Es necesario cambiar nuestros hábitos de consumidores y aceptar la comida aunque no esté en perfectas condiciones estéticas, afirma Guillermo Arteaga Mac Kinney, profesor de la Universidad de Sonora.

“Hay que quitarnos esa idea de que todo tiene que ser perfecto, brillosito y de una forma estandarizada, los productos del campo vienen en formas variadas y muchas veces quizás no tengan esta apariencia bonita pero tienden a tener mejores sabores y, en algunos casos, cuando son orgánicos, hasta una mayor cantidad de nutrientes”, explica el nutriólogo.

Indica que si bien hay pérdidas en el campo y en la distribución, los consumidores tienen que hacer compras más conscientes, por ejemplo, inclinarse hacia los productos locales.

“Todo va en relación con este hábito de compra consciente: preguntarse qué es lo que sí me voy a comer y las cantidades aprovecharlas al máximo, porque no es solamente la parte económica, también son los recursos que se han invertido en traer esa lechuga desde el campo, la tierra, el agua y los fertilizantes”, afirma el profesor.

Además, los desperdicios de la comida que dejamos de consumir se van a la basura y generan una serie de problemas, incluyendo gases de efecto invernadero.

“A veces pensamos pues lo tiro y compro otro. Yo creo que no es el tema. Hay que cambiar de mentalidad, aprovechar los recursos para el bien de todos, incluyendo al planeta”, explica.

Es importante evitar el desperdicio dentro del hogar para la generación de menos cantidad de basura, para ello se puede hacer una composta y desintegrar los alimentos que no se consuman.

“Es muy importante la administración dentro del hogar, planear nuestras comidas, evitar la compra de empaques gigantes que si no administramos bien acabamos desperdiciando”, asegura el especialista del Laboratorio de Datos Contra la Obesidad.

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