Reporte Indigo

FAN PRO

Oribe y la pasión devaluada

El delantero chiva Oribe Peralta se acercó risueño a sus excompañeros americanistas para despedirse

El delantero chiva Oribe Peralta se acercó risueño a sus excompañeros americanistas para despedirse

El imaginado castañeo de sus piezas dentales ensordeció a muchos. Tras perder el Clásico del futbol mexicano ante el archirrival, el delantero chiva Oribe Peralta se acercó risueño a sus excompañeros americanistas para despedirse. Un Estadio Azteca a puerta cerrada pareció no enterarse tanto como los 15 millones de espectadores por TV, según la auditora Nielsen-Ibope.

La mayoría de los jugadores rojiblancos se fueron al vestuario con caras largas, similares a las de fans que repudiaron el hecho en redes sociales. El veterano de 36 años minimizó el incidente, bajo el argumento de que entre caballeros la rivalidad sólo se vive durante el juego.

Con 12.7 puntos de rating, en tiempo de pandemia, fue la emisión más vista de la noche del sábado 19 de septiembre de 2020, en datos de la misma empresa que realiza estas mediciones.

No participó solo el ariete coahuilense en la escena. Acudió con su compañero Uriel Antuna, quien intercambió su camiseta con Sebastián Córdova. Ambos se notan sonrientes en esta charla, al igual que los también azulcremas Alonso Escoboza y Jorge Sánchez.

El caso desempolva una de las grandes polémicas de siempre, de si el amor a la camiseta es un adorno romántico en desuso. Para algunos, el desenfado de Peralta es una exageración cursi, para otros un insulto al honor. La disonancia de pareceres no se detiene. Como dicen los contadores, “lo que coteja, pero no cuadra” es la forma de ver tan diferente entre quién provee el negocio, quién y cómo lo interpreta, y quién lo consume. ¿Será que en la actualidad la pasión futbolística en México se encuentra devaluada?

LA PASIÓN, SEGÚN COMO SE VIVE

Desde la antigüedad, el deporte surgió como una oportunidad catártica de rescate natural para el ser humano. La construcción filosófica más allá de lo lúdica, entregó a esta actividad como purificante, gracias a la promoción del espíritu de competencia y su consecuente efecto de superación. La competitividad es justo eso, el camino para ser mejor. Por lo tanto, no se puede concebir el deporte sin competitividad. La ética deportiva pronuncia historias entre vencedores y vencidos en un mismo plano, de forma limpia, sin trampas ni ventajas para nadie, y las rivalidades surgen aquí como un factor natural de convivencia .

Sin embargo, en tiempos recientes son más las historias que contravienen la esencia deportiva entre sus propios actores, atletas, informadores, las marcas y los fans. Los deportistas se muestran más ocupados en los reflectores mediáticos, que en valer por sus méritos en el terreno de juego.

Mucho menos parece importarles la valoración que de ellos hacen los fans.

La óptica de los informadores es un poco más simple. Buscan la hebra de la madeja para tejer un cuento vendible. La calidad de su trabajo queda a la medida de su cultura. Los fans, en cambio, expresan claramente la posición de sus sentimientos en ese megáfono de la realidad que son las redes sociales. Las marcas procuran una vinculación positiva de los valores promovidos por el deporte y generar un consumo acorde a la fábrica de la felicidad que significa esta industria.

Las rivalidades bien entendidas, entonces, son el alma del negocio del deporte profesional. Los clásicos de futbol son construcciones mercadológicas creadas para que los fans se reflejen en sus héroes deportivos y vivan por su conducto la experiencia memorable del espíritu de competencia. Desean disfrutar, motivarse, aprender a ser como sus ídolos.

En efecto, la pasión no muere, pero se diluye en la interpretación de los actores.

¿Y EL GANAR-GANAR?

El deporte profesional es un negocio hecho para ganar dentro y fuera de la cancha, en el que intervienen aspectos económicos, así como intangibles que le confieren el valor: emociones y sentimientos.

Oribe evidencia que toda su veteranía no le alcanza para comprender que su actitud displicente no hace juego con los valores de la marca deportiva que representa.

Las marcas fomentan un escenario de competencia permanente, cuyos vencedores promulgan una filosofía ejemplar, aspiracional para los fans que consumen sus productos. Para ser mejor hay que superar cada objetivo, obstáculo y oponente. En esta narrativa no tiene nada que ver la violencia. Todo tiene que ser en buena lid.

Cuando personajes como Oribe reducen la rivalidad deportiva a un asunto nimio, transgreden el sentimiento de los seguidores, que interpretan la situación como una farsa: “¿Para eso pago Sky?”; “¿Por estos jugadores pierdo mi apuesta?”; “¿Por ellos sigo a este equipo?”.

Fuera del terreno de juego, América y Chivas disputan una competición de poderes representados por las marcas de los protagonistas de pantalón corto en el terreno de juego, y donde ingresan los de pantalón largo. El dueño de Chivas, Amaury Vergara, perdió la apuesta con su homólogo del América, Emilio Azcárraga Jean, y repartió mil 500 despensas al gremio de los mariachis de Guadalajara y la Ciudad de México. Con la derrota a cuestas, ganó la caballerosidad del jefe del rebaño para cumplir con su compromiso.

