Un puñal plateado atraviesa la brillante chaqueta de un joven negro, quien sostiene una pistola en la mano, mientras su novia intenta desesperadamente alejarlo de lo que será su última pelea, todo ocurre frente a la mirada atónita de la banda de rock más grande del momento, The Rolling Stones; así fue el show que terminó con la era hippie.

La organización de aquel concierto gratuito estuvo plagada de ominosos indicios que la banda británica no supo, o no quiso, interpretar; lo cual desembocó en una tragedia con varias personas heridas y al menos tres muertos dentro del destartalado autódromo abandonado de Altamont, al norte de California, el 6 de diciembre de 1969.


Cuatro meses antes del concierto en Altamont, la cultura hippie había experimentado uno de sus puntos más álgidos durante el Festival de Woodstock en los suburbios de Nueva York, al cual no asistieron los Stones y del que se preparaba una película; Mick Jagger y la banda decidieron que deberían tener su propio festival y documental, pero en la costa oeste.

Los Rolling Stones y la banda Grateful Dead comenzaron a buscar un recinto para el festival: primero intentaron rentar el campo de prácticas de una universidad estatal, luego el Golden Gate Park en San Francisco, pero fracasaron en ambos intentos. Finalmente, encontraron el lugar ideal en el autódromo Sears Point Raceway… pero hubo un pequeño problema.

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El dueño del lugar aceptó rentarlo con un pago inicial en efectivo de 300 mil dólares y parte de los derechos de distribución de cualquier película que se filmara dentro de las instalaciones; los británicos aprobaron el tema del dinero, pero se negaron a ceder en las regalías de la película, por lo que tuvieron que cambiar, una ves más, la locación del festival.

Fue entonces que apareció Dick Carter, el dueño del sombrío Altamont Speedway, quien ofreció sus instalaciones de manera gratuita para el festival; la banda aceptó la oferta y de manera atropellada comenzó la organización el espectáculo, convocó a las bandas y anunció el concierto gratuito por la radio.


Por la premura de la nueva sede, no hubo tiempo para atender detalles básicos de un festival; por ejemplo, no había baños portátiles, tiendas de campaña con equipo médico ni comida o bebida suficientes para los más de 300 mil aficionados; lo más preocupante era que el escenario apenas tenía un metro de altura, es decir, cualquier fanático podría subir fácilmente.

Para remediar el problema del escenario, los organizadores invitaron a la pandilla de motociclistas conocida como Hells Angels, a la cual se le pagó 500 dólares en cerveza para sentarse al borde del templete y evitar que cualquiera subiera; el acuerdo no incluía labores específicas de seguridad, aunque su papel fue básicamente ese.

Llegó la tarde del 6 de diciembre, Jagger descendió de un helicóptero sobre el polvoriento autódromo de Altamont, minutos después fue insultado y golpeado en la boca por un joven; el vocalista minimizó el asunto, sin embargo, era la primera señal de lo que ocurriría horas después.

Carlos Santana fue el encargado de abrir el festival, mientras los Ángeles del Infierno detonaron la primera pelea con el público; durante el resto del concierto se presentarían al menos cinco grescas generadas por la actitud pendenciera de la pandilla.

Horas después, el público derribó por accidente una motocicleta de los pandilleros, lo que desencadenó su ira contra algunos de los asistentes. Marty Balin, vocalista de Jefferson Airplane, trató de detener la pelea, pero terminó noqueado por uno de los Ángeles del Infierno.

Cuando la gente de Grateful Dead, los principales organizadores y promotores del concierto, se enteraron de los episodios de violencia con tacos de billar y cadenas de motocicleta se negaron a salir a tocar.

Sin agua ni comida, polvo por todas partes, Ángeles del Infierno conduciendo sus motos entre la multitud, constantes roces con los pandilleros y con la cancelación de Grateful Dead, el autódromo se convirtió en un hervidero de problemas.

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Al caer la noche, The Rolling Stones saltaron al escenario; se les notaba nerviosos, incluso tímidos. El concierto avanzó con relativa normalidad hasta que Jagger y el guitarrista Keith Richards tocaron Sympathy for the Devil; aquella canción que narra con un ritmo pegajoso la manera en que el Diablo y su mano invisible aparecen de la nada.

Al terminar la canción, Merdith Hunter, el joven negro de la chamarra brillante, intentó subir al escenario. Los Ángeles del Infierno lo golpearon en la cabeza y lo persiguieron de vuelta a la multitud; la banda pidió calma a los asistentes y continuó el show con Under my Thumbs.


Hunter, enojado y con altos niveles de metanfetamina en la sangre, según reveló la autopsia, regresó al frente, mientras su novia intentaba hacerlo recapacitar, encaró a los motociclistas, sacó una pistola de su chaqueta verde lima y el tiempo se congeló.

En un reflejo, prácticamente felino, el motociclista Alan Passaro apartó el arma de fuego, sacó un cuchillo del cinturón y apuñaló en cinco ocasiones a Hunter, todo esto mientras las cámaras estaban filmando. Al final el asesinato del joven negro fue el tema centra del documental Gimme Shelter.

Los Stones pidieron calma nuevamente, mientras Hunter era llevado al hospital junto con su novia, quien se encontraba inconsolable y rogaba porque el chico negro sobreviviera a cuatro puñaladas en la espalda y una en el cuello.

Jagger y la banda vieron como el mal aparecía frente a ellos, sin embargo, no se enteraron de la muerte de Hunter hasta un día después, aún así la banda decidió proseguir con la película.

Passaro fue declarado culpable por el homicidio de Hunter, sin embargo, fue liberado un año después, luego que su defensa presentó la parte del documental donde el joven negro apunta el arma, por lo que el jurado determinó que el motociclista actuó en defensa propia.

La prensa no tardó en señalar a los Stones como los responsables de la tragedia, pues además de la muerte de Hunter, dos jóvenes más murieron al ser alcanzados por un auto fuera de control dentro del autódromo. La revista Rolling Stone calificó al festival como “el día más oscuro en la historia del rock”.

Altamont Speedway Free Festival cerró la década de los 60 y con éste concluyó la era de amor y paz de la cultura hippie.

Aquí el documental completo: