De acuerdo a estimaciones de la OCDE, el costo de la iniciativa alcanzaría entre el 2 por ciento y el 10.2 por ciento del PIB

El reciente debate que han protagonizado los líderes tecnológicos Elon Musk y Mark Zuckerberg sobre la inteligencia artificial encontró un contrapeso en la renta básica universal, con la que simpatizan, pero que, de acuerdo a la OCDE, no es una “bala mágica” contra la pobreza, aunque tiene efectos positivos.

En diversas ocasiones, el magnate de la tecnología, Elon Musk ha destacado su preocupación por la inteligencia artificial (IA) y hasta llegó a calificarla como un factor de mayor riesgo que Corea del Norte.

“Si no estás preocupado por la seguridad de la IA, deberías. Es un riesgo mayor que Corea del Norte”, escribió en un tweet. “Al final las máquinas ganarán”, la frase fue acompañada con una imagen.

Esta visión sobre el tema lo ha llevado a ponerse cara a cara con otros líderes como Mark Zuckerberg, quien desacredita las predicciones de terror sobre esta tecnología, porque lejos de eso permitirá salvar millones de vida en el mundo.

Sin embargo, para Musk, la IA es un “riesgo fundamental a la existencia de la civilización humana”, por eso el gobierno debe empezar a regularla antes que “la gente vea robots que van por la calle matando a personas”.

El debate entre ambos líderes tecnológicos ha tenido diversos escenarios en distintos momentos durante el último mes y aunque cada uno dice tener la razón hay especialistas que aseguran que están mal en relación al tema, sobre todo a partir de que ni los investigadores encargados del desarrollo de la tecnología han llegado a una conclusión del significado de la IA.

Afín a las grandes fortunas

El portador del nuevo estandarte de la Renta Básica Universal (ingreso pagado por el Estado, como derecho de ciudadanía) es hoy por hoy el gobierno de Finlandia, pero es una idea que con la que simpatizan las grandes fortunas como Bill Gates de Microsoft, Mark Zuckerberg de Facebook, Elon Musk de Tesla y Jeff Bezos de Amazon.

El proyecto piloto de la renta básica universal del gobierno finlandés, que implicó una inversión de 20 millones de euros lleva año y medio en operación y se desarrolla en silencio ante el compromiso adquirido de presentar las conclusiones en 2019, cuando se hayan agotado los recursos asignados al plan.

De acuerdo a reportes de la prensa internacional, los primeros indicios del esquema en Finlandia apuntan a que los beneficiarios de esta retribución social han recobrado el optimismo y diversificado sus ingresos con esa prestación, lo que les ha permitido tomar iniciativas de emprendimiento.

En contraparte, están las voces que descalifican la iniciativa por el alto costo, que en el caso de Finlandia equivale al 5 por ciento del producto interno bruto (PIB).

El modelo de Finlandia es visto como el observatorio mundial y motivo de debate en la OCDE, que concluye que cualquier modalidad de renta básica universal dispararía los gastos y el riesgo de elevar la pobreza.

Nuevo contrato social

El avance de nuevas tecnologías como el coche autónomo desplazaría muchos empleos, lo que ha motivado a empresarios de Silicon Valley a impulsar un nuevo contrato social, que apoye a los afectados por este fenómeno y han encontrado en la renta básica universal una solución al problema.

El Instituto Brookings resaltó que esta idea erradicaría la pobreza en 66 países, en beneficio de 185 millones de personas, con un costo del 1 por ciento de sus economías.

“El resultado sería visible a corto plazo, y sin necesidad de aportar un solo dólar extra de cooperación”, refirió John McArthur, economista en jefe del Instituto Brookings.

Al respecto, sostuvo que experimentos como el de la ONG GiveDirectly podrían lanzarse para ayudar con coberturas anuales a las 650 millones de personas que viven por debajo del umbral de la pobreza.

Entre los puntos a resolver para que el modelo deje de ser una utopía se encuentra la cuestión de  si la gente debe recibir un salario por hacer nada y, qué país lo puede implementar.

Al respecto basta conocer la experiencia de Alaska, donde por más de 30 años ha ofrecido una renta básica universal y cuyos resultados fueron elogiados por Mark Zuckerberg, en una reciente visita a ese lugar.

En 1976, los votantes aprobaron una enmienda constitucional para crear un fondo de inversión permanente, financiado por los ingresos que recibía el Estado del boom petrolero.

En la última década, en función del rendimiento del fondo, el dividendo anual osciló entre 879 y 2,072 dólares por persona.

“Son una lección para el resto del país”, indicó Mark Zuckerberg al referirse a los programas sociales de Alaska.

El esquema ha ganado popularidad. Entre 2016 y 2017, empezaron a funcionar ocho nuevos laboratorios de renta básica universal en el mundo: Kenia, Oakland, California; Finlandia; Utrecht, Holanda; Ontario, Canadá; Livorno, Italia; India y Uganda. 

En contraparte, Suiza renunció a ella, en donde la aportación era de 2,500 euros mensuales, en el referéndum de junio de 2016.

Algunos políticos han tomado como bandera la iniciativa para reemplazar otros programas sociales; como el caso de Jeremy Corbyn, líder de la oposición en Reino Unido, quien pretendía introducir mayor progresismo al laborismo británico.

Otro ejemplo fue Benoit Hamon, líder socialista francés, quien la incluyó en la propuesta electoral por considerarlo una opción que libera trabajo y permite a cada persona elegir su profesión sin necesidad de sufrir por eso.