Son mujeres, son artistas, son activistas y son raperas. El colectivo Mujeres Trabajando no sólo se la rifa en la escena del hip-hop capitalino, sino que colabora en la reinserción social de presos

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Guerreras del rap

Micrófono, rimas, beatbox y flow, la válvula de spray deja correr la pintura en el concreto frío, la noche se vuelve casa, el asfalto camino común y en el barrio se habla el slang mexicano con toques del gabacho, la lengua mestiza para rapear los ritmos traídos desde el Bronx, Brooklyn y el resto de la Gran Manzana neoyorquina.

Ecatepec se vuelve escenario común para quienes buscan escribir con métrica, hacer poesía con la música, vestir de gorra, tenis Converse, usar camisetas XXL y desempolvar los viniles para hacer los chillar ante el scratch de las tornamesas y agujas de diamante.

Will Smith nunca habría pensado que su pegajosa serie “El príncipe del rap” taladraría a generaciones de mexicanos que tras la televisión un día se levantaron del sillón y dijeron: “Yo puedo ser como él, salir de Filadelfia y hacer mis sueños realidad”.

El calendario marcaba finales del 2007 y para entonces nacía el colectivo “Rimas femeninas sobre la tarima”, en el que mujeres de la Ciudad de México buscaban a través de la voz rapera empoderar el canto en un ámbito donde solo dominaba el micrófono masculino.

Pero la inclusión de más disciplinas eran necesarias, cobijar bajo una misma idea todas las vertientes del Hip Hop: las rimas en voz, el grafitti, la danza y la música con su clásico beat, así que de ese primer ensamble mutó a una nueva labor, otra manifestación que daría lo mejor de sí a la sociedad.

Así fue como el colectivo Mujeres Trabajando reunió esfuerzos en estas disciplinas, juntando talentos que también tuvieron inspiración en Missy Elliot, La Mala Rodríguez, Public Enemy, Control Machete, entre otros.

La libertad siempre ha sido un estandarte para ellas y su fundadora Jezzy P está convencida de que hay que ser plurales en el mensaje, no intentar hacer, sino realizar las cosas por la pasión de entregarse a ellas.

Así como Jessica Roldán “Jezzy P”, Dayra Fyah, Audry Funk, Larisa Citlali García Valadez “Laryza”, Nancy Ayala “Guari” y Gabriela Loeza, todas son mujeres que llevan una vida diaria de oficios, en los que involucran el Hip Hop de alguna manera en su cotidianeidad.

“Yo empecé en esto por el grafitti, por ahí de los 12 años, que es cuando entras a la secundaria y todo el mundo cambia (…) y en el rap… fui mamá a los 16 años entonces tuve que frenar como la par te del grafitti por el riesgo que implicaba, entonces ahí cambió, el rap era como la música que escuchaba en mi entorno”, argumenta Fyrah, quien ahora tiene 29 y trabaja desde casa con redes sociales.

Gaby Loeza en su día a día es pedagoga, pero eso no es impedimento para rapear, al contrario, lo hace parte de su trabajo.

“Trabajo con niños con Síndrome Down y lo incluyo a lo que yo hago, brindo terapia y pongo rap y todas estas cuestiones porque como es de instrumentos, manejo una caja de sonidos entonces les llama mucho la atención”, explica Loeza quien crea beats en lugar de cantar o tomar el aerosol.

Guari gestiona eventos culturales, Laryza se dedica de lleno a ser maestra de danzas urbanas y Jezzy P, de 35 años, es diseña dora gráfica.

Para Audry Funk que nació y creció en Puebla y conoció el rap en la escena under, lleva desde los 15 años dedicándose al micrófono con ritmos que inclusive pasan por el reggae, además de haber estudiado la carrera de filosofía, pero con la intención de llevarla por otro camino que no es el académico.

“No soy una maestra de filosofía, no doy conferencias en la academia, pero la filosofía la transformé de la academia al barrio, al final eso está chido porque el barrio es lo que necesita, no hablarle en palabras tan rimbombantes”, dice sonriente la mujer de ahora 29 años.

Laryza además de sus talleres de danza y conocimiento corporal, hace junto a las demás mujeres del colectivo modificación de prendas que normalmente son para hombre.

“Es como la metáfora de hacer de algo que ya está como te lo venden, a hacerlo como eres tú, es como esta parte del jugar con una prenda que estaba diseñada para empezar para un hombre, la hacemos para nosotras como a nosotras nos hubiera gustado que hubiese sido”, agrega Fyah ya que regularmente las playeras para raperos llegan a ser de tallas inclusive XXXL.

Guari, quien se ha desarrollado como artista del grafitti, desde su gestión cultural en galerías de arte impulsa que otras mujeres exhiban sus gráficos, mercado que regularmente es dominado por el sexo masculino.

“Siempre ha sido un poco elitista, si es que es hombre y de ‘¿Por qué vas a meter esa chava?’, he tratado de meter a muchas mujeres en ese aspecto para que conozcan su trabajo y sí he encontrado demasiadas chicas que hacen pirograbados, stencils y sí ha funcionado mucho esa onda porque cuando yo empecé el 90 por ciento eran hombres”, recuerda la grafitera.

