La inseguridad en los taxis va en aumento pero no todo está perdido.

La solución al problema es la modernización a la que se oponen los conductores aún cuando eso les puede ayudar a competir contra los servicios de transporte por aplicación.

De acuerdo con datos de México Evalúa publicados en el estudio Radiografía del Robo Violento en el Transporte Público, las carpetas de investigación por robo en taxis aumentaron de 157 en 2017 a 187 en 2018.

David Ramírez de Garay, especialista en seguridad de México Evalúa, afirmó que parte de la problemática se podría resolver a través de la modernización del servicio, la cual funcionaría como una estrategia de disuasión al igual que la presencia policíaca y las cámaras de videovigilancia.


“En los servicios como Uber y similares el tema de la tecnología ayuda en dos cosas, a tener un control tanto del usuario como de la empresa sobre el servicio, las rutas. Esto en caso de tener un problema tendría que facilitar una investigación, estos datos sirven como elemento de disuasión”, puntualizó

Ramírez de Garay añadió que los servicios privados proyectan una sensación de seguridad y ayudan a cambiar la percepción del usuario, quien conoce el nombre del operador y la placa del auto desde que solicita el servicio.

También argumentó que la información generada por las empresas puede ser intercambiada con el Gobierno para tomar medidas de prevención del delito, lo que incluso ayudaría a reducir los asaltos a taxistas.

En abril de 2018, el Gobierno de la Ciudad de México anunció que los taxis iban a ser obligados a llevar dos tabletas. Una para el conductor y otra para que el usuario controlara mejor la ruta del chofer y además sirviera como una herramienta de geolocalización; sin embargo, la oposición del gremio detuvo la iniciativa.

El especialista en seguridad en transporte de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), José Antonio Álvarez León, coincidió que la calidad del servicio aumentará si las unidades se modernizan.


“La parte tecnológica podría facilitar el servicio y darle tanto a los usuarios como a los conductores seguridad respecto quién es el pasajero y quién ofrece el servicio”

José Antonio Álvarez León

Especialista en seguridad en transporte de la UNAM

La mayor parte de los taxistas están registrados ante la Secretaría de Movilidad, cumplieron un curso de capacitación en el Centro para el Fomento de la Educación y la Salud de los Operarios del Transporte Público de la Ciudad de México A. C y tienen su licencia tipo B para taxista.

Por lo cual, la modernización sería un paso más para brindar mayor seguridad al usuario.

Álvarez León indicó que hay patrones que influyen en la incidencia delictiva dentro de este medio de transporte: las unidades no reguladas de sitio, la soledad entre usuario y conductor, y los taxistas ocultos que son las personas que ocasionalmente toman un automóvil con la cromática para trabajar sin dedicarse a ello realmente.

Los taxis de sitio no regulados operan principalmente en el Estado de México y no cuentan con una cromática y en muchas ocasiones están coludidos con los delincuentes, dijo.

Mientras que tanto operador como usuario están expuestos a ser asaltados, situación que, afirmó, podría mejorar con la tecnología.

Por último, una parte de los taxistas ocultos, cuya mayor parte son personas que no encontraron empleo y se dedican al oficio, son asaltantes que obtuvieron un vehículo con la cromática permitida, explicó.

El taxista Andrés Zamora afirmó que los trabajadores de su gremio no son delincuentes y se busca desacreditarlos.

“Las aplicaciones participan en esa guerra sucia para dejarnos mal y acaparar el mercado”, dijo

Zamora señaló que Uber da una mayor sensación de seguridad al usuario al saber quién es el conductor y cuál es la placa del automóvil, pero son más las desventajas.

“Nosotros tenemos la cromática, en el caso de los taxis libres, tenemos el tarjetón pegado en el cristal del lado derecho, una señalización aérea y acreditamos una capacitación de 20 horas, así como una de ocho horas para renovación”, afirmó.

También recalcó que los chóferes de taxi deben comprobar no tener antecedentes penales para obtener la licencia, requisito que no deben cumplir los de Uber. Al no tener una cromática, el vehículo puede pasar como un automóvil particular y los delincuentes aprovechar eso para cometer asaltos sin llamar la atención.

“Cualquier persona con un carro particular puede ser Uber, no importa si tiene antecedentes penales o no”, afirmó.

Zamora añadió que los Uber actualmente no pagan concesión, lo que afecta los ingresos de los taxistas quienes sí cubren ese requisito y, argumentó, no tienen las herramientas necesarias para modernizarse y competir, tema en el que el Gobierno no les ha ayudado.

Transportes vulnerables

José Antonio Álvarez de León, especialista de la UNAM en seguridad en transporte, afirmó que el taxi es vulnerable a la delincuencia, tanto para usuarios como operadores, pero los automóviles de aplicación también lo son.

“Una cosa es la percepción de los usuarios y otra cómo funciona en términos reales. Las personas que abordan los Uber pueden modificar la ruta y poner en riesgo al operador”, dijo.

Respecto al peligro para el usuario, consideró que los conductores de las apps determinan los horarios en los que prestan el servicio así como las zonas, incluso afuera de la capital, lo que también implica un riesgo para los clientes que podrían sufrir un delito en otra entidad de donde no es originario el chofer.

Desde que entraron en operación las aplicaciones, en el año 2015, el gremio taxista ha dicho que son una competencia desleal porque no cumplen los mismos requisitos que ellos, tienen una tarifa dinámica y no están sujetos a una regulación.


En abril de 2018, el Gobierno capitalino anunció que los taxis iban a ser obligados a llevar dos tabletas, una para el conductor y otra para el usuario, pero la oposición del gremio detuvo la iniciativa