“Hay niveles…ya verán que no”, respondió Mariana Rodríguez a un meme en el que los comparaban a ella y a Samuel García con quien fuera presidente de México de 2012 a 2018, Enrique Peña Nieto, y su exesposa, la actriz Angélica Rivera.

“La Gaviota” fue la última “primera dama” en México. En marzo de 2013 fue nombrada presidenta nacional del Consejo Consultivo Ciudadano del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF).

“Denominar a la pareja de alguien que ostenta el poder como primera dama me parece que reproduce el papel de cuidadoras porque ¿cuál es el papel que se les da a las mujeres que acompañan y que ornamentan en el caso de México? El DIF”, dice la consultora en materia de género Rita Muciño.

El DIF lo fundó en 1977 Carmen Romano, esposa del presidente José López Portillo y se trata de un organismo público promotor de la protección integral de los derechos de las niñas, niños y adolescentes, de la familia y de la comunidad.


Esto es una extrapolación de los roles tradicionales de género. Es decir, el hombre es quien ostenta el poder y su pareja, la mujer, es la que acompaña, ornamenta, la que se dedica a la familia. Esto nace en un contexto donde la política estaba 100 por ciento masculinizada y es muy importante entender cuál es la raíz de esta tradición que ha ido evolucionando poco a poco

Daniela S. Valencia

consultora en comunicación política y género

En el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, Beatriz Gutiérrez Müller, rechazó ser “primera dama” y como marcaba el Reglamento del Estado Mayor Presidencial, acompañar al titular del Poder Ejecutivo en giras y eventos públicos.

“No seré la primera dama de México. Ya antes he dado mis razones. Por lo tanto, tampoco la presidenta honoraria del DIF”, publicó.

Sin embargo, al igual que Mariana, Gutiérrez Müller también tiene un cargo público, pues encabeza el consejo asesor de la nueva Coordinación Nacional de Memoria Histórica.

“Es una instrumentalización de la imagen pública de estas mujeres famosas que hicieron una carrera artística o de influencer, que gestaron esta imagen antes o de manera independiente a la trayectoria de sus parejas, y son utilizadas para que ellos ganen la campaña o mantengan los niveles de aprobación”, define Valencia en el caso de Mariana Rodríguez, Angélica Rivera y Anahí, pareja del senador Manuel Velasco.


Muciño señala que a diferencia de ambas actrices, la influencer explotó las redes digitales no para posicionar causas como la lucha contra el cáncer o la adopción de animales de compañía, sino a personajes políticos como Samuel García. Valencia añade que a través de sus cuenta de Instagram, Mariana realiza storytelling, es decir, cuenta historias que humanizan al gobernador y generan la idea de cercanía con la gente.

“Mariana tiene poder, por supuesto, pero las relaciones de poder definitivamente no están desestructuradas. Creo que también existe una situación de violencia simbólica porque estamos frente a una reproducción de la dominación masculina”, expresa Muciño.

García Sepúlveda presumió una nueva manera de hacer política en Nuevo León pero sigue manteniendo viejas prácticas, como la instrumentalización de la imagen de las mujeres para ganar popularidad.

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“Chavos, hay que mover esta imagen y posicionar más a Mariana en las páginas, es una orden del gobernador. Pónganme de enterados”, decía una publicación en el Twitter oficial del Gobierno de Nuevo León que fue borrada.

Habrá que ver si esta estrategia funciona rumbo a la renovación de la Presidencia de la República en 2024.

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