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Opinión

Los que asistieron al Palacio Nacional para escuchar el decálogo del presidente Peña Nieto, se deshicieron en aplausos por el mensaje del Ejecutivo Federal. Luego vendrían las declaraciones de apoyo absoluto, incondicional diríamos, ante la postura presidencial para acabar con la inseguridad y la delincuencia que priva en el país.

Nótese que en los ámbitos empresariales, legislativos y políticos, todos oficialistas, no hubo una declaración en contra. Todos coincidieron, palabras más, palabras menos, en que el primer mandatario empieza la labor para acabar con la inseguridad y la violencia en México

Un diálogo entre Lucio Cornelio Sila Félix, cónsul romano en el año 88 A.C., con Pompeyo, acerca del ciudadano Julio César, ilustra que la política no ha cambiado. Que el reptar y simular, son las reglas básicas para triunfar en política.

Sila preguntó a Julio César si él era de su agrado. La respuesta fue negativa. Sila fue más a fondo e inquirió al detenido si sería capaz de matarlo en la primera oportunidad. Julio César respondió que lo haría en el primer momento que pudiera.

Después de haber sido liberado Julio César, Pompeyo le razonó a Sila las palabras que había escuchado del detenido:

“Julio César te ha hablado con la verdad, ha sido franco y abierto contigo. Este tipo de personas no son el problema, los graves riesgos los tienes con los que ahora te aplauden y te adulan. Estos son los más peligrosos”.

Este pasaje, ocurrido años antes de Cristo, ilustran un poco lo que en los últimos 44 años hemos atestiguado en México.

Cuando Luis Echeverría Álvarez (1970-1976), se refería a los países del Tercer Mundo y recordaba su slogan “Arriba y Adelante”, no había una sola persona que no aplaudiera o dejara de hacerlo. Ahí estaban presentes los aduladores. Hoy nadie lo defiende cuando la sociedad lo ataca con fundadas razones.

José López Portillo (1976-1982), en su último Informe de Gobierno anunció la expropiación de la banca en México (primero de septiembre de 1982). En esa ocasión el Palacio Legislativo de San Lázaro, casi se viene abajo por tantos aplausos. Las declaraciones en apoyo, especialmente de la clase política priista (gobernadores, diputados, senadores y demás), no tuvieron límites. Más, cuando dijo que “defendería el peso como perro”; hoy en el oficialismo, nadie lo defiende cuando con sorna se refieren a su mandato y a sus conceptos. Hasta le aplaudieron cuando hizo referencia a José Ramón, como el orgullo de su nepotismo. Los aduladores pasaron lista de asistencia.

Con Miguel de la Madrid (1982-1988), se aplaudió a rabiar y sin condiciones el lema de la campaña presidencial: “La Renovación Moral de la Sociedad”. Esos que apoyaron este concepto eran los mismos políticos que amasaron fortunas gracias a la corrupción y a la impunidad que ya florecía. Los aduladores también aplaudieron los primeros pasos que en ese sexenio se dieron para privatizar la banca.

El abanderado de “La Renovación Moral de la Sociedad” sistemáticamente ha sido acusado de grisáceo y mediocre ¿hoy quién de los priistas mete las manos al fuego por él?

Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), a través de su secretario de Hacienda Pedro Aspe (en la actualidad flamante empresario de la aviación comercial), anunció que el gobierno reprivatizaba la banca “mientras exista la incuestionable e impostergable obligación de dar respuesta positiva a las enormes necesidades sociales (…)”.

La clase política de priistas se quitó una vez más la máscara de la simulación al aplaudir lo mismo que festejó con la decisión de López Portillo. Obvio, los empresarios mostraron beneplácito. Los aduladores, siempre los aduladores. Nunca se dijo que la privatización bancaria fue una exigencia del TLC.

Y así como todos los políticos priistas y no priistas, empresarios y demás poderes fácticos, se desgarraron las vestiduras y “sufrieron” con el atentado en el que murió Luis Donaldo Colosio (23 de marzo de 1994), también festejaron y festinaron la llegada de Ernesto Zedillo Ponce de León a la Presidencia de la República (1994-2000).

El 17 de enero de 1995 Zedillo suscribió el Pacto Compromisos para el Acuerdo Político Nacional en el que participaron el Partido Revolucionario Institucional, Acción Nacional, el de la Revolución Democrática y el del Trabajo. Los aplausos no faltaron, la adulación, menos; pero, ante las denuncias de su responsabilidad de la masacre de Acteal, ¿algún priista lo ha defendido?

Remontándonos más al pasado de la historia contemporánea de México, llegamos al 18 de marzo de 1938. En esa ocasión los habitantes de la República Mexicana se movilizaron. Todos los estratos sociales, por supuesto, menos uno, la clase privilegiada, aportaron para concretar la expropiación de la industria petrolera. Todos aplauden la decisión del presidente Cárdenas del Rio, especialmente los cuadros dirigentes del entonces Partido de la Revolución Mexicana. Los aduladores también ahí estaban.

Muchos años después, septiembre 2014, los representantes populares del PRM, convertido en PRI, aplauden incondicionalmente el retroceso de una conquista histórica. Adulación, simulación y oportunismo.

