Hijo de un comerciante inglés que fundó el Banco Viejo de Gloucester desde su casa, Jemmy Wood (1756-1836) perfeccionó el arte de ser banquero y, a la vez, ahorrar dinero. LLegó a valer un estimado de 900 mil libras, una fortuna para su época.

El alguacil

Sin duda Wood podría ser cuidadoso con su dinero, pero ello no significó que fuera introvertido.

Fue el policía principal del pueblo –aguacil de Gloucester- por dos años, y en todo Inglaterra era famoso por aparecer en diversas caricaturas, en las que se burlaban de su manera de ahorrar.

Un astuto financiero

Jemmy era famoso por su forma de vestir, que consistía de ropa vieja y desgastada, incluso en ocasiones especiales.

Varias anécdotas, así como notas periodísticas, hablan de un personaje que cuidaba tanto su dinero, que incluso llegó a ganar durante tiempos económicos difíciles.

Inspira a la literatura

Se dice que Charles Dickens, el famoso autor de Oliver Twist, se inspiró en Wood para muchos personajes de sus obras, incluso el avaro Ebenezer Scrooge, de Un Cuento de Navidad, podría describir la personalidad de este banquero.

En su última novela, Nuestro Común Amigo, Dickens se olvida de los sobrenombres y menciona directamente a un “Jemmy Wood de Gloucester”.

De dueño a ladrón

En una visita a una de sus granjas, un trabajador de la misma lo vio y le propinó una golpiza tremenda, pensando que era un vagabundo con intenciones de robar. En otra ocasión, durante un viaje, un pasajero del carruaje se burló de su ropa. Jemmy conservó la calma y le apostó que llegando a Londres podría retirar de cualquier banco una suma exorbitante de dinero.

Juzgando por su ropa, el viajero aceptó… y claro que perdió.

Una muerte solitaria

En 1836, Jemmy murió. Consistente con sus deseos, fue enterrado en ropa que avergonzaría a muchos. No hubo palabras bonitas en su funeral. Wood no formó una familia directa (quizás era  muy caro), pero los pocos benefactores de su herencia no resultaron ser tan cuidadosos con el dinero como él. Tras un largo proceso judicial por las tantas reclamaciones a su herencia, todo el dinero del “miserable de Gloucester”, se había esfumado en abogados y lujos.