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Opinión

Salvador Jara Guerrero significa un mensaje ominoso para una clase política michoacana sin autoridad moral.

Algunos días antes de emprender su viaje a Estados Unidos para saber su estado de salud, Fausto Vallejo ofreció una conferencia de prensa durante la cual, entre líneas (en este espacio lo advertimos), adelantaba su dimisión al gobierno de Michoacán.

Para esos momentos al exmandatario Vallejo la lumbre le llegaba a los aparejos y ya era insostenible y menos defendible su administración.

Fue rebasado por todo y por todos. Especialmente por el Comisionado Alfredo Castillo, quien ya era y es el que toma las decisiones primordiales en esa entidad. Es decir, durante los últimos meses Vallejo fue la gran figura… decorativa en el gobierno.

La novedad y lo sorpresivo de todo lo ocurrido la semana pasada en tierras tarascas, es que un académico puro, Salvador Jara Guerrero, fuera designado el relevo de Don Fausto.

Hay varios puntos rescatables en esta decisión, en la que por cierto los michoacanos nada tuvieron qué ver.

El mensaje es claro, pues se tiene que advertir que con el nombramiento de Jara Guerrero se deduce que la clase política (incluidos militantes del PAN, del PRI y del PRD), se encuentra bastante deteriorada. Que carece de autoridad moral y, en consecuencia, de haber llegado un político-político, lejos de resolver el problema de gobernabilidad, las cosas habrían empeorado.

De tal modo que exrector de la Universidad Nicolaita resultó una decisión salomónica, pues el cargo más ansiado en Michoacán, no fue para Dios ni para el Diablo.

De este movimiento, Luisa María “Cocoa” Calderón Hinojosa, se disciplinó y extrañamente no hizo “pancho” alguno. “Chon” Orihuela, por obvias razones, menos. Y desde Harvard o desde el crucero que lo traslada por Brasil, Felipe Calderón simplemente se toma fotos con sus “adoradores”.

Así, pues, alguien demostró estar consciente que la clase política de este país, en todas sus versiones partidistas, viene padeciendo un deterioro en lo que se refiere al cómo se concibe la función pública, en el sentido de que el político o el gobernante debe vivir de la política o del gobierno.

Y han dejado atrás esos añejos conceptos que los viejos políticos y gobernantes, con muchas excepciones, establecieron que el arte de la política y de gobernar es servir, más no servirse.

Hoy, ese “chip”, está descontinuado, de lo cual hay muchos ejemplos en los tres niveles de gobierno. De ahí que en varias entidades del territorio nacional el arte de gobernar y/o hacer política, se convirtió en la pésima costumbre de ver al erario como un simple botín financiero.

Al final del día, Salvador Jara Guerrero, fue sacado de la Rectoría de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Los responsables de esta designación esperan una nueva mentalidad. No quieren más corrupción ni tampoco más impunidad. También esperan que las instituciones michoacanas no terminen de pudrirse.

Van algunos datos que confirman lo anterior: Doctor en Filosofía de la Ciencia (UNAM); Maestro en Tecnología Educativa (ILCE); Maestro en Filosofía de la Cultura de la Universidad Michoacana de San Nicolás Hidalgo y licenciado en Ciencias Físico Matemáticas; tiene una especialidad en Física Experimental en la Universidad de California, en Berkeley.

¿Alguien mencionó en qué partido político milita?

El mensaje es claro, cuando a un gobernador le envíen un comisionado como bombero, ese mandatario estatal tendrá que empezar a poner sus barbas a remojar.

En Tamaulipas, Egidio Torre podría estar como en el beisbol, con la cuenta llena, en 3 y 2.

‘Putos’, el otro mensaje en Brasil 

Parece intrascendente. Todos creen que es trivial. Nada más falso.

En cada partido de la selección de futbolistas del sector privado mexicano (los dueños del balón), son millones de personas que por televisión apenas si entienden el grito de los fanáticos mexicanos, cuando el portero adversario despeja.

Hoy, en todo el mundo se han percatado de lo que significa la palabra “puto” y, con ello, esos compatriotas que tienen la oportunidad de estar en Brasil, se han convertido en embajadores de México.

No estamos orgullosos de lo que dicen y hacen en Brasil. En el Mundial de Futbol, como siempre, con ese valemadrismo, hemos vuelto a dar la nota en todo el planeta, que no es poca cosa.

Por ejemplo, para pasar a la historia un mexicano se tiró al mar desde un crucero.

En plena borrachera, un grupo de compatriotas agredieron a varios policías brasileños.

Y para llenar el cuadro, el grito de “puto” en los estadios, es lo que ha hecho famoso al futbol mexicano, porque en eso sí, todos estamos metidos, pues no se limita al deporte de la Federación Mexicana de Futbol.

