En México, mientras 18.6 millones de personas no tienen para comer, hay gente que desperdicia los alimentos por su aspecto.

Este 29 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Conciencia de Pérdidas y Desperdicios de Alimentos y en el país, al cierre del año 2020, se estiman pérdidas de 23.7 millones de toneladas de producto desperdiciado al año.

De acuerdo con María Teresa García, directora general de la Red de Bancos de Alimentos de México (BAMX), esta cantidad equivale a 42 mil kilos de comida por minuto que se echa a perder a nivel nacional y a lo largo de la cadena de valor, es decir, desde la producción hasta el consumo final en los hogares.

México tiene un grave problema de pobreza alimentaria. Según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), 18.6 millones de familias tienen dificultad para satisfacer sus necesidades alimentarias.

Además existe un mal manejo de los mismos, según el Banco Mundial, en el país se pierde el 34 por ciento de la producción de alimento desde el campo hasta el consumo.

María Teresa García, directora general de la Red de Bancos de Alimentos de México (BAMX), cuenta que buena parte del alimento que se desperdicia es por su aspecto, ya que no alcanza a entrar a los supermercados para su venta aunque sus propiedades están intactas.


“Esta es la realidad de miles de productores en el país, características estéticas que dejan fuera del mercado nacional o internacional a su producto”

María Teresa García

Directora general de la Red de Bancos de Alimentos de México

Al respecto, en 2017 el Banco Mundial hizo en conjunto con el Colegio de México un estudio denominado “Marco conceptual para la estrategia nacional de pérdidas y desperdicios de alimentos en México”, en el que se identificaron algunos aspectos del desperdicio en las cadenas de transportación.

“Se veían casos como el del producto que se cosechaba en el Bajío, el cual tiene que viajar al centro del país, llegar ahí a la Central para después ser canalizado nuevamente a otro estado.

“Es decir, desde el mismo diseño de los sistemas alimentarios en el país en la parte de producción de alimentos hay oportunidades de mejora. No se diga en condiciones y equipamiento para el mantenimiento y el manejo de los productos o en la distribución y el transporte”, explica Teresa García.

Sin noticias de la pérdida de alimentos

En el año 2018, la entonces Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sagarpa),-hoy Sader– alistaba una estrategia para que se redujeran las pérdidas de alimentos en el campo y mejorar su manejo posterior a la cosecha, pero una vez llegado el gobierno de la autodenominada Cuarta Transformación, no ha presentado avances de dicho programa ni en qué situación quedó una vez que cambió el nombre de la dependencia.

El desperdicio de los alimentos provoca graves afectaciones al medio ambiente y la estabilidad económica y social, como la pérdida de la pérdida de millones de metros cúbicos de agua al año.

Además, se generan 193 millones de toneladas de gases de efecto invernadero con el alimento desperdiciado, los mismos contaminantes que emiten 41 millones de vehículos al año, de igual manera, se pierde energía en la producción de alimentos desperdiciados como para proveer de electricidad a 274 millones de hogares.

La Red de Bancos de Alimentos de México, conformada por 55 bancos, hace posible el rescate de lo que no se consume de restaurantes, hoteles, supermercados, campos, mercados y aduanas en 27 estados del país y recolectó en el año 2020 una cantidad de 174.6 millones de kilogramos de alimento.

Además dice que 78 por ciento de este producto apto para el consumo humano fue recopilado por los bancos que opera y el 22 por ciento restante de este alimento fue canalizado y distribuido desde sus Oficinas del Servicio Nacional (OSN) y del Centro Nacional de Acopio en beneficio de más de 2 millones de personas de comunidades rurales y urbanas.

La red BAMX considera que hay una oportunidad de mejora, pues la cadena de alimentos tiene diversas fallas desde su origen, ya que existe una inadecuada planeación de la demanda de alimento; en el transporte y manufactura.

Al respecto, Guillermo Arteaga MacKinney, profesor de la Universidad de Sonora, considera que justo en los hogares se puede aportar una solución a este problema, comenzando por una buena planificación del consumo semanal de los alimentos, así como la aceptación de frutas y verduras no perfectas.

Es importante recordar que la producción de todos los alimentos conlleva un gasto que ya se realizó, incluso para su traslado, y muchas personas no aceptan la compra de una manzana o un pepino porque no tienen una forma bonita o tienen algunas manchas.

“Esta fruta, por así decirlo, fea, también tiene nutrientes, beneficios y es más bien la parte visual. Un pepino no tan derechito, pues lo vas a picar, lo vas a rebanar y quizás al final no sea tan relevante, pero la comercialización de alimentos en las grandes cadenas prefiere estos aspectos visuales”, apunta Arteaga.

Los establecimientos grandes de venta de fruta ponen estos estándares a los productores, quienes tienen que descartar parte de su producción porque no sirve para la venta en estos lugares.

“El problema del desperdicio de alimentos es muy fuerte en el mundo y en nuestro país y es una tragedia porque habiendo un 10 por ciento de personas que no tienen para comer desechamos una cantidad enorme de productos”, explica el especialista en alimentos.

Según el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad (EQUIDE), se estima que la pandemia nos dejará 50 millones de personas que estarán subalimentados, es decir, viviendo en la inseguridad alimentaria.

Los Bancos de Alimentos plantean como solución a parte del problema la cooperación de la industria alimentaria y la participación de las instituciones públicas y privadas a favor de la reducción de pérdidas y acceso de alimentos a poblaciones vulnerables.

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