El otro ‘grito’

Un intenso martilleo se escuchó. El golpe de cientos de escudos al unísono confirmaron la guerra…

–“¡No se abran cabrones! …aquí los vamos a esperar” gritaba el espigado joven de rostro cubierto. Sí, aquel que amagaba una y otra vez con arrojar una piedra a los uniformados.

Hombres y mujeres, jóvenes y adultos atendieron el llamado. Se tomaron del brazo formando una cadena humana. El nerviosismo los hizo apretarse con fuerza y lanzar un sin fin de injurias. 

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Un intenso martilleo se escuchó. El golpe de cientos de escudos al unísono confirmaron la guerra…

–“¡No se abran cabrones! …aquí los vamos a esperar” gritaba el espigado joven de rostro cubierto. Sí, aquel que amagaba una y otra vez con arrojar una piedra a los uniformados.

Hombres y mujeres, jóvenes y adultos atendieron el llamado. Se tomaron del brazo formando una cadena humana. El nerviosismo los hizo apretarse con fuerza y lanzar un sin fin de injurias. 

El avance de la Policía Federal continuaba. “Es inminente (el desalojo)” decían los principales noticieros del país, mientras que un uniformado con megáfono en mano, advertía a los maestros que se debían retirar.

Los docentes de la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE) y sus aliados rompieron formación, uno pidió que se armaran con palos y piedras; ellos obedecieron…

–“¡Sobre ellos!” exclamó con ahínco y hasta desgarrarse un diminuto y regordete profesor, uno que fruncía el ceño minutos antes de lanzar la primera roca. Ese  proyectil que dio origen al disturbio.

¡Boom! …cayó un petardo; los policías se replegaron, pero sólo para tomar impulso.

–“¡Avancen!”, dio la orden el comandante; el martilleo de las botas se intensificó. Los escudos y toletes chocaban entre si, como si se tratara de un cocinero afilando sus cuchillos. 

El sonido del viento cortado por las hélices de media docena de helicópteros generó más confusión. “Mira que bajo vuelan” decían los manifestantes menos agresivos en tono de preocupación.

Toda clase de objetos volaba de lado a lado. De la plancha del Zócalo hacia los accesos principales. Del centro del campamento a los vehículos de la Policía que estaba a punto de ingresar.

Así fue. Entraron y comenzaron a dispersarlos. Por primera vez se utilizaron tanquetas. Los chorros de agua y gas pimienta se convirtieron en el arma principal de los uniformados.

Los maestros, anarquistas y demás simpatizantes comenzaron a reagruparse en 20 de noviembre, Pino Suárez, Madero, 16 de septiembre y por último en Izazaga y Eje Central.

Los mandos policiacos dieron ordenes de perseguirlos. Las tanquetas se trasladaron siete cuadras. La orden: hacerlos correr. Pero el contingente sólo se fortaleció.

Las grescas volvieron a surgir. Hubo momentos donde los manifestantes desalojados se empoderaban y aquel policía que caía en sus manos se convertía en el festín de los disidentes.

El mismo caso aplicaba para los jóvenes capturados por las células de la fuerza pública. 

El anuncio

Cinco horas antes se dio el primer aviso. Los uniformados rodearon los acceso del Zócalo de la ciudad. Unos 20 camiones y las dos tanquetas ya estaban preparadas. 

Por eso los maestros colocaron barricadas. Incluso, tomaron un bulldozer como vehículo de defensa. Botes de gasolina y palos eran repartidos entre el campamento que duró 127 días.

Una hora más tarde comenzaron los helicópteros a sobrevolar. El secretario de Gobierno del Distrito Federal, Héctor Serrano anunció que se iba a desalojar a la CNTE del zócalo capitalino.

Manuel Mondragón, el responsable de la policía federal enfatizó que tenían hasta las 4 de la tarde para irse. Algunos lo hicieron, por eso la fuerza del magisterio se disminuyó.

En twitter y la televisión comenzó la cuenta regresiva. “Les quedan dos horas”, luego: “falta una hora y no se van”, “quedan 10 minutos”, 5, 4, 3, 2, 1, 0… y entonces se dio la orden de avanzar.

El dispositivo estaba completo: policía federal, granaderos, funcionarios de gobierno federal y local, ambulancias, observadores de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y hasta los empleados de limpia.

El anuncio del desalojo tuvo tanta difusión que para las dos de la tarde las oficinas del gobierno central y los establecimientos mercantiles de la zona ya habían cerrado.

Héctor Serrano hizo un último intento por negociar y les ofreció una sede alterna para realizar su plantón: la respuesta fue negativa.

Por eso cuando la trifulca comenzó, catres, cobijas, colchonetas y mochilas quedaron regadas por todos lados.

El zafarrancho duró casi dos horas. Los policías terminaron con la ropa manchada de pintura, con golpes y cansados de correr por el prime cuadro de la ciudad.

El balance    

Por la noche, el secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong ofreció una conferencia de prensa para dar los detalles del operativo que calificó como profesional y con apego a los derechos humanos.

Dijo que se agotaron las opciones de diálogo con los maestros. “En una operación donde la Policía Federal intervino para liberar el Zócalo capitalino”.

De acuerdo con su explicación la fuerza pública no actuó contra los maestros, sino contra grupos ajenos, “que llevaban armas y objetos para violentar la situación y que sabían que los policías federales no estaban armados”.

Ya con un escenario favorable, reiteró que la reforma educativa no tiene marcha atrás y que el diálogo sigue abierto, pero para fortalecer la infraestructura y preparación de los maestros.

Luego el Comisionado Nacional de Seguridad, Manuel Mondragón, detalló que en el operativo hubo 31 detenidos que fueron puestos a disposición del Ministerio Público, de los cuales ninguno es profesor.

En tanto que el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera aseguró que su administración mostró voluntad para que el conflicto del magisterio encontrara la solución por la vía del diálogo.

“Se logró que tanto los líderes como los grupos de profesores optaran por una salida dirigiéndose hacia 20 de noviembre y tomando sus cosas para trasladarse, según se acordó, al Monumento a la Revolución”.

Dentro de las acciones que realizó el GDF está la limpieza del Zócalo, donde según sus cifras se recolectaron 81 toneladas de basura. Se sanitizó el lugar y se colocaron las luces para el grito de independencia.

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