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Opinión

Lo sucedido ayer en el Colegio Americano del Noreste en Monterrey es una tragedia que nunca tuvo que haber ocurrido en un país como México y en una ciudad como Monterrey.

No podemos aceptar que estos sucesos  sean parte de la cotidianidad.

El ataque no sólo exhibe el fracaso del sistema educativo, sino la decadencia de nosotros como una sociedad progresista que defiende la vida y protectora de los más indefensos, los jóvenes y los niños. Las aulas, en cualquier parte del mundo, deberían de ser los sitios más seguros y espacios para el conocimiento.

Es un hecho doloroso e inadmisible que mata la esperanza y el futuro de una sociedad.

El joven F.G., que ayer protagonizó el primer tiroteo en la historia de Monterrey, nunca tuvo que haber tenido motivos para conseguir un arma, ingresarla a su salón de clases y disparar a quemarropa en contra de sus compañeros y su maestra.

Esos hechos violentos –quizás son habituales en los Estados Unidos- pero no en México.

¿Qué circunstancias llevaron a F.G. a atacar así a sus compañeros y quitarse la vida después?
Seguramente nunca lo sabremos.

En los próximos días se hablará de su estado mental, quizás de que fue manipulado o influenciado por alguien, pero nunca sabremos con precisión qué pasó en su cabeza para tomar esta decisión.

La investigación que harán las autoridades determinará si F.G. actuó solo en este plan macabro, si estaba bien o no psicológicamente, pero principalmente si recibió ayuda de algunos de sus compañeros o personas de su entorno.

Hay muchas preguntas: ¿Cómo consiguió el arma? ¿Por qué si- según testimonios- ya había amenazado con atacar a sus compañeros, las autoridades de la escuela no informaron del riesgo?
¿Y si avisaron a las autoridades por qué no actuaron? ¿Es verdad que formaba parte de un supuesto grupo de hackers que ayer hacían apología de este crimen con el hashtag #MasMasacresenMéxico?

Todos en parte somos responsables de esta tragedia: padres, autoridades, sociedad, incluyendo medios de comunicación.

¿Qué estamos haciendo por nuestros hijos? ¿En verdad sabemos qué hacen y con quién hablan? ¿Los conocemos?

“Hoy les educamos dulcemente, queremos que los niños sean felices y no les preparamos para lo difícil, para lo que Freud llamaba ‘el principio de realidad’”, reflexionaba hace poco el escritor Gilles Lipovetsky.

La visión del filósofo y ensayista George Steiner sobre la niñez es tan pesimista como la de Lipovetsky.

“Estamos matando los sueños de nuestros niños”, aseguraba Steiner el año pasado en una entrevista con el periódico El País.

“Cuando yo era niño existía la posibilidad de cometer grandes errores (… ) pero si uno no puede cometer errores cuando es joven, nunca llegará a ser un ser humano completo y puro. Los errores y las esperanzas rotas nos ayudan a completar el estado adulto”.El ataque exhibe el fracaso del sistema educativo y de la sociedad.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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