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Bien por CADHAC

El poder de uno mismo, del ciudadano, en ocasiones no se cree hasta que se materializa en acciones. 

Y ese es el caso de la hermana Consuelo de CADHAC, en Nuevo León.

Esa mujer que inicio hace 20 años a mover, primero la razón y luego el corazón de los funcionarios públicos y la ciudadanía, prueba una vez más que todo depende de uno mismo.

Iniciaban los años 90’s cuando los Derechos Humanos, en una ciudad como Monterrey, estaban no sólo asociados a la izquierda radical, si no eran vistos como apoyo a criminales. 

El poder de uno mismo, del ciudadano, en ocasiones no se cree hasta que se materializa en acciones. 

Y ese es el caso de la hermana Consuelo de CADHAC, en Nuevo León.

Esa mujer que inicio hace 20 años a mover, primero la razón y luego el corazón de los funcionarios públicos y la ciudadanía, prueba una vez más que todo depende de uno mismo.

Iniciaban los años 90’s cuando los Derechos Humanos, en una ciudad como Monterrey, estaban no sólo asociados a la izquierda radical, si no eran vistos como apoyo a criminales. 

Adicionalmente, se pensaba que eran “comunismo puro”. Pero hoy esa palabra casi desaparece del diccionario de no ser por el legado de Ugo Chávez en Venezuela.

Tampoco los  medios  nombraban a la hermana, a no ser por la gentileza, comprensión o visión del arquitecto Benavides, lo que hacía que su labor aún más invisible.

El entonces gobernador interino Benjamín Clariod Reyes la desprestigió, para que al inicio del siguiente gobierno de su primo, Fernando Canales Clariond, éste le cuestionara su relación con la iglesia. 

En fin, así fue como a las faldas de un cerro en Guadalupe, y en las celdas de los penales del Topo Chico y de Apodaca, esta mujer con un pequeño grupo comenzó a mostrar por qué sí vale la pena defender, conocer y sobre todo respetar los derechos humanos.

Hoy sin los derechos humanos y sin el trabajo de CADHAC, Nuevo León tendría no sólo desaparecidos, sino familias más desesperadas y adormecidas por los discursos de la autoridad. 

Familiares y personas desoladas, sin una esperanza ni una mano amiga que los apoye y los escuche al menos en su llanto, producto de los maltratos en las cárceles, los abusos  policiacos y las desapariciones forzadas que se han venido dando tristemente en nuestro estado, a lo largo de estos 20 años.

Poco a poco, con las uñas, con la fortaleza que sólo un poder superior puede darle, Consuelo fue mostrando que aquellos sin voz, deben ser escuchados. 

Mostró que la dignidad humana debe estar por encima de la fuerza y que la ley no tiene por qué violar los derechos humanos para ser cumplida.

No cabe duda de que Nuevo León  no sería hoy lo que es, y nuestras autoridades estarían peor sin el trabajo de CADHAC.

Son 20 años los que han pasado y no podemos más que agradecer  a Consuelo Morales, a quienes han creído en su trabajo, lo apoyaron, y sobre todo a quienes han cambiado su manera de ver al prójimo. 

También, a quienes uno a uno han abierto la puerta del corazón y la razón a los derechos humanos.

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