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COVID19

Tocando a las puertas de la fase 3

Hidalgo Neira

En el marco de la emergencia sanitaria declarada por el gobierno federal mexicano, la ciudadanía en la capital del país, ha dejado de circular por las principales vialidades paulatinamente, sin embargo todavía negocios, comerciantes y ambulantaje, se niega a dejar sus actividades diarias, hasta que se imponga una restricción definitiva por parte del Estado


Abr 2, 2020

Con el anuncio de que México entraba en emergencia sanitaria nacional por “causas de fuerza mayor”, los negocios y actividades no esenciales debieron de cesar funciones inmediatamente, Reporte Indigo hizo un recorrido puntual por distintas áreas del Valle de México, para constatar que poco a poco se ha detenido el flujo de la población, aunque todavía hay locatarios que niegan a cerrar sus comercios.

Un escenario ajeno pero no extraño, la atmósfera de incertidumbre enrarece el aire, los detalles cambian pero las personas siguen siendo las mismas, esto es lo que impacta de primera mano, al romper el encierro de la cuarentena en la Ciudad de México.

Adentrarse a las entrañas de la capital, es una experiencia única en este periodo de aislamiento voluntario, esta urbanidad se vuelve un terreno errático, en momentos desérticos, en momentos con afluencia como si nada ocurriese, pero en definitiva, esto solo es un paso más, para descender en los infiernos dantescos que nos esperan, y enfrentar la fase 3, ya con el preámbulo de la emergencia sanitaria que actualmente atravesamos.

De llegar al tercer periodo de contingencia por la propagación del coronavirus, se seguirían aplicando las medidas ya existentes, además de que en teoría llegaría el confinamiento total en la nación.

Acostumbrados al trajín diario de una ciudad, con embotellamientos, camiones retacados de gente, vendedores ambulantes de todo tipo y peatones esperando en el cruce de semáforos, ahora Paseo de la Reforma es otra, es una calle semidesértica a la altura de Campo Marte, y así continúa por kilómetros.

Cuando regularmente el tránsito vehicular obstruye esta arteria, alrededor de 30 a 45 minutos pueden hacerse desde Auditorio Nacional hasta el Palacio de Bellas Artes en auto, sin embargo, ante esta crisis sanitaria, ha decaído tanto la circulación, que 10 minutos son suficientes para el recorrido.

El Sears ubicado casi esquina de Eje Central y Juárez, luce cerrado por completo, lo mismo la librería Gandhi que se encuentra a su lado, signos de que la contingencia de salud va enserio y respetan los lineamientos del gobierno federal, aunque hay otros negocios que prefieren operar parcialmente para los transeúntes.

El último recorrido por Madero

Apenas cruzando Lázaro Cárdenas y disponerse a caminar sobre el corredor peatonal Francisco I. Madero, cintas amarillas de seguridad buscan preventivamente detener el flujo de la gente, además de que hay un claro cartel invitando a la sana distancia.

“La cinta es para dar la idea de que ‘quédense en sus casas’. Son días ya muy críticos, sí bajó la afluencia, este es el segundo día, los comercios están cerrados pero la gente acude porque es un corredor”, pronuncia un policía con cubreboca antes de pasar por el acordonado.

Librería Porrúa, el Sanborns de los azulejos, Starbucks, entre otras tiendas, son los negocios que funcionan a medio cierre, expresando claramente en sus ventanas y puertas que solo cuentan con servicio para llevar o limitándose a áreas como farmacia, en el caso de la cadena de cafeterías de los tres tecolotes.

Las decenas de personas que habitualmente transitan por Madero, se han reducido a menos de la mitad, pero lejos de procurar una distancia, circulan con normalidad, a menos de un metro, la gran mayoría sin una mascarilla o alguna protección sanitaria.

Al pié de entrada de la plancha que colinda con Palacio Nacional y la Catedral metropolitana, un elemento de seguridad pública toma el megáfono con una mano y con la otra, desde su celular, emite un mensaje de audio grabado, es la alerta sanitaria que invita a que los transeúntes se resguarden en sus hogares.

El Zócalo semidesértico, el sol de primavera arrecia, la una de la tarde y Catedral sin dar sus campanadas para marcar la hora, solo el constante repetir, ahora desde una patrulla, del aviso audible para la ciudadanía, de que es momento de dejar la vía pública por la emergencia de salud.

Al la mañana siguiente de este recorrido, el jueves dos de abril, se dio el cierre completo de este paso peatonal, además del también resguardo de la Plaza de la Constitución con un bardeado metálico.

El silencio sacro de Catedral

Sin incitar, solo con una manta que indica “Entrada”, en absoluto silencio, las puertas de la Catedral Metropolitana, permanecen abiertas, para aquellos feligreses que deseen encontrar el tiempo para orar.

Un guardia inmediatamente ofrece gel antibacterial en el acceso, y aunque solo se puede recorrer de manera parcial el inmueble, se permite sentarse, hincarse y permanecer en el lugar religioso, que apenas cuenta con una decena de visitantes.

En pantallas colocadas en las columnas de la iglesia, rotan constantemente rezos para la salud e incluso una oración dedicada exclusivamente para covid-19, las misas se han suspendido, aunque la exhibición del Santísimo Sacramento se realiza de las 10:30 de la mañana a la 1 de la tarde.

