcurre en un mundo postapocalíptico lleno de suciedad y escasez, mientras que el segundo acto se sitúa en un lugar más parecido a la estética de Blade Runner, con marcadas diferencias de clases sociales.

“La obra tiene que ver con el sentido de la vida, es decir, la ciencia ficción funciona como una forma para dialogar desde otros lugares a través de un alejamiento, de decir esto no está pasando ahorita, está pasando en el año 2377, pero sabemos que sí está pasando ahorita. Es muy similar a lo que hacía Shakespeare en su época.

La historia se sitúa en el futuro, donde los protagonistas son los habitantes de dos universos paralelos conectados por el dolor y la violencia

“Se pregunta por el sentido de la vida, de la existencia individual, por cómo podemos seguir estando vivas, construyendo algo que llamamos vida en una sociedad que se maneja a través de la explotación, que niega o que censura muchísimo más el erotismo de lo que censura la violencia, en una sociedad que abraza la violencia como un acto normal”, expone el director.

Dentro de esas dinámicas, el guionista José Almanza plantea esta obra como una especie de ensayo sobre la violencia al cuestionarse el verdadero sentido de la felicidad y la existencia.

“Finalmente, la respuesta a esta pregunta está justo en el título del texto, que es lo obsceno, pensando en lo obsceno no como lo grotesco, sino bajo una de las posibles etimologías es lo que sucede fuera de escena en el teatro griego, que es fuera de escena, literalmente”, agrega.

De acuerdo con Reyes Botello, en el teatro griego lo que sucedía fuera de escena era la violencia y  el erotismo, entonces, lo que pretende  el dramaturgo José Almanza en este texto es plantear que lo obsceno es lo que escapa de la posibilidad del lenguaje, y por ende, escapa de la lógica y el entendimiento.

Muestra un futuro muy actual y debastador

Los obscenos de Silere/Vórtex lleva al público al año 3217, pese a que las catástrofes naturales y las enfermedades han diezmado en la última década a la población humana, esta aún es dominada por otra que vive en una realidad alterna.

Se trata de los universos paralelos de Silere y Vórtex. El primero es un desierto en un mundo postapocalíptico, donde sus habitantes visten desgastadas prendas cafés, grises y verdes para proteger su piel de la intemperie, y donde su dolor es explotado para beneficio de otra civilización.

Mientras Vórtex es el nombre de la empresa que genera dolor en el primer universo para poder crear energía a su costa y vivir cómodamente en un mundo donde la gente viste de blanco impoluto, con formas arquitectónicas y en el que destaca el diseño lumínico.

“A mí me vibró mucho dirigir este texto desde el preguntarme o entender cuál es el sentido de nuestra existencia en un mundo como en el que estamos frente a crisis climáticas, donde la explotación es la base de la sociedad. Otra cosa que nombra la obra es el individuo frente a la sociedad. Yo como persona me nombro y por lo tanto me responsabilizo de mis actos”, explica.

El elenco y el equipo de producción han cambiado desde la primera lectura de la obra, en 2019, lo que ha llevado a un proceso de entendimiento y lectura más profunda del texto, en especial por la complejidad narrativa y la ruptura temporal que experimentan los personajes.

Cuestiona la moral y la ética

Uno de los aspectos más atractivos de la obra es su poderosa estética visual, que se alinea con la idea de ciencia ficción para abordar cuestiones filosóficas internas.

Además, la obra desdibuja la dicotomía entre el bien y el mal, explorando la complejidad ética y moral de los personajes en un mundo en crisis, donde la violencia y el placer extremo conviven y desafían las reglas morales convencionales.

“Siento que la ciencia ficción que han tenido un boom muy impresionante en los últimos años, algunas han logrado desdibujar la idea de lo blanco y lo negro, del bien y el mal como dos conceptos antagónicos, perteneces a uno o perteneces al otro.

“Finalmente, la vida en la sociedad es muy complicada y eso es muy claro en esta pieza, tenemos, por ejemplo, a una sobreviviente de tortura, que fue torturada cuando era niña, ¿qué postura toma frente a su torturador? Ella acciona desde esa pregunta, si lo que está haciendo es justicia o es venganza”, precisa el director.

Ante ese cuestionamiento, Julián Reyes expone que este montaje expone a sus personajes a dudar de su propia ética y moral, entre sentir un placer extremo o un dolor inconmensurable, porque “moralmente está mal sentir placer”.

La puesta en escena se presentará los sábados, del 5 de agosto al 23 de septiembre, a las 18:00 horas, en el Teatro La Capilla, en Coyoacán

“Me parece que la moral queda supeditada a la ética; sin embargo, la moral aparece para decir ‘aquí existo’, y pone en ridículo ciertas reglas morales que tenemos. Por otro lado, la ética pone en crisis la idea. De pronto, ciertos individuos dicen ‘ok, para seguir estando con vida necesito explotar a otros’.

“Yo no sé desde dónde podríamos juzgar ese acto, no sé si haríamos lo mismo, yo no sé si haría lo mismo, preferir vivir a través de otros, o no. Hasta cierto punto lo hacemos en nuestra sociedad, ahorita estoy hablando contigo gracias a que hay gente en las minas de litio. Prefiero ser, hasta cierto punto, ignorante de esa situación, en tanto que decido no recordarlo, o atenderlo, y eso es mínimo en comparación a todo lo que estamos haciendo”, reflexiona.

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