Algunos pueblos creían que los eclipses causaban malformaciones a los fetos y los niños podrían sufrir mutación animal. Foto: Especial

Cuando el Sol era devorado por un monstruo, la cosmovisión prehispánica de los eclipses

En Mesoamérica los eclipses solares marcaban hechos fundacionales o cambios de gobierno; también causaban miedo. En sitios como Xochicalco, Teotenango y Palenque hay grabados que registran estos fenómenos astronómicos

Según algunas hipótesis arqueológicas, la fundación de México- Tenochtitlán se dio a partir de un eclipse total de Sol acontecido el 13 de abril de 1325 d. C. Aunque esta propuesta todavía genera discusiones entre los especialistas, sirve para ilustrar la importancia que los eclipses tenían en las sociedades del México antiguo.

Ya sea como acontecimientos que marcaban hechos fundacionales o cambios de gobierno, está claro que un fenómeno astronómico como el que sucederá este 8 de abril tenía un significado especial en esas sociedades que basaban su supervivencia en torno a la agricultura, lo cual los obligaba a contemplar el cielo y los astros para registrar detalladamente el comportamiento del tiempo y del clima.

“Mesoamérica se guía ideológicamente, interpretativamente del cielo. La cosmovisión prehispánica se basa en el cielo porque aprende del movimiento, de la certidumbre, de la geometría, de la exactitud para replantearse en la sociedad este orden. Los cielos marcan un orden perfecto y se quiere entonces que la sociedad emule este comportamiento, siempre predecible, siempre constante. Y el eclipse, sin duda, era la máxima manifestación en el cielo de un cambio”, comenta en entrevista con Reporte Índigo el arqueoastrónomo Ismael Arturo Montero García.

¿Por qué le temían los mesoamericanos a los eclipses?

El titular del Centro de Investigación y Divulgación de la Ciencia en la Universidad del Tepeyac y colaborador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) refiere que en los registros documentales prehispánicos que todavía sobreviven los eclipses aparecen  con la imagen de un ser sobrenatural o una mandíbula devorando al Sol, una representación que llegaba a causar miedo y caos entre la población que no tenía acceso a los conocimientos científicos que sí desarrollaron las élites gobernantes.

El arqueólogo sostiene que los gobernantes y eruditos de grandes ciudades mesoamericanas desarrollaron conocimientos precisos para predecir los eclipses  y otros fenómenos astronómicos. Sin embargo,  este conocimiento y su manejo correspondía a la clase social gobernante y sacralizada, mientras que el grueso de la población lo ignoraba, “por lo tanto estaban sujetos al caos, a la angustia, a la desesperación”.

“Decían que el sol estaba siendo devorado por un monstruo, por un ser fantástico”, señala.

En su libro La astronomía en Mesoamérica (2013), el investigador asegura que los pueblos mesoamericanos suponían que los eclipses afectaban principalmente a los seres más débiles: “los fetos y los niños. Los primeros sufrían malformaciones mientras que los segundos, mutación animal. Así también, si las mujeres embarazadas volteaban a ver al Sol eclipsado, sus hijos nacerían con labio leporino, también consideraban posible que el eclipse acarreara la destrucción de la humanidad por acción de las tzitzimime (demonios femeninos), o que los niños se transformaran en ratones si llegaran a quedarse dormidos”.

“El eclipse, sin duda, era la máxima manifestación en el cielo de un cambio”
Ismael Arturo Montero GarcíaArqueoastrónomo

Los sitios arqueológicos donde existen grabados sobre eclipses

Los registros de estos eventos astronómicos se pueden ver en códices prehispánicos, como el Dresde y Madrid, ambos de origen maya. También hay otros, elaborados después de la Conquista, como el Mexicanus y el Azcatitlán, que ilustran al Sol siendo devorado por seres fantásticos.

Esa escena también se puede ver en algunos sitios arqueológicos, como en Teotenango, en el valle de Toluca. “Ahí tenemos un petrogrado en el que vemos a un jaguar que está devorando a un disco solar y ese jaguar tiene un fémur que representa a la muerte, o sea, la muerte del Sol al ser devorado por un ser fantástico”, señala Montero García.

Otro sitio donde hay un registro claro de un eclipse solar es en la pirámide de Quetzalcóatl, en Xochicalco. Ahí, dice el arqueólogo, hay una iconografía que describe un eclipse del siglo VII d. C: “Se ve una quijada que está mordiendo un círculo, es un eclipse. Lo interesante es que está asociado a elementos calendáricos y sacerdotales, a  individuos con tocados sobre sus cabezas que son de diferentes regiones, se puede reconocer un perfil maya, uno totonaco. Lo que vemos es un congreso de astrónomos registrando un eclipse en Xochicalco”.

La escena, explica, está justo en un espacio que funcionó como una cámara oscura para registrar el tiempo, en esta ciudad que funcionó como un observatorio astronómico.

“Xochicalco es una ciudad amarrada al tiempo y al cielo. Para esta sociedad es indispensable tener una certidumbre, en qué momento exacto se vive, porque la labor agrícola depende del clima. Su obsesión por el tiempo  y el conocimiento del movimiento celeste respondía a su producción agrícola temporal”,  añade.

En ciudades mayas, como Palenque, también existen testimonios jeroglíficos de eclipses totales de Sol, como el del año 490 d.C., que coincidió con un cambio de gobierno en esa sociedad.

En otras culturas, como la mexica, los eclipses solares también están asociados a presagios catastróficos. En este caso, explica Montero García, los registros apuntan “esencialmente a los presagios de la Conquista de México, aunque algunos suponen que esta interpretación es tardía, hecha por los cronistas europeos”. 

El enigma de Teotihuacan

En Teotihuacan es claro que los astros estuvieron muy presentes. La traza urbana de la ciudad, la orientación de la Pirámide del Sol y la construcción del túnel debajo del Templo de la Serpiente Emplumada son testimonios de ello. Sin embargo, hasta ahora no se ha encontrado evidencia de algún eclipse solar.

“Solamente hay una imagen, el Disco de la Muerte, que el investigador Jesus Galindo dice que es un eclipse, pero es una interpretación a una gran piedra tallada. Sí sabemos que ocurrieron cuatro eclipses en Teotihuacan en tiempos prehispánicos, pero no tenemos mayores evidencias, no hay petrograbados o pinturas”, indica el arqueólogo Montero García.

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