Con la llegada de los Juegos Olímpicos, se cree que cada uno de los atletas tiene el anhelo de representar orgullosamente a su país y de llevarse una medalla a casa. Sin embargo, no a todos les toca vivir esa experiencia. La atleta bielorrusa Krystsina Tsimanouskaya, por ejemplo, se enfrentó a uno de los escenarios más inesperados para cualquier deportista, luego de que fue forzada por el Comité Olímpico de su país a regresar a Bielorrusia cuanto antes.

Esa petición fue llevada a cabo después de que la velocista hablara vía redes sociales de la injusticia que vivió al ser inscrita a una competencia para la cual nunca entrenó. Sin embargo, el argumento del Comité fue que se retiraría de Japón antes de tiempo por motivos de salud mental tras consultarlo con médicos del equipo, algo que no sucedió, según la deportista.

“No regresaré a Bielorrusia. Me están presionando. Están tratando de sacarme del país sin mi consentimiento. Temo que quieran meterme a la cárcel”, declaró Tsimanouskaya.

Luego de escuchar estas palabras y conocer su situación, fue la Embajada de Polonia en Japón la que le ofreció asilo político, para después planear enviarla al país europeo, donde se espera pueda continuar con su carrera deportiva.

Con este nuevo escenario, es el gobierno de Aleksandr Lukashenko, presidente de Bielorrusia, el que vuelve a estar bajo los reflectores internacionales, pues no es la primera vez que uno de sus ciudadanos teme por su seguridad al expresar su punto de vista en torno a una decisión del gobierno o de alguna de sus instituciones.

“Parece que se regresó al periodo de la Guerra Fría en el que los deportistas, científicos y artistas salían de sus países para mejorar su vida por miedo a sufrir represalias en su contra”, opina al respecto la doctora Ismene Ithaí Bras, académica de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM.

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Así también, es la doctora Claudia Pedraza, investigadora de la Universidad La Salle y especialista en temas deportivos, quien detalla que con este nuevo caso lo único que se puede ver es la dureza y la violación a los derechos humanos que hay por parte del gobierno bielorruso contra cualquiera que exprese una crítica en su contra.

“Me parece que en lo discursivo la administración de Bielorrusia va a manejar la situación con la idea de que no era una persecución política, sino netamente deportiva, pero lo cierto es que con esta acción lo que están manifestando es una tolerancia cero hacia cualquier tipo de disidencia”, asume Pedraza.

Y aunque hasta el momento Polonia ha sido el único Estado que le ha ofrecido ayuda humanitaria a la velocista, al conocer su situación otras voces internacionales no esperaron para defender el papel de la atleta.

Como las autoridades ucranianas, que informaron que la pareja de Krystsina volará a Polonia para estar con ella; y la portavoz del Alto Representante de Política Exterior de la Unión Europea, Nabila Massrali, quien aseguró que el caso de la atleta es un ejemplo más de la represión del régimen de Lukashenko.

“El régimen de Lukashenko intentó cometer otro acto de represión trasnacional: intentar obligar a la olímpica Krystsina Tsimanouskaya a irse simplemente por ejercer la libertad de expresión. Tales acciones violan el espíritu olímpico, son un agravio a los derechos básicos y no pueden tolerarse”, declaró por su parte Antony Blinken, secretario de Estado de la Unión Americana.

Con la mira en el COI por caso de Krystsina Tsimanouskaya

Al momento de darse a conocer la situación de la deportista bielorrusa, las únicas voces que se percibieron al respecto fueron las de algunos líderes internacionales, dejando atrás la posición del Comité Olímpico Internacional (COI).

Sin embargo, no fue sino hasta el día de ayer que el Comité aseguró que comenzará una investigación en torno al caso de Krystsina Tsimanouskaya para averiguar concretamente por qué se le intentó sacar de Japón sin su consentimiento.

Según Mark Adams, portavoz del COI, el retraso de su respuesta se dio porque estaban esperando un reporte por parte del Comité Olímpico de Bielorrusia para conocer su versión y así averiguar cuanto antes la verdad.

Ante este panorama, es la doctora Claudia Pedraza quien señala que lo único que se espera por parte del COI es que no deje de darle seguimiento al caso, que se le abra más la puerta a la protección de los deportistas, y que exista una mayor vigilancia en torno a lo que sucede con el gobierno de Lukashenko y con otras administraciones autoritarias.

“Hasta el momento la respuesta del Comité ha sido crear el equipo de refugiados donde se permite que atletas en condiciones extremas puedan participar en las competencias sin representar al país que les da asilo, sino a este grupo. Sin embargo, eso no basta”, dice Pedraza.

De ese modo, se espera que el COI de ahora en adelante ofrezca más opciones para proteger a los atletas, quienes también han encontrado en los Juegos Olímpicos un escenario para alzar la voz.