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CAVERNíCOLA

Bowie & Gilmour: Dos genios en la intimidad

Indigo Staff

Es la noche del 29 de mayo del año 2006. Las luces del escenario del Royal Albert Hall en Londres se vuelven a encender, los reflectores principales apuntan a dos personajes, los aplausos ensordecedores reciben a los dos David.


Ene 1, 2019
Lectura 3 min
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Relájate…
 
Primero necesitas algo de información.
 
Solo los hechos escenciales.
 
El primero, un Bowie nervioso, toma el micrófono con su mano derecha, respira profundo, sabe que no va a ser un acto cómodo. Su actuación solo se reduce a cantar dos estrofas. El segundo, escucha el conteo del baterista y lanza su primer acorde en Si menor.
 
El ambiente oscuro con una atmósfera intima invita a centrarte en el cantante, las primera palabras que se escuchan son: ¿Hello? ¿Is there anybody in there?. La canción se escucha diferente pero el eco que acompaña a las palabras da piso firme para continuar. La segunda estrofa que le sucede, viene acompañada por una segunda voz entonada una octava más abajo, esta voz sale de la garganta de Richard Wrigth compañero fiel de David Gilmour y que por muchos años lo acompañara en los teclados en Pink Floyd.
 
La canción lleva por nombre Comfortably Numb, confortablemebte indispuesto en español, la cual pertenece al álbum The Wall. Este LP ve la luz en el año 1979, y es aquí donde David Gilmour deja registro de lo que es considerado por algunos especialistas como el mejor solo de guitarra de toda la historia del Rock pero este solo escuchado en el Royal Albert Hall resulta ser un híbrido entre la versión original y la ejecutada en sus presentaciones en vivo durante la gira Pulse en 1994, en donde este acto tiene una duración cercana a los 5 minutos.
 
Los espectadores que están presenciando el acto se ven acompañados de luces y rayos láser que hacen figuras geométricas y que enmarcan cada uno de los momentos de la canción, se sienten acompañados por una fuerte energía musical que emana de los instrumentos de la banda quedando muchos atónitos ante el momento. Otros tantos se ven hipnotizados por cada una de las notas que salen de la Fender Stratocaster negra de Gilmour y se ponen a bailar a 66 bits por segundo. Las coreografías que salen de hombre y mujeres que están dentro del público espectador invita a otros que están sentados a mover sus cabezas y, los de enfrente, los que que están haciendo que todo eso fluya a través de su música se coordinan perfectamente hasta el final. 
 
 

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