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Se redujo el costo de ventas de Pemex en 2016, contra el año anterior derivado de los esfuerzos de la administración


Pemex y Petrobras han seguido prácticamente el mismo libreto de recuperación: reducción de costos, venta de activos, recorte de inversión y reestructura de deuda

Brasil y México, las dos mayores economías de América Latina, mantuvieron modelos de desarrollo opuestos en las últimas dos décadas.  Mientras que México apostó por un esquema liberal de apertura comercial y estabilidad macroeconómica; Brasil concentró sus esfuerzos de política económica en el mercado interno, otorgando un rol preponderante al Estado en el combate a la pobreza.

Sin embargo, estos países guardan una similitud: la manera en que las empresas petroleras del Estado, Pemex y Petrobras, afrontaron el colapso del mercado energético que tuvo lugar entre junio de 2014 y febrero de 2016. 

Ante la caída de los precios del petróleo, tanto Pemex como Petrobras, tuvieron que recurrir a un plan de contingencia para enfrentar una de las peores crisis en la historia de estas compañías.

Este mes, las dos compañías presentaron sus resultados financieros del cuarto trimestre del 2016. El avance ha sido significativo.

Petrobras logró registrar su primera ganancia trimestral (2.51 mil millones de dólares), después de que en el tercer trimestre presentó una pérdida de 16.46 mil millones de dólares. Al final, esto ayudó a reducir la pérdida neta de todo el 2016 a 14.82 mil millones de dólares, la mitad de la utilidad negativa en la que incurrió la firma en el 2015.

El caso de Pemex es similar. Pese a que la compañía continúa registrando pérdidas (1.5 mil millones de dólares en el  cuarto trimestre de 2016), la magnitud de éstas se ha moderado.

 La utilidad negativa para todo el 2016 fue de 14.3 mil millones de dólares, una cifra comparable a la de Petrobras.

Pemex y Petrobras han seguido prácticamente el mismo libreto de recuperación: reducción de costos, venta de activos, recorte de inversión y reestructura de deuda.

Las dos compañías realizaron cambios de fondo en su dirección. José Antonio González Anaya, el ex director general del IMSS, cuya administración se caracterizó por el recorte de costos, sustituyó a Emilio Lozoya como director de Pemex en febrero de 2016, el punto más álgido de la crisis de la empresa productiva del Estado.

En Brasil, Pedro Parente, el ex director de la firma multinacional Bunge en ese país y ex jefe de gabinete en el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, asumió la dirección de Petrobras, en mayo de 2016.

Medidas de contingencia

La mano de ambos ejecutivos se ha hecho patente en sus respectivas compañías.

González Anaya logró una reducción del 54 por ciento en el costo de ventas de la compañía en 2016, aún y cuando la caída de ingresos anuales fue de apenas siete por ciento.

El proyecto del nuevo director de Pemex incluyó un programa de ajuste de 100 mil millones de pesos y el apoyo del gobierno federal por 296.2 mil millones de pesos, a través de la inyección de capital, de beneficios fiscales y de la transferencia de una parte del pasivo laboral, la carga de deuda más importante de la compañía.

Además, la administración de González Anaya aprovechó el marco de la reforma energética para poner en marcha una asociación estratégica en la explotación de aguas profundas con Chevron e Inpex. Por otra parte, Parente redujo el gasto de inversión anual de Petrobras en un 32 por ciento y obtuvo 15 mil millones de dólares por la venta de activos, cuya meta para 2018 es de 43 mil millones de dólares.  La deuda total de la paraestatal se redujo de un máximo de 125 mil millones de dólares, al nivel actual de 96.4 mil millones de dólares.

Un reporte del servicio de inversión Trefis refiere que el perfil de riesgo de ambas compañías se redujo de manera considerable en 2016 porque el mercado reaccionó a los planes de ambas compañías.