Con todo ello, en el planeta no pasamos la prueba del ácido.

De pronto miles de mexicanos, con su grito, convirtieron en homofóbica a toda a una nación.

Que indiscutiblemente, seguimos siendo un país bananero. Que somos un país sin leyes. Que el respeto a la autoridad no existe. No se podría negar.

Ante estos grandes males, volvieron a salir a “defendernos” esos personeros de los hombres del dinero, para aclarar que “qué tanto es tantito”, “que es una costumbre del futbol mexicano”, “que no se agravia a nadie con esta expresión”, “que no queremos ofender”.

Se llama Héctor González Iñárritu y es director de algún puesto burocrático del equipo “nacional”.

En su intento por defender a los patrioteros que están en Brasil, González Iñarritu da mucho de qué hablar por su acostumbrado oportunismo y traición (no pasemos por alto que con una puñalada por la espalda se despidió de José Manuel “El Chepo” de la Torre).

En la defensa de la homofobia, no podía faltar Miguel “El Piojo” Herrera, quien de todas formas defendió ese grito que refleja un fascismo puro.

Toda esta homofobia desatada por miles de mexicanos, no es casual. Como tampoco son casuales los feminicidios y la violencia de género que se padecen en el territorio nacional.

En este renglón no se puede olvidar que Adolfo Hitler ordenó la ejecución de miles de homosexuales.

La homofobia, pues, es injustificable en cualquier sociedad que se diga civilizada. Pero, quiénes son los responsables de estas actitudes masivas. Son los mismos que las festinan durante las transmisiones televisivas.

En toda esta “defensa” de los patrioteros que, de pronto, se convirtieron en embajadores mexicanos en Brasil, faltaron las voces autorizadas de Justino Compeán y Decio de María Serrano, pues ellos hablan cuando el tema  es más “grave”. Es decir, cuando se rompe el Pacto de Caballeros o cuando algún esclavo-jugador se quiere revelar.

Hoy, los mexicanos deberán estar satisfechos de que un pequeño grupo que nos “representa” en Brasil, se haya convertido en materia de un profundo y extenso estudio sociológico y sicológico a nivel mundial.

¿Por qué la homofobia? ¿Por qué la intolerancia a otros grupos? ¿Por qué esa baja autoestima? ¿Por qué el valemadrismo? ¿Por qué el patrioterismo y no el patriotismo?

Una interrogante-conclusión: ¿Cuál es la patología?

Una verdad, de este escabroso tema, es que ningún político emitiera declaración alguna. Dicen que el que calla, otorga.

Que hable Sigmund Freud.

‘Príncipe de la basura’ ni inocente ni culpable: sale tablas

Para qué tanto salto estando el suelo tan parejo. Esto ocurrió con el caso del exdirigente del PRI en la Ciudad de México, Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre.

Acusado de operar una red de prostitución, este político apenas la semana anterior se presentó a la Procuraduría de Justicia del DF, donde según su titular, Rodolfo Ríos Garza, 210 personas se han presentado a declarar sobre el caso.

Por estas linduras, el “Príncipe de la Basura” renunció al liderazgo del PRI en el Distrito Federal.

Además, hace algunos días, Gutiérrez de la Torre pasó lista en el PRI nacional para ser juzgado por esas malas artes que  son reprobadas y reprobables en el tricolor. Al final, no resultó inocente ni culpable, sino todo lo contrario.

El colmo fue que sus defensores hasta argumentaron que los ataques en contra del “Príncipe”, se derivaron del racismo y hasta del clasismo.

Por el asunto de la presunta trata de personas, como siempre ocurre, se gastó tinta, papel y mucho tiempo en medios electrónicos. No ocurrió nada. Es el mismo cuento de la justicia, pero con diferente personaje con poder o con dinero.

Lo interesante alrededor de Gutiérrez de la Torre es que sus defensores olvidaron parte de su pasado.

El punto es que, a mediados de los años 90, como secretario general inició su militancia en el Movimiento Territorial del PRI, con la inclusión de algunos grupos de choque.

En más de una ocasión ha sido acusado de lograr poder político con base en la violencia.

Durante 1999 ingresó al Reclusorio Norte acusado de despojo de un predio llamado Las Minas en Iztapalapa.

¿Don Miguel Ángel Mancera se arriesgaría a un paro total de los trabajadores de limpia?, es pregunta.

Un eslabón fundamental en todo este embrollo es Claudia Priscila Martínez González, poco mencionada en corrillos priistas y en algunas oficinas de la Procuraduría de Justicia de la Ciudad de México, eso afirman los enterados.

Esta es otra pequeña prueba de que la justicia se ha politizado, aunque usted no lo crea.

Y mientras tanto, habemus presidente del PRI en el DF, en la persona de Mauricio López Velázquez.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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