Volviendo al decálogo del presidente Peña, en el que uno de los ejes fue la inseguridad y la violencia, resulta extraño que horas después del mensaje del jefe del Ejecutivo se hayan registrado dos acciones que van a contrapelo de la postura presidencial: uno de ellos ocurrido en Torreón, Coahuila, donde cinco elementos del ejército ingresaron de manera extraña e inusual a la Facultad de Ciencias Políticas de la universidad de esa entidad para buscar a manifestantes que apoyaran el movimiento por los 43 desaparecidos de Ayotzinapa.

El  otro caso se registró cerca del Metro Copilco, donde agentes federales de la PGR detuvieron con lujo de violencia al estudiante de Filosofía y Letras de la UNAM, Sandino Bucio Dovalí; este joven participó en el movimiento “yo soy132” y es activista en el caso de los 43 desaparecidos; lo “curioso” es que a Sandino Bucio Dovalí, al ser detenido lo amenazaron con tener la misma suerte de los normalistas de Ayotzinapa “técnicamente desaparecidos”.

Los elementos de la PGR, además de ser despedidos, tienen que ser investigados.

Una conjetura: alguien o algunos de los aduladores y aplaudidores del mensaje presidencial le juega las contras al Primer Mandatario.

Lo aduladores y los aplaudidores, son los más peligrosos.

¿Hay coincidencias o casualidades en la política?

Lo desafortunado 

Que la muerte de “El Chavo del 8” haya servido como cortina de humo y desplace la atención del problema real: la desaparición de 43 estudiantes normalistas.

El poder fáctico se vuelve a imponer.

“Renovación moral del PRD”: Navarrete

Han transcurrido dos o tres semanas desde que Carlos Navarrete, “líder” del PRD, se pronunció por la renovación moral al interior de este partido político. La frase nos recordó a Miguel de la Madrid Hurtado, quien con esa bandera llegó a Los Pinos y con ello paradójicamente la corrupción y la impunidad fue, o es parte, de la estructura del sistema político mexicano.

La corrupción, que conste, dejó de ser un problema coyuntural desde hace varios sexenios y se ha convertido en una práctica común.

En su momento aquí advertimos que la “dirigencia” o “liderazgo”, de Carlos Navarrete, había nacido muerta.

El ahora responsable del perredismo no supo cómo reaccionar ante la crisis del 26 de septiembre en Ayotzinapa, porque no es lo mismo negociar financieramente las causas de un partido, que confrontar un problema real de 43 estudiantes desaparecidos, 6 muertos y muchos heridos, cuya responsabilidad recae directamente en un gobierno estatal y una autoridad municipal perredistas, así como en un alcalde del PRI (Cocula).

Las horas del hombre de paja de “Los Chuchos” como “líder” del Partido de la Revolución Democrática, las cuentan Jesús Ortega y Jesús Zambrano, si es que no quieren que desaparezca totalmente esa izquierda especializada en finanzas o dinero público.

Las gráficas del segundo pleno extraordinario del Consejo Nacional del PRD, exhiben el vacío, el rechazo o el repudio de la mayoría de sus integrantes hacia Navarrete.

Sin embargo, “Los Chuchos” exguerrilleros, se aferran a la ubre o a los clavos ardientes, como se le quiera ver, de lo que actualmente es esa “izquierda” sin ser izquierda; nadie puede negar que la sombra de Rafael Aguilar Talamantes, creador del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional y mentor de los ahora dueños del PRD, cubre a manera de manto sagrado al partido del sol amarillo.

Y eso de la renovación moral del PRD, es otro acto de cinismo de Carlos Navarrete.

María Rojo recién renunció a esta “izquierda”. Amalia García, ha condicionado su permanencia. Alejandro Encinas, en las mismas. Así, el negocio de “Los Chuchos”, no tardará en cerrar y declararse en quiebra.

¿Qué pasa en México? 

Cuando los políticos (del PRI, PAN, PRD, PT, MC, Panal y PVEM) saben que alguien les graba sus llamadas telefónicas y no protestan por ello, algo no anda bien.

Desde el momento en que diputados y senadores están ciertos de que sus números telefónicos están intervenidos y no legislan para castigar este delito, como que las cosas no cuadran en el Estado de Derecho que se vive en el país.

En el instante que los Ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación tienen la mínima sospecha de que están siendo grabadas sus conversaciones telefónicas, algo inexplicable ocurre en la sociedad.

Los gobernadores también tienen conocimiento que sus pláticas por teléfono están siendo escuchadas y, como responsables de entidades libres y soberanas, hacen nada por poner fin a estas irregularidades, estamos ante un grave problema.

Los empresarios tampoco son ajenos a este tipo de prácticas de las que, dicen, nadie sabe quién las ordena y menos quién o quiénes las ejecuta, pero ningún representante de este sector protesta por ello, lo que quiere decir que el problema es muy grave.

¡Cuidado, hay pájaros en el alambre! Y por ello todos y cada uno de los integrantes de los sectores mencionados, prefieren hablar por un teléfono seguro.

El espionaje telefónico, como la corrupción y la impunidad, son un secreto a voces.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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