Se llama Raúl Garza, pero todos lo conocen como “El elotero cantor”. El hombre de 65 años recorre la zona metropolitana de Monterrey llevando serenata de su ídolo Pedro Infante a los autovmovilistas regios.

A Raúl no le da pena pedir una cooperación a quienes se detienen a escucharlo. Es una trabajo digno, asegura, casi tan bueno como cuando vendía elotes en la Macroplaza, pero eso sí, menos discreto.


Antes de cantar en las avenidas, Raúl Garza vendía elotes en la Macroplaza y fue víctima de la delincuencia organizada

Y es que “El elotero cantor” se dice la mera reencarnación del inmortal ídolo. Porque igual que Pedrito es humilde y tiene voz de terciopelo.

“Pedro Infante era muy humilde, nunca le importó la fama, le cantaba al pueblo”, explica el hombre para darle fuerza a su comparación.

Igual que el cantante de “Amorcito corazón”, Raúl ha pasado por desgracias y conoce el sufrimiento de los que menos tienen.

“La soledad es muy canija”, refiere con certezas.

Entonces recuerda cuando, estando en la clínica 33 del IMSS, se encontró con una señora enferma de cáncer.

“Todas las noches le cantaba”, detalla.

Después con el tiempo la volvió a ver y las palabras de esa mujer lo llenaron de alegría.

“Me dijo que cómo le aliviaban mis canciones por las noches, que la alegría es la que sana. El abandono es lo que te enferma. Si te pones alegre sanas, y si piensas en la tristeza, enfermas”, asegura, por eso, su misión es transmitir alegría en esta Navidad.


Igual que Pedro Infante, Raúl ha pasado por desgracias y conoce el sufrimiento de los que menos tienen

“Pasaste a mi lado, con gran indiferencia. Tus ojos ni siquiera, voltearon hacia mí. Te vi sin que me vieras, te hablé sin que me oyeras. Y toda mi amargura, se ahogó dentro de mí…”, don Raúl se inspira. Está parado en el cruce de la avenida Churubusco y Prolongación Madero, en Monterrey. Los carros pasan de un lado a otro. Algunos lo señalan con sorpresa, otros ni siquiera lo ven.

Eso es lo más difícil, reconoce, la indiferencia de algunos.

Tiene un altavoz en la mano y usa un enorme sombrero charro. Reconoce que después de dejar de vender elotes, las cosas no fueron fáciles. Luchó contra todo, y aún hay días muy complicados, pero no se vence. Él sabe que debe continuar cantando.

“… Y si viviera 100 años, lo haría con la misma alegría desde que tenía 11”, se compromete.

Pero Raúl no ha estado libre de los peligros de la delincuencia organizada. Recuerda que durante la época más difícil, muchos comerciantes informales tuvieron que pagar su cuota, pero él no quiso y enfrentó a miembros que trabajan para Los Zetas.

“A mí varias veces me llegaron a mi casa los mentados Zetas, porque querían que les diera cuota. Les dije, muy apenas me mantengo yo, y quieres que te mantenga a ti.

“Ahí en 15 de mayo, un muchacho me puso una pistola en la cabeza cuando vendía elotes. Y le dije, si me suenas y me dejas vivo, voy y te busco… póngase a trabajar, póngase a jalar en lugar de andar con eso”, recuerda.

Aún así, el “El elotero cantor” reconoce que recibe muchas satisfacciones con su trabajo y eso lo vale todo, incluso ha participado en videos musicales como el de Cornman, de Kinky.

“Hay gente que me ha dicho: ‘oiga andaba de mal humor y usted me lo quitó’. Para eso estamos, para cantarle a ellos y que se sientan bien. Tenemos que dejar las broncas en la casa, porque en el trabajo tienes que actuar.


“Desde que tenía 11 años canto, resulta que tuve un accidente y cambió mi voz, entonces mucha gente me dice que fui reencarnado en Pedro Infante, bendito Dios, y si está conmigo qué bueno para cantarle al pueblo”

Raúl Garza