La desesperación es el ambiente perfecto para los “piratas”. A los falsificadores les da igual imitar un par de tenis que un medicamento contra la diabetes, lo importante es vender. Por increíble que parezca, el nuevo “negocio” de la piratería consiste en falsificar vacunas contra la enfermedad COVID-19.

En el último año, el más letal de la historia reciente, se generó una fuerte demanda de productos relacionados con el coronavirus. Pruebas diagnósticas, respiradores, suplementos alimenticios, medicamentos y, ahora, las ansiadas vacunas.

Los defraudadores rara vez dejan pasar una oportunidad, desde los inicios de la contingencia han estado ofreciendo remedios milagrosos contra la COVID-19. En respuesta, el pasado 4 de enero, la autoridad sanitaria de los Estados Unidos de América (USFDA), emitió una alerta para los consumidores.

Si parece demasiado bueno para ser verdad, probablemente lo sea” advierte la USFDA, “se recomienda a los consumidores tener cuidado con las tiendas y sitios de Internet que venden productos para prevenir, tratar o curar la COVID-19”.

Una investigación reciente del Wall Street Journal reveló que, desde noviembre de 2020, se han abierto mil 700 sitios de Internet relacionados con las vacunas. Algunos de ellos son trampas para adueñarse ilícitamente de datos personales, tal es el caso de un sitio apócrifo del laboratorio Moderna que las autoridades estadounidenses inhabilitaron.

La investigación halló también vacunas falsas distribuidas por la deep web (sitios de Internet a los que no puede accederse mediante buscadores), que se venden en alrededor de $400 pesos la dosis.

Desde luego, ese tipo de “vacunas piratas” provocan un serio riesgo para la salud, los pacientes no saben qué sustancia se están inyectando y además adquieren un falso sentido de seguridad que los impulsa a interactuar sin las medidas de precaución, haciéndolos más propensos a infectarse y contagiar a otros.

Lo recomendable es mantenerse bien informado. Laboratorios como Moderna, sólo han vendido su vacuna a gobiernos de distintos países, es imposible que un particular pueda ofrecerla en estos momentos. En el caso de Pfizer, su tecnología requiere mantener las dosis congeladas a menos 70 grados centígrados, esa temperatura no puede alcanzarse en refrigeradores caseros.

Aplicarse una vacuna de dudosa procedencia es tanto irracional como inmoral, el paciente no tendrá la certeza de haber adquirido la inmunidad deseada y, en caso de ser así, sabría que consumió una dosis destinada a un grupo de mayor prioridad, como el personal de salud o los adultos mayores.

Desconfiemos de quienes ofrezcan vacunarnos fuera de los canales oficiales. A pesar de la lentitud con la que están llegando las dosis a México, confío en que la oferta alcanzará pronto a la demanda, quienes se metan en la fila de las vacunas estarán jugando con la salud de todos, especialmente la suya.