Uno de los principales objetivos del Gobierno mexicano es erradicar el embarazo adolescente en niñas de 10 a 14 años y reducir en un 50 por ciento la tasa específica de fecundidad de adolescentes para el año 2030.

Por eso, en el 2015 se lanzó la Estrategia Nacional para la Prevención del Embarazo en Adolescentes (Enapea), la cual había logrado obtener una ligera baja en el número de nacimientos, pero ahora con la pandemia de COVID-19, hubo un repunte y esas metas parecen aún lejanas.

Según datos del Consejo Nacional de Población (Conapo), tan solo en el 2020, año en el que comenzó la contingencia sanitaria, se registraron 373 mil 661 nacimientos de madres menores de 18 años, de las cuales 8 mil 873 tenían entre 12 y 14 años.

Aunque muchas veces hay una estigmatización hacia las y los jóvenes que tienen hijos e hijas y se les señala de ser irresponsables con su sexualidad, existen otros factores como la violencia sexual y la falta de acceso a la información sobre la salud reproductiva.

“Tiene que ver con estas historias o estos casos de violencia en los hogares por el confinamiento, pero también que las personas, en este caso los adolescentes, no pueden acudir a los centros de salud para recibir consejería, métodos anticonceptivos o por miedo a contagios no vayan a los centros de salud, por darte algunos ejemplos”, dice Verónica Esparza, investigadora del Grupo de Información en Reproducción Elegida (Gire).

La Enapea es producto del trabajo de 16 dependencias federales y de la participación de organizaciones de la sociedad civil, de organismos internacionales y de personas expertas en el ámbito académico, entre ellas el Consejo Nacional de Población (Conapo).

Esparza dice que con la pandemia, la estrategia tendría que replantearse y es necesario que el Estado reconozca que para atender el embarazo adolescente se requieren medidas integrales para atender todos estos factores del fenómeno, en especial los casos de embarazo que son producto de violaciones sexuales.

Con enfoque de género

La investigadora señala que los embarazos que las adolescentes deseen continuar tienen que tener una atención cuidadosa porque tienen que tener un control prenatal específico para poder evitar violencia obstétrica durante el embarazo, el parto y el posparto.


“Es que lo que las campañas visibilizan es esto: estás embarazada, ya se te fue tu vida. No solamente es esto, tiene muchas más implicaciones y tiene que ver, te digo, no es solamente jóvenes teniendo relaciones sexuales de manera irresponsable, hay un montón de factores que el Estado no tiene que dejar de ver para atender el fenómeno”

Verónica Esparza

Investigadora del Grupo de Información en Reproducción Elegida (Gire)

Por lo que asegura que más que las campañas, las políticas públicas tendrían que hacerse con perspectiva de género, pero también con perspectiva de interseccionalidad.

“Advertir cuáles son las necesidades de las jóvenes y las adolescentes hablantes de lenguas indígenas”, menciona.

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