La única celebración que se hace es a puerta cerrada, a las 9:30 de la mañana, para transmitirse en internet y redes sociales, ya que las indicaciones de salubridad afirman que toda actividad masiva esté suspendida, comparte un sacerdote a Reporte Indigo.

Las piletas de agua bendita lucen vacías, la preocupación de los feligreses es evidente, sus ruegos apenas se escuchan entre murmullos, adultos mayores son los que predominan entre las bancas de madera, sin recibir la comunión o la confesión en estos días atípicos, próximos a la Semana Santa.

“No nos vamos a ir de aquí”

El ambulantaje, comercio informal, y puestos de comida, son los más persistentes ante la contingencia de salud, tanto en el primer cuadro de la ciudad, como en el resto de la metrópoli, esto se ve en las inmediaciones de la calle López en Salto del Agua, donde también hay locatarios abiertos y tránsito vehicular como cualquier otro día, hasta un local de venta de películas originales en DVD, está abierto de par en par.

El Barrio Chino luce desolador, desde que inició la pandemia, es un punto tabú para los mexicanos, antes de entrar por la calle Dolores y la avenida Independencia, puesteros reciben a los curiosos con la venta de cubrebocas hechizos y de dudosa calidad, pero que resultan llamativos por ser personalizados con motivos impresos de moda actual.

Tong Fong, es uno de los últimos bastiones en comida china abiertos, la mayoría de los restauranteros dejaron caer sus cortinas de acero de manera indefinida, ahí un grupo de jóvenes, todavía atiende el buffet, que puede ser claramente para comer en el lugar o con servicio para llevar.

“Desde el domingo empezaron a cerrar los demás, nosotros aquí vamos a estar abiertos hasta que nos digan lo contrario, nadie ha venido a cerrarnos ni a decirnos eso, no nos vamos a ir de aquí”, platica uno de los intendentes.

Pan al vapor, galletas de la suerte, y tapabocas, son lo único que llaman la atención rápida de los potenciales comensales que pasan por Dolores, uno que otro peatón, llega a Tong Fong y pide un paquete de comida en lugar del buffet completo, los platos se sirven rebosantes, para evitar desperdiciar comida, ya que los que atienden en lugar, han dicho que en días anteriores terminaban en la basura los guisados al final del día por falta de clientes.

El calor primaveral no da tregua, por increíble que parezca, la música R&B se manifiesta en este pasaje oriental, La mascota, cantina de tradición, anuncia con un cartel fosforescente, que permanecerán cerrados hasta nuevo aviso, mientras el Barrio Chino fenece con cada día que se suma a la contingencia del coronavirus.

La caída de Roma

Buscar qué comer, qué tomar, o que ver en la colonia Roma, es una actividad hipster favorita de los millennials, que se ha visto reducida hasta el polvo en la crisis sanitaria actual, solo basta con adentrarse a la avenida Álvaro Obregón en su cruce con Insurgentes, y ser testigos de que la mayoría de los inmuebles están cerrados o con media cortina abajo.

La vida comercial de esta calle está al borde de la extinción, los grandes restaurantes como Le pain quotidien, El Califa, Taquitos Frontera, Cafebrería El Péndulo, Churrería El Moro, Peltre solo ofrecen servicio para llevar, mientras que otros como Bisquets Obregón, El Lado B, Lucille, Non Solo, Primos, Gin Gin, mantienen totalmente cerradas sus instalaciones.

Un policía que regularmente se encarga de multar los parquímetros vencidos, está junto a su compañero colocador de “arañas”, descansando cada quien en sus respectivas bicicletas, su patrullaje se ha detenido por completo, el uniformado indica, que aunque haya vehículos estacionados, ellos prefieren dar tolerancia antes de infraccionar, porque prefieren tener sentido común y solidaridad con la ciudadanía.

“No nos han dado la indicación de retirarnos, aquí seguimos, pero se me hace una falta de respeto para los ciudadanos, que nos pidan que sigamos aplicando las multas, mejor nomás estamos dando los rondines, para que los pocos comercios que están abiertos, vean que aquí estamos”, comparte el elemento de seguridad pública.

Cuidadores de perros, algunos transéuntes y trabajadores de los comercios aledaños todavía abiertos, son apenas la gente que se logra ver en Álvaro Obregón, fondas de comida corrida o cocinas de comida económica son las únicas que se atreven a dar servicio completo a sus clientes al interior de sus instalaciones.

Al término de la avenida, en la calle de Morelia y Jardin Pushkin, un mercado ambulante apenas sobrevive con la visita de los colonos, la venta de vegetales, enceres domésticos y carnes, permanece, pero cada vez es menos la economía que perciben.

Los vendedores platican que este es el último lugar donde todavía se les permitió instalarse el miércoles primero de abril, pero que en otras colonias o alcaldías se detuvieron los mercados sobre ruedas, ellos desconocen si lograrán nuevamente estar ahí el próximo 8 de mes, porque podrían endurecerse las medidas sanitarias en la capital.

La aparente calma, el silente desasosiego, un halo de duda es el que queda en este recorrido, ¿cómo seguirá laborando y operando México en los siguientes días? ¿Qué pasará con los millones de ciudadanos que viven al día y necesitan salir de sus hogares para ganar su dinero? ¿Realmente llegará el confinamiento absoluto? Cuestionamientos que hacen eco y son para reflexionar en una sociedad que nunca ha estado preparada para una crisis de salud pública, menos para vivir una nueva cotidianeidad en el encierro.

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