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Terabytes con unas 30 horas de material fueron las que salieron del rodaje
“Ellos ya no van arriba de ‘La Bestia’, ya no duermen en el desierto, a lo más tienen que cruzar y bordear retenes, es un servicio VIP personalizado”
Guillermo GaldósDocumentalista
A algunos ‘sin papeles’ se les colocan grilletes para saber su localización dentro de los Estados Unidos

Rosa salió de El Salvador para alcanzar a sus dos hijos en California e ir tras el clásico sueño americano. En su travesía hacia la Unión Americana, la mujer fue detenida por las autoridades migratorias, no opuso resistencia y pidió asilo en el país.

Los jueces le concedieron entrar a Estados Unidos con la condición de que se reportara paulatinamente con los oficiales que llevaban su caso. Rosa no se volvió a presentar y ahora tiene orden de deportación inmediata.

“Fue por ignorancia”, es como dice que le narró la salvadoreña al director Guillermo Galdós la experiencia de la indocumentada, que de haber  estado consciente de su situación habría acudido a tiempo, hoy la mujer se arrepiente de su pésima decisión.

“No les da para leer un documento, porque no tienen educación, es gente que si tienen hasta segundo básico es mucho, si saben escribir su nombre ya es mucho”, describe el cineasta peruano en entrevista para Reporte Indigo.

Pero la situación de Rosa no es un martirio, ya que aunque vive con miedo, está en el primer mundo que ahora rige Donald Trump y logró llevar a sus dos hijas, Carmen y María –de 12 y 23 años de edad, respectivamente–, al país del norte, antes de que la frontera se pusiera más dura con el paso migrante, con la ayuda de coyotes que le cobraron 4 mil dólares.

“Ellos ya no van arriba de ‘La Bestia’, ya no duermen en el desierto, a lo más tienen que cruzar y bordear retenes, es un servicio VIP personalizado”, cuenta el realizador.

Esta es sólo una historia de las plasmadas por Galdós en “Niños de la frontera”, documental que se estrena por Discovery Channel hoy a las 21:00 horas y fue producido meses antes de la llegada del magnate neoyorquino a la Casa Blanca.

El documental fue realizado con un presupuesto de 150 mil dólares aproximadamente y el equipo de producción rodó alrededor de 30 horas de material, que se resguardaron en cuatro terabytes.

Libertad con grillete

La agente de la Border Patrol Marlene Castro resguarda las cercanías de Río Grande del lado de McAllen, Texas, su tarea sin descanso ocurre más allá de cuando el sol cae en el horizonte y en su paso se topa madres con sus hijos, adolescentes solitarios, de personas sin papeles que desean llegar a suelo estadounidense.

Una noche, la oficial detiene un contingente grande de centroamericanos en donde Miguel, proveniente de Honduras, trae en brazos a sus hijos de seis y nueve años de edad, su esposa se tuvo que quedar atrás junto al menor de la familia, esperando él poder llegar primero a Estados Unidos para luego mandar por ella.

Después de que se le aplica un examen riguroso de miedo creíble, se le abren las puertas a la nación del Tío Sam con una condición: portar un grillete electrónico para saber su localización, tanto para él como para los pequeños.

“Mi sentir es que estaba más feliz que un perro con dos colas, así estuviese con grillete, porque lo habían dejado entrar (…) el grillete sirve pero también hay muchas personas que se lo sacan, no es muy difícil sacárselo”, comenta Galdós sobre la entrevista que le hizo a Miguel y su familia.

Fuera del documental

De entre las 30 horas de material grabadas hubo muchas experiencias que quedaron fuera del testimonial filmado por Discovery Channel, inclusive una cámara que tenía Carmen –de 12 años– registró el momento cuando pasó por la frontera pero ésta le fue robada.

“Me hubiese gustado poner más de la familia con la vida que tienen el día de hoy en los Estados Unidos, mostrar también los trabajos que los indocumentados hacen en California por ejemplo”, dice Galdós.

Para el director, las franquicias de comida rápida son ﷯nichos latinos, son lugares en los que abundan personas con papeles ﷯de alguien más para trabajar.

Galdós prefirió dejar el material en la sala de edición para no poner en riesgo la localización de los salvadoreños que le confiaron su testimonio. Rosa decidió arriesgarse a dejar su encierro y exponerse a la deportación para ir a recoger a Carmen al aeropuerto de Los Ángeles el día que fue soltada por las autoridades.

“Yo creo que las autoridades americanas saben perfectamente dónde es que están las personas que están sin documentos (…) lo difícil es sacar a los más de 11 millones de indocumentados”, reflexiona el también periodista.