Durante cinco años, de 1996 a 2001, la población afgana vivió una de sus épocas más cruciales. Los talibán, quienes se apoderaron del país en ese entonces, se encargaron de violar los derechos humanos de los habitantes, pero principalmente de las mujeres afganas.

En aquella época, las niñas, adolescentes y adultas eran obligadas, entre otras cosas, a cubrir todo su cuerpo con burkas, a no participar en el escenario político, ni mucho menos a seguir con sus estudios después de los 10 años, creencias que los fundamentalistas tomaban de la Ley Islámica o la Sharía.

Hoy, después de dos décadas y con el grupo fundamentalista de vuelta en aquel país tras el retiro de las tropas estadounidenses, esos escenarios parece que no se van a ejecutar del todo, o al menos así lo han anunciado los talibán.

El ministro interino de educación, Abdul Baqi Haqqani, por ejemplo, dio a conocer que el pueblo de Afganistán continuará con su educación superior, incluidas las mujeres, siempre y cuando respeten sus condiciones de seguridad, es decir, sin grupos mixtos.

Pero aunque con su declaración se vislumbra un panorama positivo a los avances educativos que llegó a implementar Estados Unidos durante su intervención, permitiéndole a las mujeres afganas ingresar a universidades, los insurgentes podrían tener una intención detrás de esta oferta.

En entrevista, el doctor Francisco Daniel Abundis, profesor del Departamento de Relaciones Internacionales del Tecnológico de Monterrey, campus Guadalajara, opina que lo que realmente le interesa a los talibán es la atención de otros gobiernos con el fin de que reconozcan su posición en el país.

“Este anuncio me gustaría tomarlo con mayor optimismo, pero me parece que es más de lo mismo (…) Creo que esa narrativa de inclusión por parte de los talibán es momentánea en lo que se logra el apoyo y el reconocimiento de algunos representantes internacionales, pero lo que menos les importa son las mujeres y las minorías”, declara.

Para el académico, el grupo fundamentalista utiliza sólo a las mujeres como cartas de trueque para ganar mayor representatividad.

En ese sentido, opina que aquellos Estados que decidan acercarse a ellos por intereses en sus minerales u otro tipo de recursos, aprovechen y negocien también ciertas restricciones sobre los derechos de la población, principalmente de las mujeres afganas, pensando en que se lleven a cabo narrativas de inclusión.

Atención a las mujeres afganas de zonas rurales

Desde que los talibán tomaron la capital afgana, la comunidad internacional no dudó en estar al tanto de esta zona, pues además era el punto de retiro de los militares estadounidenses, así como de los afganos que lograron ser rescatados.

De ese modo, al prestar mayor atención a la ciudad principal y al resto de las grandes urbes, como Kandahar y Mazar-e-Sharif, dejaron un tanto de lado las zonas rurales, donde las mujeres afganas y minorías, entre ellas la comunidad LGBT y la población chiita, también podrían estar bajo la amenaza de los insurgentes.

Para el doctor Abundis, son estas zonas en las que también deben poner atención las Naciones Unidas y los representantes internacionales, ya que además se corre el riesgo de que a estos lugares no llegue la educación universitaria que los talibán prometieron.

“Desde mi óptica, el anuncio del ministro se dio para Kabul y las grandes urbes, porque es donde va a estar la comunidad internacional observando, donde hasta cierto punto vamos a tener mayor acceso en Occidente. Sin embargo, están las zonas rurales de Afganistán, donde las mujeres están invisibilizadas y son violentadas”, dice el doctor.

Taranom Sayedi, activista afgana que lucha por los derechos de las mujeres, ha declarado a medios locales que es difícil confiar en los insurgentes tras su regreso y a pesar de sus promesas de no violentar a la gente, pues aún existe una gran inseguridad y miedo ante su presencia.

“Con su llegada, las mujeres perdieron todo lo que tenían. Estoy segura de que vivir en Afganistán será cada día más difícil para todos”, dijo.

De ese modo, se espera que, además de que la comunidad internacional no pierda la atención en las ciudades menos pobladas para proteger la seguridad de sus habitantes, los avances que llegó a implementar Estados Unidos y otras organizaciones humanitarias en torno a la educación no se detengan.

Como el proyecto que la Universidad Lynn, a través del Instituto Afgano de Educación, impulsaron para diseñar un plan de estudios universitario exclusivo para mujeres afganas, el cual se quedó en pausa tras el arribo del talibán.

“Nunca hemos renunciado a nuestro sueño de educación para todas las mujeres y niñas, incluso en situaciones peores a las que enfrentamos ahora. Todavía no nos daremos por vencidos. Nos mantendremos firmes y eventualmente prevaleceremos”, dio a conocer el Instituto Afgano de Educación.

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