Sin embargo algo queda claro entre el colectivo, ninguna se declara como feminista.

“Me fascina apoyar a otras mujeres, me gusta ver a otras mujeres creciendo en distintas áreas, me gusta mucho en el Hip Hop que haya este tipo de colectivos y reuniones, pero no me considero feminista, voy más por la igualdad”, expresa Laryza.

“Incluso mucho de lo que ex presan las feministas es como de ‘no esto es de nosotras y los hombres no pueden pasar’ y aquí no, aquí se da a conocer a los hombres, a las mujeres, a los niños, a las niñas, entonces es como parte de un todo, no podemos excluir a un sector tan importante como los hombres”, indica.

Lo que realmente logró un impacto social en este 2016 en Mujeres Trabajando, fue que sus versos, bailes y canciones, rompieron los muros que limitan la libertad, logrando entrar a reclusorios tanto femeniles como varoniles para llevar el Hip Hop.

Santa Martha Acatitla, Reclusorio Oriente, Norte, Sur y el Centro Femenil de Readaptación Social “Tepepan”, han sido testigos del arte de las raperas, que inclusive cuando presentan sus canciones y bailes, los reclusos también se unen a su flow y empiezan a dejarse llevar por el ritmo y el beat.

Saben que por el hecho de que los hombres o mujeres estén dentro del penal, no es que sean del todo malas personas, es por eso que a través del Hip Hop se comunica el colectivo con los presos, para alentarlos a seguir por un camino positivo.

Frente a la lente las veinteañeras que están próximas al llamado “tercer piso”, posan con energía, demostrando su valentía y fuerza femenil, pero fuera de cuadro, sin que las cámaras estén encendidas, ríen y se vuelen desinhibidas, como volver a ser niñas, compartiendo su lazo de amistad.

Recientemente el colectivo dio un hasta pronto a Audry Funk, quien al casarse con un mexico-estadounidense decidió partir a los “Estates” en estas fechas con el temor de que la situación migratoria empeore con Donald Trump al mando.

En la reunión celebrada en una modesta tienda de playeras al oriente de la ciudad, debajo de un paso a desnivel, ahí entre Chabacano y Eje 3, las chicas hicieron un toquín en el que los transeúntes se asomaban curiosos y uno que otro fanático se presenció para dar el adiós a la rapera poblana que ahora va hasta Nueva York para hacerse del sueño americano.

Las lágrimas no se contuvieron, los abrazos marcaban el momento y las mujeres derramaron el rímel sin importar la ocasión, la poblana seguirá dentro del colectivo más allá de las fronteras haciendo colaboraciones a futuro.

Pero la duda queda en el aire, ¿realmente se vive de ser princesa del rap?

“Yo siento que sí ya te puedes encontrar a más de tres raperas en una misma cartelera de repente, pero en nuestro tiempo no, entonces decidimos unir fuerzas porque pues sí te sientes sola. Es muy fuerte porque cuando tú entras al mundo del rap como mujer siento que más allá de representar tu esencia como mujer, como ‘esta soy yo, me gusta ser así’, siento que te masculinizas.

“Como para poder entrar en su círculo, entonces para muchas de nosotras, Mujeres Trabajando, sí fue como un escape bien chido para no masculinizar nuestra música, nuestro ser y poder expresarnos como queríamos”, comenta Audry Funk.

Al menos para ellas no es un juego, es un estilo de vida, por eso visten como tal, se portan como tal, rapean como tal, viven para el hip hop sin importar la sociedad.

Como mensaje angular, Jezzy P resalta que todas hacen su arte con pasión, por eso es importante que se dignifique su labor, que no se crea que solo son mujeres que se juntan por ocio y que son fanáticas del rap, ellas en cierta manera ya viven del género musical.

“Cuando yo vi a Guari pintando, cuando vi a Lary bailando, cuando vi a Gaby haciendo beat, es que lo estaban haciendo bien de corazón, pero como dice Lary –tiene toda la razón– porque lo estaban haciendo profesional”, se sincera la líder de 35 años.

Mujeres Trabajando no es una asociación de lucro, no tienen rito de iniciación, no están reclutando a las masas de fanáticos del Hip Hop, solo buscan ser honestas y sinceras con sus gustos, seguir encausando a través del arte y desarrollarse como mejores personas en sociedad.

A tan sólo un año de su formación realizaron un disco musical con material original de las integrantes, entre los proyectos que quieren realizar en 2017 es tener un volumen dos para compartir y tender lazos con más colectivos femeninos, como Mujeres en Patineta, que como lo dice su nombre, son chicas con gusto skate y además reunirse con Now Girls Rule quienes serían su contraparte en la escena del rock.

 Y el Día Internacional de la Mujer no se queda fuera de la mira del rap, para el 8 de marzo próximo estarán presentes en el Faro de Indios Verdes y seguir impulsando sus rimas, grafittis, bailes y beats, apoyando al sexo femenino.

El amor al trabajo, el amor a la familia, el amor a su vida, el amor al Hip Hop, es lo que canta este colectivo, lo que pintan en las paredes, lo que bailan en cada paso, lo que enseñan en cada beat, y nada detiene a las 10 integrantes que lo único que quieren es seguir rapeando hasta el fin.

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