CUANDO TE EQUIVOCAS DE ÁREA

“No hagas cosas buenas que parezcan malas” reza el adagio ancestral. Oribe pasó del América a Chivas en condiciones no favorecedoras para los sentimientos de uno y otro equipo. Por lo regular, estos traspasos de jugadores entre enemigos son por necesidades económicas. Queda para la posteridad la queja pública del ídolo Enrique Borja al ser vendido por Pumas al América en 1969: “me trataron como un costal de papas”, o el coraje de Ramón Ramírez al pasar de Chivas a Águilas en 1999: “nunca me preguntaron si quería”. Oribe tenía contrato vigente y quiso irse al club tapatío para tener acción, consciente de que eran sus últimos años como profesional. Pero en la Perla de Occidente tampoco tiene continuidad y su productividad es de dos goles en un año.

Tampoco el problema fue que la televisión captara el incidente ni que se tuviera que esconder, sino de darse cuenta que en la ventana pública hay un mensaje que siempre se transmite y que percepción es realidad.

Estos detallitos tampoco le gustan al fan, y resulta que es quien consume todo.

Coca-Cola ha despedido gente por tomar Pepsi. ¿Qué opinaría Puma si su jugadores salen con botas Nike? Esto no debe pasar. Por lo menos no en público. Nadie les pide agarrarse a golpes o que se odien, pero sí evitar cordialidades entre arcas rivales. El jugador como empleado debe hacerlo”, describe el especialista en marketing deportivo y estrategia digital Andrés Ehrli Solloa en LinkedIn.

Será también que los “profesionales del deporte”, deportistas y directivos, no acaban de comprender que mucho más que una cifra, el fan es un cliente, que fortalece con su amor a cada marca.

El amor a la camiseta tiene un valor inversamente proporcional al trabajo que realiza un futbolista de su propia marca personal.

PROHIBICIÓN POR PROTOCOLOS

No es un asunto de caprichos ni de formas, sino de salud. Para disminuir el riesgo de contagios de coronavirus, la UEFA y la Conmebol prohibieron el intercambio de camisetas a los clubes que participen en sus torneos en lo que resta del año. La confederación europea llamó a la medida: Return to play (regresar a jugar, en inglés).

El 18 de agosto, al término del partido entre París Saint Germain y Lepizig, por las semifinales de la Champions League, y el brasileño Neymar se acercó a Marcel Halstenberg, del equipo alemán, para intercambiarle su camiseta. El hecho estuvo cerca de costarle no jugar en la Final que su equipo perdió ante el Bayern Munich.

La Liga BBVA MX ha tratado de emular ciertos protocolos internacionales en torno a la pandemia, pero este se les pasó de largo.

REGLAS DEL HONOR

La prohibición de intercambio de camisetas entre archirrivales no se reseña en alguna cláusula de los contratos de los futbolistas, pero sí en reglamentos internos escritos de diversos clubes, afirma Javier Avilez, especialista en derecho deportivo.

“Dentro del reglamento interno de trabajo, en la planeación estratégica que tienen como instituciones, en la misión y visión de ambas instituciones sí se tienen reglas escritas al respecto”, expuso.

Lo que no se puede obligar, indicó, es que los oponentes no tengan una relación cordial fuera del terreno de juego.

“Prohibir una relación de amistad no puede estar en ningún contrato, porque sería violatorio de garantías”, agregó Avilez.

PROHIBICIÓN POR PROTOCOLOS

No es un asunto de caprichos ni de formas, sino de salud. Para disminuir el riesgo de contagios de coronavirus, la UEFA y la Conmebol prohibieron el intercambio de camisetas a los clubes que participen en sus torneos en lo que resta del año. La confederación europea llamó a la medida: Return to play (regresar a jugar, en inglés).

El 18 de agosto, al término del partido entre París Saint Germain y Lepizig, por las semifinales de la Champions League, y el brasileño Neymar se acercó a Marcel Halstenberg, del equipo alemán, para intercambiarle su camiseta. El hecho estuvo cerca de costarle no jugar en la Final que su equipo perdió ante el Bayern Munich.

La Liga BBVA MX ha tratado de emular ciertos protocolos internacionales en torno a la pandemia, pero este se les pasó de largo.

¿Quién es Héctor Quispe?

Periodista y consultor. Dirige CID Consultoría, casa de soluciones en cifras y contenidos enfocados en el fan y su identidad; es MBA en Dirección y Gestión de Entidades Deportivas, por la Universidad Europea de Madrid, la especialidad de Periodismo Deportivo, por el Programa Prensa y Democracia de la Universidad Iberoamericana. Coordina el Diplomado de Periodismo Deportivo Digital. en la Escuela Carlos Septién García, y el de Marketing and Communication for Sports Brands, en la Universidad Anáhuac. Su análisis es consultado por diferentes medios en torno a negocios y deporte: Red Forbes, MedioTiempo, Expansión, El País, Fox News, Telemundo, Foro TV y TUDN, entre otros.

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