La pandemia de COVID-19 detonó el uso de las tecnologías a nivel mundial y puso sobre la mesa una verdad ignorada desde hace décadas: las experiencias en línea de las personas y las mujeres, incluyendo su nivel de exposición a amenazas y a ciberdelitos que les afectan, no son uniformes, sino que varían dependiendo de los contextos personales y de factores sociales tales como el género, la ubicación geográfica, la edad, el nivel educativo y el origen étnico.


“Si bien persiste aún cierto idealismo basado en la neutralidad de la web, lo cierto es que conforme avanza la digitalización es cada vez más claro que el ciberespacio no es el mismo para todas las personas ni está separado de los problemas sociales fuera de línea”

Informe

‘La ciberseguridad de las mujeres durante la pandemia de COVID-19’

“La era tecnológica ha puesto de relieve que las personas no son seres unidimensionales, sino que existe una continuidad entre sus realidades online-offline”, revela el informe “La ciberseguridad de las mujeres durante la pandemia de COVID-19: experiencias, riesgos y estrategias de autocuidado en la nueva normalidad digital”.

El documento publicado por la Organización de los Estados Americanos (OEA) explica que se ha comprobado que existen marcadas diferencias entre el tipo de ciberdelitos, abuso y violencia que se cometen en línea contra las mujeres, en comparación con aquellos que afectan a los hombres.

“Los impactos de las pandemias nunca son neutrales al género de las personas y, por tanto, los planes estratégicos mundiales y nacionales de preparación y respuesta frente al COVID-19 deben basarse en un sólido análisis de género, afirmación que se extiende, por supuesto, a los impactos que la pandemia está teniendo en el ciberespacio”, dice la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Brecha de género

De acuerdo con los últimos reportes de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), 51 por ciento de la población a nivel mundial —aproximadamente 4 mil millones de personas— se encontraban en línea en 2019.

De ellas, solo 48 por ciento de las mujeres tenían acceso a internet en comparación con 55 por ciento de los hombres, lo cual significa que la brecha mundial de género es de 7 por ciento.

Además, la UIT informó que en países de renta baja y media, las mujeres tienen 10 por ciento menos probabilidades que los hombres de tener un teléfono móvil, lo cual implica un impacto importante al ser el medio más utilizado de acceso a internet actualmente.

“Se ha documentado que las mujeres y niñas no sólo sufren de una mayor desconexión del mundo digital sino que, cuando éstas acceden a internet, no cuentan con una conectividad significativa y alcanzan un mayor porcentaje de analfabetismo digital, lo cual implica que poseen menos habilidades para entender, controlar y generar vínculos de confianza con la tecnología”, indica el estudio “La ciberseguridad de las mujeres durante la pandemia de COVID-19: experiencias, riesgos y estrategias de autocuidado en la nueva normalidad digital”.


Los delitos que agobian a las mujeres van desde la distribución no consensuada de imágenes íntimas y la llamada ‘sextorsión’, ciberhostigamiento, violencia sexual en línea, así como actos de acoso sexual contra menores de edad y otros

Alfabetización digital

El estudio de la OEA donde se pone en evidencia la falta de igualdad en materia digital entre hombres y mujeres, destaca que uno de los principales motivos por el cual se da esta problemática es por la dispareja distribución del trabajo del hogar y por la carencia de un tiempo de conectividad significativo, lo que lleva a las mujeres al analfabetismo digital.

“Existen limitaciones de tiempo y contenido que las mujeres enfrentan al acceder a internet. En general, es exiguo (insuficiente) su uso con fines de empoderamiento económico o para el ejercicio de sus derechos. Las mujeres también permanecen ajenas al comercio en línea y al dinero móvil, estimándose que representan 56 por ciento de las personas excluidas financieramente de la economía digital.

“Además, dado que tienen a su cargo la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, frecuentemente disponen de menos tiempo para explorar el ciberespacio y entrenarse para desarrollar nuevas habilidades digitales”, indica el documento.

Educación estancada, el reto

El cierre de las escuelas es una medida que a pesar de afectar a todos los estudiantes, daña de manera particular a las mujeres, quienes ante las crisis suelen ser las primeras en abandonar sus estudios.

“Es muy probable que las alteraciones educativas durante la pandemia del COVID-19 significarán un obstáculo para el acceso y uso significativo del internet por parte de niñas y jóvenes al estar comprobado que la educación es  uno de los reductores más importantes de la brecha de género en el acceso a las tecnologías de la información”, se lee en el texto “La ciberseguridad de las mujeres durante la pandemia de COVID-19”.

El estudio determina de igual manera que las mujeres quienes apenas alcanzan una educación básica tienen seis veces menos probabilidades de utilizar el internet de manera eficiente y productiva que aquéllas que han completado la educación media, además de que sus riesgos de sufrir agresiones aumentan.


La violencia en línea es una de las manifestaciones más claras de la desigualdad entre hombres y mujeres, y se marca más en el ciberespacio con la llegada de la pandemia, de acuerdo con la OEA

Violencia contra las mujeres dentro y fuera de la web

La violencia en línea, que es una de las manifestaciones más claras de la desigualdad de género en el ciberespacio, creció con la pandemia, dice el documento de la OEA.

En el último año y medio ha habido un incremento en esta materia de hasta el 38 por ciento, siendo acciones comunes la distribución no consensuada de imágenes íntimas y de actos de “sextorsión”, ciberhostigamiento y ciberacoso, violencia sexual en línea, así como actos de grooming (acoso sexual contra menores de edad) y explotación sexual facilitada por las tecnologías de la información en contra de mujeres y niñas.

Esta realidad, “incrementa la brecha digital que mujeres y niñas enfrentan ya que lleva a que se autocensuren o decidan mantener un perfil bajo en internet por temor a que su privacidad o seguridad se vean vulneradas.

“Además, afecta su capacidad para moverse libremente y sin miedo en los espacios on line, negándoles la oportunidad de interactuar con las tecnologías para la construcción autónoma de sus identidades digitales”.

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